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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A UN GRUPO DE PERTENECIENTES AL MOVIMIENTO
"SERRA INTERNACIONAL"


Aula de las Bendiciones
Sábado 29 de marzo de 1980

 

Venerados y queridos hermanos:

Os expreso, ante todo, mi sincera alegría por poderme encontrar hoy con un grupo tan numeroso y calificado de obispos, sacerdotes y laicos, pertenecientes al Movimiento "Serra Internacional", tan benemérito por el espíritu eclesial, que anima sus finalidades y sus múltiples iniciativas de bien.

1. Vosotros os unís idealmente a los ejemplos y a las enseñanzas de ese gran hijo de San Francisco, el p. Junípero Serra, que entre el 1769 y el 1784 desarrolló un infatigable y fecundo apostolado misionero en esa gran zona del Oeste de los Estados Unidos, que hoy corresponde a California. De él habéis querido conservar dos características notables, que califican a vuestro Movimiento: el amor a las vocaciones sacerdotales, y el compromiso constante por un testimonio de fe cristiana en el ambiente en que se desenvuelve vuestra actividad.

En nombre de la Iglesia debo manifestaros mi satisfacción, mi estima, mi estímulo por las numerosas iniciativas en favor de las vocaciones. Es verdaderamente admirable que laicos, profundamente convencidos de que la Iglesia y la sociedad tienen necesidad de sacerdotes, porque tienen necesidad absoluta de Dios, se propongan como finalidad principal de su compromiso de cristianos la oración asidua y la acción incansable por la difusión, el desarrollo, la perseverancia, el incremento, la ayuda de las vocaciones, recordando en esto las palabras de Jesús: "La mies es mucha, pero los obreros pocos. Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies" (Mt 9, 37 s.; cf. Lc 10, 2). En este período de crisis y de transición, estas palabras divinas adquieren una actualidad impresionante: la mies es mucha; efectivamente, han aumentado las necesidades espirituales de la Iglesia y de la humanidad. ¿Habrá todavía jóvenes, que quieran consagrarse totalmente. a Dios para ser transmisores y testigos del Mensaje de Jesús? Yo tengo una gran confianza en las capacidades extraordinarias de generosidad y donación, ocultas en el corazón de los jóvenes. Acaso esperan un destello, una ayuda, una ocasión para ser animados e impulsados a seguir a Cristo.

No puedo menos de alabar, pues, el trabajo constante, paciente, capilar, que vuestro Movimiento realiza ya en todo el mundo para ilustrar y difundir la belleza, el valor y la dignidad de la vocación sacerdotal en el ámbito del Pueblo de Dios, y para ayudar, además, a tantos jóvenes a llegar serenamente al sacerdocio.

2. Esta específica y alta finalidad del Movimiento Serra, compuesto en gran parte por laicos, comporta consiguientemente en todos sus miembros, una ulterior profundización espiritual acerca del significado y las exigencias del propio "ser cristianos". Vuestro compromiso de orar, promover y ayudar a las vocaciones sacerdotales os estimula continuamente a reflexionar sobre las exigencias de la Palabra de Dios, que se dirige a todos los que intentan seguir a Jesús en su camino hacia el Padre. Por este motivo, vosotros tratáis también de corresponder a vuestra "vocación cristiana", y yo, sirviéndome de las palabras de San Pablo, os exhorto "a andar de una manera digna de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad, mansedumbre y longanimidad..., solícitos de conservar la unidad del espíritu mediante el vínculo de la paz" (Ef 4, 1-3).

Demostrad a todos, con limpidez y claramente, vuestra sincera adhesión a Cristo, a la Iglesia; demostrad, en la familia, en el trabajo, en las asociaciones, que el Mensaje de Jesús forma auténticos hombres, capaces de afrontar, con serenidad, la dureza de la vida cotidiana; disponibles para contribuir con todas las fuerzas a la construcción de una sociedad civil más digna del hombre; demostrad en todo vuestro comportamiento que, con la gracia de Dios, es posible vivir en el mundo contemporáneo el "sermón de la montaña" y las "bienaventuranzas", con todo el radicalismo que comportan.

Con estos deseos invoco sobre vuestra meritoria actividad, sobre todos vosotros, sobre vuestros seres queridos la abundancia de los favores divinos e imparto de corazón mi bendición apostólica.

 


Antes de terminar el encuentro el Santo Padre saludó a un grupo de jóvenes presentes en el Aula de las Bendiciones

Dirijo también un afectuoso saludo a vosotros, carísimos muchachos de la escuela media de Pont Canavese, por la cordial visita que habéis querido hacerme en la víspera del Domingo de Ramos, que recuerda la triunfal entrada de Jesús en Jerusalén antes de su pasión y muerte, y de su resurrección. En esa circunstancia fueron precisamente los muchachos los protagonistas del excepcional testimonio de amor dado por la ciudad santa al Hijo de Dios. Por eso os digo: sed siempre, en vuestra conducta de vida, los testigos de la inocencia, de la bondad y de la caridad divina, acordándoos, a tal respecto, de vuestra dignidad bautismal que os obliga no sólo al hosanna al Redentor, sino al compromiso de obrar siempre en conformidad con sus enseñanzas. En vuestros generosos propósitos, os acompaña mi, bendición apostólica que imparto a vosotros, a vuestros profesores y a los respectivos familiares.

 

© Copyright 1980 - Libreria Editrice Vaticana

 

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