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VIAJE APOSTÓLICO A ÁFRICA

DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
EN EL ACTO DE ENTREGA DE UNA IMAGEN DE LA VIRGEN
A UNA PARROQUIA DE KINSHASA


Nunciatura apostólica
Domingo 4 de mayo de 1980

 

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Entre todas alegrías que se me concede saborear a lo largo de mis visitas pastorales en tierras de África, la que me proporcionáis en este momento tiene sabor del todo particular. Vuestro proyecto de levantar un santuario dedicado a la "Madre de Dios" y de venerarla en la imagen de Nuestra Señora de Czestochowa tan popular en mi Polonia natal, me alegra profundamente. Felicito a cuantos han contribuido a la elaboración de este proyecto y hago férvidos votos por la fecundidad del ministerio que desempeñarán en este futuro lugar de culto los misioneros de la Consolata.

Esta advocación de la "Madre de Dios" dada a una de vuestras iglesias, será siempre invitación a avanzar en la auténtica piedad mariana tal y como la indicaba mi querido predecesor Pablo VI en la Exhortación Apostólica Marialis cultus. Una devoción mariana bien entendida debe encaminar a los cristianos al conocimiento siempre creciente del misterio trinitario a ejemplo de María. Ella se abandonó a la voluntad amorosa del Padre en el Fiat de la Anunciación. Creyó al Espíritu Santo que realizaba en Ella la asombrosa obra de una maternidad divina en su seno. Contempló al Verbo de Dios viviendo la condición humana por salvar a la humanidad. María de Nazaret es la primera creyente de la Nueva Alianza que hace la experiencia de un Dios único en tres Personas, fuente de toda Vida, de toda Luz y de todo Amor. Le suplicamos que a quienes han sido bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, los guíe a descubrir el rostro verdadero de Dios.

Y con María amaréis a la Iglesia. "El amor operante de María la Virgen en casa de Isabel, en Caná, sobre el Gólgota... encuentra continuidad en el ansia materna de la Iglesia porque todos los hombres lleguen a la verdad (cf. 1 Tim 2, 4), en su solicitud con los humildes, los pobres, los débiles; en su empeño constante por la paz y la concordia social; en su prodigarse para que todos los hombres participen de la salvación merecida para ellos por la muerte de Cristo" (Marialis cultus, 28).

La imagen de María será pues en vuestra iglesia el centro de la parroquia. Vendréis con frecuencia a saludarla y a venerarla. Vendréis a confiar a esta Madre vuestras intenciones. Le pediréis por vuestras familias: que sea Ella la custodia de vuestros hogares, como lo son las mujeres de este país. Le pediréis por las necesidades de vuestros hermanos y hermanas, por las necesidades de toda la Iglesia. Vendréis aquí a alcanzar fuerzas para participar activamente en las tareas, tan numerosas, de la Iglesia en vuestra parroquia y en la diócesis. Le pediréis también por mí a quien el Señor confió el encargo de Pastor de toda la Iglesia. Amaréis la oración del Rosario, sumamente sencilla y muy fecunda. Y puedo aseguraros que oraré yo también por vosotros, especialmente en el rezo diario de mi Rosario.

Os bendigo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo,

 

© Copyright 1980 - Libreria Editrice Vaticana

 

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