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VIAJE APOSTÓLICO A ÁFRICA

DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
AL LLEGAR AL AEROPUERTO DE NAIROBI

Martes 6 de mayo de 198
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Excelencia,
Señor Presidente de la República de Kenia,
Honorables miembros del Gobierno,
Eminencia,
venerables hermanos en el Episcopado,
señor alcalde de la ciudad de Nairobi,
queridos hermanos y hermanas:

1. Estoy profundamente agradecido por las gentiles y cordiales palabras de bienvenida que Su Excelencia el Presidente de Kenia me ha dirigido. Pues no sólo es un privilegio, sino también motivo de alegría el poder venir a visitar las gentes de este país. Al escuchar estas palabras de bienvenida, que son la expresión de la tradicional hospitalidad africana que adorna a vuestro pueblo, no puedo por menos de sentir que he venido entre amigos, que he sido aceptado en vuestra gran familia, la familia de la nación entera de Kenia.

Le agradezco muy sinceramente, Señor Presidente, la invitación que usted me hizo hace algún tiempo. En ella he encontrado confirmada la estima que usted, como Jefe de esta República, quiere expresarme a mí, Jefe de la Iglesia católica. En su invitación advierto una vez más el compromiso de fomentar —siempre y de todos los modos posibles— un mutuo entendimiento entre todos los pueblos y naciones. En ella he encontrado su profundo respeto por todos los hombres religiosos y por la valiosa contribución que unos verdaderos creyentes en Dios pueden proporcionar al futuro de su país e incluso al de todas naciones.

A través de Su Excelencia saludo a todos sus conciudadanos dondequiera que estén: en sus ciudades y aldeas, en sus montañas y llanuras, a orillas de sus ríos y de sus lagos. Saludo a todos. los hombres y mujeres de este país, que ha sido bendecido por la paz y por la unanimidad de sus habitantes en sus esfuerzos por promover un justo progreso para todos, conservando al mismo tiempo una rica identidad cultural. Saludo a los padres y a sus hijos, el orgullo y la alegría de cada familia y de toda la nación. Saludo a todos vuestros ancianos y a todos aquellos a quienes les está confiado el bienestar de sus conciudadanos. De una manera muy especial se dirige mi corazón a los enfermos y a los que sufren, y a todos aquellos que están agobiados por pesadas cargas. Sabed que aquí está un hermano que ha venido a vosotros desde Roma, uno que piensa en vosotros, que os ama y que está cerca de vosotros en la oración. Y, finalmente, quiero extender mi saludo caluroso también a los muchos ciudadanos que habitan fuera del país por razones de trabajo, o de estudio, o de servicio a su tierra natal.

Wananchi wote, wananchi wote wapenzi a todos vosotros, el pueblo que vive y trabaja en Kenia; a todos vosotros os digo: ¡gracias por vuestra bienvenida y que la paz esté con vosotros!

2. Mi visita es también el viaje pastoral del Obispo de Roma. el Pastor de la Iglesia universal, a la Iglesia que está en Kenia, Eminentísimo cardenal Otunga, y mis amados hermanos en el Episcopado: permitidme deciros lo mucho que aprecio y bendigo este momento de mi primer contacto con vosotros en vuestro suelo natal. Me habéis invitado a venir, y en el nombre del Señor —en el Santo nombre de Jesucristo— os saludo a vosotros y a todo el pueblo que está confiado a vuestro cuidado pastoral.

Hoy estoy en medio de vosotros porque quiero poner en práctica el mandamiento que el mismo Señor Jesús dio a San Pedro y a los demás Apóstoles: que ellos serían sus "testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta el extremo de la tierra" (Act 1, 8), porque quiero dar testimonio con vosotros de que Jesús es el Señor, que ha resucitado de entre los muertos para que todo el pueblo tenga vida. Vengo a vosotros como el Sucesor de San Pedro en la Sede de Roma para alabar al Señor junto con vosotros por todas las maravillas que ha realizado en la Iglesia que está en Kenia.

3. Y ahora quiero dirigiros un saludo particular a vosotros, los jóvenes aquí presentes, y a través de vosotros a toda la, juventud de esta tierra. Pues sé que lleváis en el corazón vuestros sueños del futuro de Kenia, y en vuestras manos la energía para hacer que estos sueños se conviertan en realidad. Que la paz y el gozo estén siempre en vuestros corazones.

Me han dicho que constituís más de la mitad de la población de esta nación; ¡por tanto, hablar a Kenia significa hablarás a vosotros! Estas son, entonces, mis palabras a vosotros hoy: sed auténticos; bajo la paternidad de Dios sed honrados ciudadanos de vuestro país, dignos hijos e hijas de Kenia. Sed jóvenes, y tendeos la mano unos a otros con generosidad y servicio fraterno. Sed jóvenes, y no dejéis que vuestros corazones conozcan el egoísmo o la avaricia. Sed jóvenes, y dejad que vuestros cantos revelen vuestra osadía y vuestra visión del futuro.

Sí. jóvenes de Kenia, lo que he dicho a la juventud de todo el mundo, ahora os lo repito a vosotros: el Papa es vuestro amigo y os quiere, y ve en vosotros la esperanza de un futuro mejor, de un mundo mejor. Mi mensaje especial para vosotros, y a través de vosotros para todos los jóvenes de Kenia. Es éste: "Cuanto quisiereis que os hagan a vosotros los hombres, hacédselo vosotros a ellos" (Mt 7, 12). Confiad en la fuerza del amor para construir la humanidad. Con valentía y oración, con resolución y esfuerzo pueden ser superados los obstáculos y resueltos los problemas. Que Dios Omnipotente os proteja y os sostenga en esta hora de desafío y futuro,

4. Y a todos vosotros, queridos amigos, os expreso una vez más mi agradecimiento por la cálida hospitalidad de vuestro país. Desde este primer momento en tierra de Kenia, vosotros me habéis abierto vuestros corazones. A cambio yo os aseguro mi afecto, amistad y estima, Y ahora yo quisiera tomar prestadas de vuestro himno nacional esas palabras que tan acertadamente expresan mis sentimientos y mi oración en este momento en el que comienzo mi visita pastoral a Kenia: "Oh Dios de toda la creación, bendice nuestra tierra y nación": Ee Mungu nguvu yetu, Ilete baraka kwetu!

 

© Copyright 1980 - Libreria Editrice Vaticana

 

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