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VIAJE APOSTÓLICO A ÁFRICA
DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LOS REPRESENTANTES DE LAS IGLESIAS Y COMUNIDADES
CRISTIANOS NO CATÓLICAS DE ACRA
Jueves 8 de mayo de 1980
Queridos amigos en Nuestro Señor Jesucristo:
1. Me siento profundamente honrado por vuestra presencia aquí, hoy. Para mí es
una gran satisfacción encontrarme con los eminentes representantes de mis
hermanos cristianos de Ghana. Quiero saludaros a todos en la caridad de
Jesucristo. Me resulta muy preciosa esta oportunidad de hablaros de mi
propósito y del propósito de toda la Iglesia católica de orar y trabajar
sinceramente y con perseverancia por establecer la unidad en la fe y en el amor
entre todos los cristianos.
El compromiso del Concilio Vaticano II, de mis predecesores y de mi Pontificado
se basa en el deseo expresado por Cristo en la Última Cena en su oración al
Padre por sus discípulos: "... que sean uno" (Jn 17, 21).
2. Todos nosotros reconocemos el gran valor de la oración para realizar lo que
humanamente es difícil o acaso imposible. Jesús mismo nos ha dicho: "Lo que es
imposible a los hombres, es posible para Dios" (Lc 18, 27). Sabemos lo
importante que es dirigirse a Dios humildemente, día tras día, pidiéndole el don
de la continua conversión de la vida, que está tan estrechamente vinculada con
la cuestión de la unidad de los cristianos. Una ocasión como ésta hace surgir en
nuestros corazones un deseo todavía más fuerte por esta unidad y por los medios
que nos disponen a recibirla como don que Dios nos da libremente. Por tanto,
esta reunión nos inspira a rezar juntos, a levantar nuestros corazones al
unísono hacia "el Padre de la misericordia; Dios de todo consuelo" (2 Cor 1, 3).
3. Mientras continuamos comprometiéndonos por alcanzar la meta de la perfecta
unidad, agradecemos los estrechos, vínculos que ya nos unen a través de nuestra
fe en la divinidad de Cristo. Alabemos a Dios por nuestra común fe en el
bautismo, como incorporación a la muerte y resurrección del Señor. Le alabamos
por el común amor y estima hacia las Sagradas Escrituras que nos hablan de
Cristo y de su Iglesia. Y por la gracia de Dios estamos en disposición de
confesar juntos que "Jesucristo es el Hijo de Dios" (1 Jn 4, 15) y que "hay un
solo mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús"(1 Tim 2,
5).
4. Porque creemos en Cristo y en las "insondables riquezas de Cristo" (Ef 3, 8),
nos sentimos guiados por el Espíritu para remover las divisiones en la fe, las
cuales menoscaban nuestro testimonio común del Señor y de su Reino, para poder
servir mejor al prójimo y llevar con mayor eficacia la Buena Nueva de la
salvación al mundo que continúa viendo en nosotros un Cristo dividido. Sin
embargo, sabemos que Cristo ha orado por la unidad, y que el Padre escucha su
oración. La oración de Cristo es la razón de nuestra esperanza, y sabemos que
"la esperanza no quedará confundida" (Rom 5, 5).
Me causa gran satisfacción informarme de vuestras dignas actividades ecuménicas
que se están desarrollando en África. Ruego a Dios que la relación que existe
entre cada uno de los cristianos, las Iglesias y las comunidades eclesiales
continúen avanzando cada vez más en la verdad y en el amor, para gloria de la
Santísima Trinidad.
© Copyright 1980 - Libreria Editrice Vaticana
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