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VIAJE APOSTÓLICO A ÁFRICA

CEREMONIA DE DESPEDIDA

DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II

Aeropuerto de Nairobi
Jueves 8 de mayo de 198
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Queridos amigos:

1. Después de dos días inolvidables, deseo expresaros mi gratitud profunda por la hospitalidad auténticamente africana que he recibido aquí. La amabilidad, apertura y alegría del pueblo de Kenia me han impresionado hondamente. Ya sé lo que significa sentirse envuelto en el recibimiento entusiasta de una comunidad africana. Más que nunca siento ahora que os pertenezco.

Mi misión me lleva ahora a otros países africanos. Gracias por la fuerza y el gozo que me habéis dado. Gracias por haberme hecho participar tanto en vuestras esperanzas y logros, por haber departido conmigo sobre vuestra determinación de seguir construyendo una nación, unidos en busca de un justo progreso para todos, fieles a vuestra cultura y tradiciones, fuertes por la confianza de que los esfuerzos conjuntos llevan al triunfo.

Guardo en el corazón, y conservaré siempre, todos los momentos de esta visita maravillosa y toda la gente con quien me he encontrado; conservaré en la memoria vuestra música y vuestros cantos. En las oraciones que hemos compartido he sentido una fuerte comunión con vosotros, comunión que ni la distancia ni el tiempo podrán atenuar.

2. Mi gratitud va al Excelentísimo Sr. Presidente de Kenia, a todas las autoridades de la nación y de la ciudad de Nairobi, y a todos los que han sido responsables del orden público estos días. Me siento deudor de todas las personas que han consagrado tiempo, trabajo y servicio a crear las condiciones que han hecho de mi visita una experiencia preciosa. Una palabra muy especial de agradecimiento a los dirigentes y el personal de La Voz de Kenia y a la prensa local, y también a los medios de información extranjeros que me han hecho posible entrar con mi amistad y mi mensaje en las casas y pueblos de muchos que no podían estar aquí. Cuánto me hubiera gustado viajar por vuestra tierra y encontrarme con cada uno de vosotros, saludaros y bendeciros, y enterarme personalmente de vuestras vidas y vuestras luchas. Espero que las palabras e imágenes que los medios de comunicación os han presentado habrán logrado transmitiros mi estima, aliento y profundo afecto hacia cada ser humano de este hermoso país.

3. ¿Cómo podré expresar adecuadamente mi gratitud a mis hermanos obispos por los momentos de gracia que hemos compartido en nuestras reuniones y en las celebraciones litúrgicas? Momentos de gracia, sí, momentos de gracia divina, porque he visto que habéis acogido el mensaje de Cristo. Las iglesias de vuestras ciudades y pueblos, vuestras escuelas y hospitales, el ministerio de vuestros sacerdotes, la entrega de vuestros religiosos y religiosas, la vida sacramental de vuestros fieles, el gran número de actividades en que el laicado asume su responsabilidad en la misión de evangelizar; todo ello atestigua que la gracia de Dios está actuando en medio de vosotros. Por todo ello, en el momento de partir deseo dar gracias a Dios con vosotros por el dinamismo de la iglesia en Kenia.

4. Un último pensamiento quiero dejaros. Una nación que tributa honor a Dios no puede dejar de recibir las bendiciones de Dios. Aun cuando os encontréis con problemas, aun cuando surjan nuevas dificultades, vuestra confianza en Dios será garantía de que superaréis todos los obstáculos y construiréis una nación donde reinen la unión y el amor, florezcan la hermandad y la paz, donde cada uno trabaje junto con los otros por el porvenir según el espíritu de Harambee. El Creador ha dado a todo ser humano una dignidad que es insuperable e igual para todos. Vuestros esfuerzos comunes por el desarrollo creciente de vuestra nación tendrán éxito siempre que se basen en el respeto de la dignidad fundamental dacha por Dios y en el respeto de los derechos de todo hombre, mujer y niño, así como en el deseo de crear las condiciones necesarias para que las familias y todo el pueblo lleguen a disfrutar de la dignidad que les corresponde como hijos de Dios.

Reiterándoos de nuevo mi afecto y estima fraternos, me despido de Kenia.

A todos vosotros, a todo el pueblo de Kenia, deseo decir una vez más: ¡gracias a todos! ¡asanteni sana!

Hasta que nos veamos otra vez ¡Kwa herini, kwa herini va kuonana!

¡Dios os bendiga! ¡Mungu awabariki!

¡Dios bendiga a Kenia entera!

 

© Copyright 1980 - Libreria Editrice Vaticana

 

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