|
VIAJE APOSTÓLICO A ÁFRICA
CEREMONIA DE DESPEDIDA
DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
Aeropuerto de
Nairobi
Jueves 8 de mayo de 1980
Queridos amigos:
1. Después de dos días inolvidables, deseo expresaros mi gratitud profunda por
la hospitalidad auténticamente africana que he recibido aquí. La amabilidad,
apertura y alegría del pueblo de Kenia me han impresionado hondamente. Ya sé lo
que significa sentirse envuelto en el recibimiento entusiasta de una comunidad
africana. Más que nunca siento ahora que os pertenezco.
Mi misión me lleva ahora a otros países africanos. Gracias por la fuerza y el
gozo que me habéis dado. Gracias por haberme hecho participar tanto en vuestras
esperanzas y logros, por haber departido conmigo sobre vuestra determinación de
seguir construyendo una nación, unidos en busca de un justo progreso para
todos, fieles a vuestra cultura y tradiciones, fuertes por la confianza de que
los esfuerzos conjuntos llevan al triunfo.
Guardo en el corazón, y conservaré siempre, todos los momentos de esta visita
maravillosa y toda la gente con quien me he encontrado; conservaré en la memoria
vuestra música y vuestros cantos. En las oraciones que hemos compartido he
sentido una fuerte comunión con vosotros, comunión que ni la distancia ni el
tiempo podrán atenuar.
2. Mi gratitud va al Excelentísimo Sr. Presidente de Kenia, a
todas las autoridades de la nación y de la ciudad de Nairobi, y a todos los que han sido
responsables del orden público estos días. Me siento deudor de todas las
personas que han consagrado tiempo, trabajo y servicio a crear las condiciones
que han hecho de mi visita una experiencia preciosa. Una palabra muy especial de agradecimiento
a los dirigentes y el personal de La Voz de Kenia y a la prensa
local, y también a los medios de información extranjeros que me han hecho
posible entrar con mi amistad y mi mensaje en las casas y pueblos de muchos que
no podían estar aquí. Cuánto me hubiera gustado viajar por vuestra tierra y
encontrarme con cada uno de vosotros, saludaros y bendeciros, y enterarme
personalmente de vuestras vidas y vuestras luchas. Espero que las palabras e
imágenes que los medios de comunicación os han presentado habrán logrado
transmitiros mi estima, aliento y profundo afecto hacia cada ser humano de este
hermoso país.
3. ¿Cómo podré expresar adecuadamente mi gratitud a mis hermanos obispos por
los momentos de gracia que hemos compartido en nuestras reuniones y en las
celebraciones litúrgicas? Momentos de gracia, sí, momentos de gracia divina,
porque he visto que habéis acogido el mensaje de Cristo. Las iglesias de
vuestras ciudades y pueblos, vuestras escuelas y hospitales, el ministerio de
vuestros sacerdotes, la entrega de vuestros religiosos y religiosas, la vida
sacramental de vuestros fieles, el gran número de actividades en que el laicado
asume su responsabilidad en la misión de evangelizar; todo ello atestigua que
la gracia de Dios está actuando en medio de vosotros. Por todo ello, en el
momento de partir deseo dar gracias a Dios con vosotros por el dinamismo de la
iglesia en Kenia.
4. Un último pensamiento quiero dejaros. Una nación que tributa honor a Dios
no puede dejar de recibir las bendiciones de Dios. Aun cuando os encontréis con
problemas, aun cuando surjan nuevas dificultades, vuestra confianza en Dios será
garantía de que superaréis todos los obstáculos y construiréis una nación donde
reinen la unión y el amor, florezcan la hermandad y la paz, donde cada uno
trabaje junto con los otros por el porvenir según el espíritu de Harambee. El
Creador ha dado a todo ser humano una dignidad que es insuperable e igual para
todos. Vuestros esfuerzos comunes por el desarrollo creciente de vuestra nación
tendrán éxito siempre que se basen en el respeto de la dignidad fundamental
dacha por Dios y en el respeto de los derechos de todo hombre, mujer y niño, así
como en el deseo de crear las condiciones necesarias para que las familias y
todo el pueblo lleguen a disfrutar de la dignidad que les corresponde como
hijos de Dios.
Reiterándoos de nuevo mi afecto y estima fraternos, me despido de Kenia.
A todos vosotros, a todo el pueblo de Kenia, deseo decir una vez más: ¡gracias
a todos! ¡asanteni sana!
Hasta que nos veamos otra vez ¡Kwa herini, kwa herini va kuonana!
¡Dios os bendiga! ¡Mungu awabariki!
¡Dios bendiga a Kenia entera!
© Copyright 1980 - Libreria Editrice Vaticana
|