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VIAJE APOSTÓLICO A ÁFRICA

DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LOS SEMINARISTAS


Kumasi, Ghana
Viernes 9 de mayo de 1980

 

Queridos seminaristas:

1. Siempre me alegra dirigir la palabra a los jóvenes que se preparan para el sacerdocio. Hoy me siento especialmente feliz al encontrarme aquí en vuestro país.

2. Aunque sois jóvenes, sois capaces de enseñar al mundo, con vuestra misma vida, una gran lección. ¿Cuál es esta lección? La lección de la fe. Vuestras existencias muestran que creéis en Jesucristo y que deseáis seguirlo. Vosotros lo aceptáis como Dios, como Hijo de Dios que ha asumido la naturaleza humana, que se ha hecho hombre y se ha convertirlo en vuestro hermano y hermano mío. Creéis que murió en la cruz, y que se hizo vuestro Salvador y Salvador mío. Y creéis que resucitó de entre los muertos y os ha hecho posible a vosotros y a mí, y a todos, participar de la vida eterna. Este es Jesús a quien vosotros habéis llegado a conocer y a amar, Jesús en quien habéis puesto vuestra fe.

3. Sí, vosotros creéis en la persona do Jesús, y creéis también que su gracia es fuerte, y que supera al pecado. Creéis que Jesús puede daros la gracia de seguirle, de ir en pos de El, de ser semejantes a El. Y esto es lo que os proponéis hacer: ser semejantes a Jesús sacerdote para difundir la Buena Nueva que El ha traído, para hablar al mundo de la salvación y dar al pueblo el Pan de la vida eterna.

4. Y así la fe en Jesús es importante para vosotros ahora y en el futuro. Vuestra vida de seminaristas se basa en la fe; para todo sacerdote la fe es el fundamento de la vida. Fe significa aceptar a Jesús en vuestras vidas, llevar su mensaje en vuestro corazón, obedecer a sus mandamientos. Significa también estar llenos de alegría y de amor por El. Y cuanto más se realice esto, seréis tanto más capaces de mostrar a Jesús al mundo, a ese Jesús que vive en vosotros y que quiere trabajar a través de vosotros.

Cuando vivís de fe y seguís los mandamientos de Cristo, os hacéis capaces de dar un ejemplo dinámico a los otros jóvenes. Sois capaces de mostrar a través de vuestra vida y con el ejemplo de vuestra alegría cristiana que el amor de Jesús es importante: importante para vosotros en vuestra vocación, e importante para todos los hermanos y hermanas que se esfuerzan por descubrir la plenitud de la propia humanidad. Viviendo así, os daréis cuenta de que ya habéis comenzado la tarea de comunicar a Cristo, llevándolo a vuestros amigos y a los otros jóvenes de Ghana.

5. Al mismo tiempo, vuestra fidelidad a Cristo, vuestra valentía en decir sí a vuestra vocación especial, vuestra fe en la potencia que tiene Jesús para conservaros en su amor durante toda vuestra vida, constituyen un fuerte apoyo para los otros jóvenes de vuestra edad que han oído la llamada del Buen Pastor y desean seguirle fielmente.

Sabéis la gran necesidad que vuestro país y África tienen de sacerdotes, de obreros en la mies del Señor. Recordad las palabras de Jesús: "Alzad vuestros ojos y contemplad los campos que ya están blancos para la siega" (Jn 4, 35).

Y rogad por las vocaciones, rogad por la perseverancia en vuestra vocación, rogad para que la Iglesia en África pueda tener la fuerza y el fervor de suministrar los sacerdotes de los que Cristo tiene necesidad para predicar su Evangelio y llevar su mensaje de salvación a través de este continente.

6, Queridos seminaristas: Manteneos unidos a Jesús con la oración y  con la Santa Eucaristía. Y así, con vuestra misma manera de vivir, haced que cada uno sepa que vosotros tenéis fe realmente, que creéis realmente en nuestro Señor Jesucristo.

Y manteneos unidos también a nuestra Santa Madre María y a su Corazón Inmaculado. Cuando María dijo sí al Ángel, el misterio de la redención se concretó bajo su Corazón. Este Corazón puro de María inspiró a muchos misioneros que trajeron la Palabra de Dios a los africanos. Y para la Iglesia de hoy este Corazón de María continúa expresando el misterio de la Madre en la redención (cf. Redemptor hominis, 22),

En el nombre de Jesús os bendigo a todos. Y os encomiendo a vosotros, a vuestras familias y amigos a María, que es la Madre de todos nosotros.

 

© Copyright 1980 - Libreria Editrice Vaticana

 

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