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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
AL SEÑOR MARK EVELYN HEATH,
NUEVO MINISTRO PLENIPOTENCIARIO
DE GRAN BRETAÑA ANTE LA SANTA SEDE*


Jueves 22 de mayo de 1980

 

Señor Ministro:

Con sumo agrado recibo a Vuestra Excelencia como Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Su Majestad Británica, la Reina Isabel. Le agradezco el saludo amable de que es portador en nombre de Su Majestad, y ruego a usted le transmita mi testimonio renovado de gran respeto y buenos deseos cordiales.

Los contactos permanentes mantenidos a través de canales tales como la misión diplomática de que usted es ahora Jefe, reforzarán todavía más, sin duda alguna, la comprensión y amistad entre la Santa Sede y el Reino Unido, y estimularán la colaboración estrecha y efectiva para el bien.

En la vida internacional el Reino Unido tiene una parte importante que desempeñar dentro de sí misma y como miembro de la Comunidad Europea y de la Commonwealth mundial, en favor de la libertad, la paz y la colaboración entre los pueblos, y en apoyo de las Organizaciones Internacionales. El papel que está llamado a desempeñar es acorde con los valores de la democracia y el respeto de la dignidad humana, que son parte de la magnífica tradición histórica y cultural de vuestro pueblo. Los buenos auspicios con que Zimbabwe se ha sumado a las naciones independientes del mundo, pueden atribuirse a la iniciativa del Gobierno británico que ha combinado felizmente el valor y la paciencia. Ruego a Dios nos conceda que otros resultados positivos como éste sigan surgiendo de la misma fuente.

Oro también para que las dificultades que afectan al revuelto sector del Norte de Irlanda se remedien con medios políticos pacíficos y resulte patente así que la paz alcanza resultados de justicia, mientras la violencia no los consigue, y de este modo también salgan victoriosos la reconciliación y el amor sobre el odio y las disensiones.

Estoy informado del entendimiento creciente entre la Iglesia católica y la Iglesia de Inglaterra y otras comunidades cristianas de vuestro país. Lejos de oponerse a la fidelidad a la verdad, tal entendimiento y respeto son consecuencia de la misma fidelidad. Me complace saber que existen estos progresos y espero que continuarán sin tregua.

Con sumo placer pienso en la visita que Su Majestad se propone hacerme en el Vaticano en octubre. Mientras tanto invoco sobre ella y todos sus súbditos las bendiciones de Dios Todopoderoso. Oro asimismo por el feliz éxito de vuestro misión.


*L'Osservatore Romano. Edición semanal en lengua española n.23 p.19.

 

© Copyright 1980 - Libreria Editrice Vaticana

 

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