 |
DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A
LOS PARTICIPANTES EN UN CONGRESO ORGANIZADO POR LA "CONFÉDÉRATION FISCALE
EUROPÉENNE
Viernes 7 de noviembre de 1980
Señoras, señores:
Me ha impresionado el deseo habéis manifestado de encontraros
conmigo al término de vuestro congreso. Y aprecio ahora el modo con que habéis
evocado vuestras tareas profesionales y el ideal que os anima. Gracias os sean
dados por ello. Recibid mi más cordial bienvenida.
Comprendo que el ámbito de intervención de los consejos fiscales
es muy amplio, tanto entre los contribuyentes de toda índole, como con las
administraciones de los órganos nacionales e internacionales, y que sus
modalidades son muy complejas. Formulo mis mejores votos para el cumplimiento de
vuestra noble profesión que se articula sobre el derecho. Creo que tres palabras
maestras podrían resumir sus exigencias: la equidad, la libertad y el bien
común.
Ante todo, la equidad en el reparto de los impuestos y de las
prestaciones. Al asumir la colectividad cada vez más los servicios sociales —bien por petición de los individuos, bien porque tal es el sistema político o
económico— se plantea por doquier el problema de una más amplia participación en
las cargas comunes y hay que reconocer que el impuesto legal y justo es cosa
difícil. No todas las sociedades pueden presumir de haberlo resuelto
acertadamente. Desde el tiempo en que la exacción de impuestos estaba confiada a
la libertad de los publicanos —que tenían en ello un gran margen de iniciativa— hasta la época actual, se ha recorrido un largo camino. Hoy, existen
disposiciones jurídicas e instancias administrativas que realizan esta función
de un modo quizá más riguroso y más anónimo.
Vosotros, en cambio, vigiláis para que los individuos cumpliendo
totalmente sus deberes al respecto, no sean víctimas de injusticias en el cobro
de impuestos; les ayudáis a proteger y garantizar sus derechos, con toda vuestra
competencia jurídica. Eso no puede hacerse más que en un clima de libertad, que
vosotros justamente fomentáis. La libertad, en este campo, consiste en que los
individuos y las compañías intermediarias tengan la posibilidad de hacer valer
sus derechos y defenderlos frente a otras administraciones, y sobre todo frente
a las del Estado, según procedimientos que permitan un arbitraje o un juicio
pronunciado en conciencia, conforme a las leyes establecidas y, por tanto, con
toda independencia del poder. Este es un ideal que hay que desear para todos los
países.
Por último, esto no contradice el sentido del bien común y de los deberes
respecto a la colectividad y del Estado, que deben ser promovidos al mismo
tiempo. “Dad al Cesar lo que es del César”, decía ya Cristo, aunque fuese para
añadir: “Y a Dios lo que es de Dios”. Los ciudadanos, que deben ser defendidos
de sus derechos, deben ser al mismo tiempo educados para participar justamente
en las cargas públicas, bajo forma de tasas o impuestos, porque es también una
forma de justicia, cuando se obtienen beneficios de los servicios públicos y de
las múltiples condiciones de una vida apacible en común; y es igualmente una
forma equitativa de solidaridad hacia los otros miembros de la comunidad
nacional o internacional, o hacia las otras generaciones. Pero esas obligaciones
tienen necesidad también de una protección legal.
En resumen: existe un justo equilibrio entre derechos y deberes
de los ciudadanos contribuyentes, entre su libertad individual y el bien común,
entre las compañías intermediarias y el Estado y, por tanto, un diálogo libre
entre los individuos y la administración, que conviene tratar constantemente de
realizar lo mejor posible. Es un problema de educación, un problema de
vigilancia, un problema de justicia. ¡Que vosotros, como consejeros fiscales,
podáis aportar en ello una eficaz ayuda! Y que pueda vuestra Confederación
extender su esfuerzo de armonización entre los derechos fiscales nacionales para
llegar a una práctica más equilibrada de la fiscalidad dentro de los países
europeos. Esto forma también parte del progreso que hay que realizar en este
continente.
Que Dios os asista en esta obra de consejo y de justicia. ¡Y que
os bendiga y bendiga a cada una de vuestras queridas familias!
© Copyright 1980 - Libreria Editrice Vaticana
|