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VIAJE APOSTÓLICO A LA REPÚBLICA FEDERAL DE ALEMANIA

DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LOS ARTISTAS Y PUBLICISTAS

 «Herkules-Saal der Residenz» de Munich
Miércoles 19 de noviembre de 1980

 

Muy distinguidos señores y señoras:

Mi cordial saludo va dirigido a los artistas y publicistas que desde todas las partes de Alemania han venido a Munich con ocasión de mi visita. Me alegro de poder encontrarme con todos ustedes en esta ciudad que desde siempre ha constituido un punto central de la vida artística y que en los tiempos recientes se ha convertido en un importante centro de los medios de comunicación social. Este nuestro encuentro debe ser una ocasión para contribuir al diálogo entre la Iglesia y el arte, entre la Iglesia y los medios de comunicación social, una contribución a un diálogo que desde hace tiempo estaba enmudecido o que mostraba signos de oposición y de contradicción. Permítanme que en estas palabras presente algunas indicaciones de las conexiones que existen entre la Iglesia y el arte, entre la Iglesia y los publicistas, en orden a ofrecer una contribución para una más adecuada comprensión mutua y para una más fructífera colaboración en el servicio del hombre.

1. La relación de la Iglesia y del arte en arquitectura, arte figurativo, literatura, música tiene una historia muy movida. Sin los esfuerzos de los monjes de los monasterios, por ejemplo, podríamos sospechar que difícilmente hubieran llegado hasta nosotros los tesoros de los antiguos autores griegos y latinos. Con una gran apertura de ánimo se entregó entonces la Iglesia al diálogo con la literatura y arte antiguos. Durante largo tiempo permaneció la Iglesia como madre del arte. Ella era fundamentalmente la que hacía los encargos; los contenidos de la fe cristiana aportaron los motivos y los temas del arte. Hasta qué punto esto es cierto, puede ser comprobado y reconocido si pensamos la siguiente posibilidad: si se excluyera de la historia del arte en Europa y en Alemania todo lo que tiene conexión con la inspiración religiosa y cristiana, veríamos lo poco que quedaría.

En los siglos de la edad moderna, de modo aún más fuerte desde 1800, se debilitó la conexión de la Iglesia y la cultura, y con ello también la conexión de la Iglesia y el arte. Esto se fue realizando en nombre de la autonomía y se fue agravando en nombre de una progresiva secularización. Entre la Iglesia y el arte se fue formando una fosa, que continuamente iba haciéndose más ancha y más profunda.. Esto afectó de modo más notorio al campo de la literatura, del teatro y posteriormente del cine. La recíproca separación fue creciendo merced a la crítica dirigida contra la Iglesia y el cristianismo e incluso contra la religión en general. La Iglesia se fue haciendo por su parte —y esto es en cierto modo comprensible— desconfiada hacia el espíritu moderno y hacia sus múltiples formas de expresión. Este espíritu se fue mostrando como enemigo de la Iglesia y de la fe, como crítico de la revelación y de la religión. La actitud de la Iglesia era en consecuencia de separación, de distancia, de oposición en nombre de la fe cristiana.

2. Una relación fundamentalmente nueva entre la Iglesia y el mundo, entre la Iglesia y la cultura moderna y en consecuencia entre la Iglesia y el arte fue creada y fundamentada por el Concilio Vaticano II. Podemos definirla como una relación de encuentro, de apertura, de diálogo. Con esto está ligada la decisión de volverse hacia la actualidad, el "aggiornamento". Los padres del Concilio consagran en la Constitución pastoral Gaudium et spes un capítulo especial a las justas exigencias del progreso cultural (núms. 53-63) y afrontan el problema, como en la antigua Iglesia, sin estrecheces y sin angustia. El mundo es una realidad autónoma que tiene sus propias leyes. Lo cual afecta también a la autonomía de la cultura y, por ende, del arte. Esta autonomía, cuando es rectamente entendida, no representa ninguna protesta contra Dios o contra las afirmaciones de la fe cristiana; es más bien expresión de que el mundo es propiedad y creación de Dios y que ha sido entregado y confiado a la libertad del hombre, a la cultura y a su responsabilidad.

Con esto se nos ha dado el presupuesto para que la Iglesia pueda entrar en una nueva relación con el arte y la cultura, en una relación de colaboración, de libertad y de diálogo. Esto es tanto más posible y puede ser tanto más fructífero por cuanto el arte en vuestro país es libre y puede realizarse y desarrollarse en el ámbito de la libertad. Si vosotros realizáis responsablemente vuestra vocación, la Iglesia quiere y debe estar a vuestro lado en la preocupación por la dignidad del hombre en un mundo que se encuentra estremecido hasta sus últimos fundamentos.

3. La Iglesia contempla la vocación de los artistas y publicistas con unos sentimientos que destacan al mismo tiempo el núcleo, la grandeza y la responsabilidad de su vocación. Según la fe cristiana cada hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios. En lo que se refiere a su actividad creadora esto toca de un modo especial a los artistas y publicistas. Vuestra misión comporta una vocación creativa. Vosotros dais a la realidad y a la materia del mundo forma y figura. Vosotros no os contentáis con una mera copia o con una descripción de lo superficial. Vosotros intentáis "conformar" la realidad del hombre y de su mundo, en el sentido original de la palabra. Vosotros queréis por medio de la palabra, del sonido, de la imagen y de la forma dejar entrever y hacer percibir algo de la verdad y de la profundidad del mundo y del hombre, a la que también pertenecen los abismos del hombre.

Decir esto no significa una encubierta apropiación, por parte de la Iglesia o del cristianismo, del arte y de los artistas, de los medios de comunicación y de los publicistas, sino su dignificación a la luz de la fe cristiana, una dignificación realizada en medio de una valoración positiva, del respeto y del reconocimiento. El cardenal alemán Nikolaus de Cusa había escrito esta frase: "El arte creador, que el alma tiene la suerte de alojar, no se identifica con aquel arte por esencia que es Dios, sino que es solamente una comunicación y una participación del mismo".

4. Podemos preguntarnos a continuación: ¿dónde yacen las mutuas conexiones y puntos de contacto entre la Iglesia y el arte, entre la Iglesia y los publicistas? A esta cuestión se debe responder lo siguiente: el tema de la Iglesia y el tema de los artistas y de los publicistas es el hombre, la imagen del hombre, la verdad del hombre, el "Ecce homo", al que también pertenecen su historia, su mundo y su ambiente, así como el contexto social, económico y político.

La Iglesia como mediadora del mensaje de la fe cristiana debe recordar siempre que la realidad del hombre no puede ser plenamente abarcada y descrita sin la dimensión teológica; que no se debe olvidar que el hombre es criatura, limitado tanto espacial como temporalmente, necesitado de ayuda y orientado a la planificación; que la vida humana es don y regalo; que el hombre busca el sentido y pregunta por la salvación y la redención, porque de múltiples maneras se encuentra enmarañado entre la coacción y la culpa. La Iglesia debe recordar siempre que en Jesucristo se nos ha dado la verdadera y específica imagen del hombre y de lo humano. Jesucristo permanece, así lo dice el filósofo alemán Karl Jaspers, el más decisivo entre los hombres decisivos de la historia. Y el Concilio dice: "Cristo, el nuevo Adán... manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación" (Gaudium et spes, 22).

También en el arte en todos sus ámbitos, incluidas las posibilidades del cine y de la televisión, se trata del hombre, de la imagen del hombre, de la verdad del hombre. Aunque muchas veces las apariencias parezcan desmentirlo, estas profundos sentimientos y aspiraciones no son totalmente ajenos al arte actual. La procedencia religiosa y cristiana del arte no se ha borrado totalmente. Temas como culpa y gracia, opresión y redención, injusticia y justicia, solidaridad y amor al prójimo, esperanza y consuelo aparecen siempre de nuevo en la literatura actual, en los libros y en los guiones, y encuentran siempre una gran resonancia.

Una colaboración en diálogo entre la Iglesia y el arte con la mirada puesta en el hombre consiste y se apoya en que ambos pretenden liberar al hombre de esclavitudes ajenas y conducirlo a sí mismo. Ambos le abren un espacio de libertad, de la libertad de la violencia del utilitarismo, de la producción a cualquier precio, de la efectividad, de la planificación, de la funcionalización.

5. Hemos dicho que tanto la Iglesia como el arte tratan del hombre, de su imagen, de su verdad, del descubrimiento de su realidad, y esto sobre todo en la hora actual, en el actual "aggiornamento", por usar una expresión del Concilio Vaticano II.

Para esta su tarea el arte aporta a la Iglesia un importante servicio, el servicio de la concretización. A este servicio se orienta también la Iglesia, porque la verdad es concreta. En el arte de hoy, en la literatura y en el teatro, en el arte figurativo y en el cine así como en el periodismo se ha despojado al hombre de toda aureola romántica y se le representa, como se dice, con un realismo sin tapujos. En consecuencia se ofrece en el arte de hoy la manifestación de las equivocaciones y errores, de las angustias y de la desesperación, del absurdo y de la falta de sentido, en suma, una exposición del mundo y de la historia casi degenerados, de modo propio de la caricatura. Con esto está ligada la supresión de todos los tabúes.

Literatura, teatro, cine, arte figurativo se entienden hoy fundamentalmente como crítica, como protesta y oposición, como denuncia de lo establecido. Lo bello parece desaparecer como categoría del arte en favor de una representación del hombre en su negatividad, en su contradicción, en su falta de salida, en su ausencia de todo sentido. Tal parece ser el actual "ecce homo". El llamado "mundo sano" es hecho objeto de un cínico escarnio. Sobre estas cuestiones se ha manifestado con gran claridad el Vaticano II en su Decreto sobre los medios de comunicación social (Inter mirifica).

Contra la representación del mal en su formas y manifestaciones en sí mismas consideradas no hay nada que objetar en nombre de la fe cristiana y de la Iglesia. El mal es una realidad, cuyas dimensiones justamente en nuestro siglo y precisamente en vuestro país y en mi patria, hemos vivido y padecido hasta sus más altos límites. Sin la realidad del mal incluso tampoco se puede apreciar la realidad del bien, de la redención, de la gracia, de la salvación. Esto no significa dar carta libre para el mal, sino que es sólo una indicación de su auténtico lugar. Con esto aludimos a una situación que no está libre ni de importancia ni de peligros. ¿No puede llegar a convertirse el reflejo de lo negativo, en las diversas manifestaciones del arte actual, en el objetivo que se ha autoimpuesto? ¿No puede conducir esto a gozar en el mal, a alegrarnos en la destrucción y la ruina, al cinismo y al desprecio del hombre?

Si la realidad del mal se demuestra, entonces hay que preocuparse de mostrar, en virtud de la lógica interna del mismo arte, lo terrible como terrible. Pero esta exposición no debe pretender que el mal permanezca como mal; más bien debe buscar que no sea peor, sino que sea algo distinto, mejor. Tú debes cambiar tu vida, tú debes transformarte para iniciar un nuevo comienzo, tú debes eliminar el mal, para impedir que este sea la última palabra, que llegue a determinar toda la realidad. Esto es no sólo una llamada y advertencia de la Iglesia, sino que es tarea propia del arte y del periodismo en todos sus ámbitos, y no sólo a causa de una suplementaria o accesoria hipoteca moral. La fuerza auxiliadora, sanante, clarificadora y purificadora fue ya aplicada al arte por los griegos; a ello se refiere el fortalecimiento de la esperanza y la búsqueda del sentido, aunque no puedan ser solucionadas todas las preguntas sobre un porqué. Esto no debe perderse en el arte contemporáneo por su propio bien y por el bien del hombre. Es en este servicio en el que pueden y deben estrecharse los lazos entre la Iglesia y el arte, sin que por ello se confunda lo que es propio de cada uno de ellos.

6. Si la Iglesia se preocupa seriamente del "aggiornamento", del devenir actual de la fe cristiana, de sus enseñanzas y promesas, entonces debe decir: en ninguna parte como en el arte y en el periodismo actuales está representada de modo tan impresionante, la situación, la experiencia vital y el horizonte de cuestiones del hombre de nuestro tiempo. A ello se encuentra también orientada y obligada la Iglesia. Si la fe cristiana, como palabra y respuesta, debe ser mediada para los hombres, entonces tales cuestiones e interrogantes deben ser descubiertos y tenidos en cuenta. La Iglesia tiene necesidad del arte. Lo necesita como mediación de su mensaje. La Iglesia tiene necesidad de la palabra, que testimonia y anuncia la Palabra de Dios y que es al mismo tiempo una palabra humana que quiere penetrar en el lenguaje común del hombre de hoy, tal como lo encuentra en el arte y en el periodismo de hoy. Sólo de este modo puede permanecer como palabra viviente y sólo así puede mover al hombre.

La Iglesia tiene también necesidad de la imagen. El Evangelio es contado a través de muchas imágenes y comparaciones; puede y debe ser hecho perceptible por medio de imágenes. En el Nuevo Testamento se llama a Jesucristo imagen, icono del Dios invisible. La Iglesia es no sólo la Iglesia de la palabra, sino también de los sacramentos, de los signos y símbolos sagrados. Durante largo tiempo junto a la palabra también las imágenes han presentado el mensaje salvífico, y esto ha venido ocurriendo hasta hoy. Y esto es muy bueno. La fe se dirige no sólo a los oídos sino también a la vista, a las dos facultades fundamentales del hombre. En el servicio a la fe, tal como se realiza por medio de la palabra en la liturgia, se sitúa también la música. Todos saben que muchas grandes creaciones y obras de la música se deben a la fe viva de la Iglesia y a sus servicios litúrgicos. La fe no sólo debe ser confesada y expresada, debe ser también cantada. Y la música manifiesta que la fe es también cuestión de alegría, de amor, de veneración, de abundancia de sentimientos. Estos motivos de inspiración se conservan vivos aún hoy. De muchos modos busca todavía la música nuevas formas en el cuadro de la reforma litúrgica. En este punto todavía hay mucho campo abierto. La conexión entre la Iglesia y el arte en el ámbito de la música es todavía algo vivo y fructífero.

Algo semejante se puede decir de las relaciones de la Iglesia con la arquitectura y con el arte figurativo. La Iglesia necesita del espacio como lugar de sus celebraciones litúrgicas, como lugar de reunión del Pueblo de Dios en sus numerosas actividades. Después de las terribles destrucciones de la última guerra mundial ha tenido origen en todo el mundo y especialmente en la República Federal de Alemania una importante arquitectura eclesiástica. La moderna arquitectura eclesiástica pretendía conscientemente no ser una imitación del románico, del gótico, del renacimiento, del barroco y del rococó, cuyas más hermosas creaciones en Alemania se encuentran en Baviera; la moderna arquitectura eclesiástica quería partir del espíritu y del estilo de nuestro tiempo para dar a la fe de nuestro tiempo forma y expresión con todos los medios hoy posibles, y ofrecerle al mismo tiempo un lugar adecuado al ambiente. Esto se ha logrado en muchos ejemplos magníficos. A todos los que han participado en este enorme trabajo —a los arquitectos y a los artistas, a los teólogos y a los obreros de la construcción, a los párrocos y a los laicos— querría expresarles mi agradecimiento por todo ello.

7.  La Iglesia necesita del arte. Y lo necesita en múltiples modos. ¿Tiene también necesidad el arte de la Iglesia? Parece que esto no es así en la actualidad. Pero si la relación entre la religión y la Iglesia con el arte es tan estrecha como he intentado demostrar, especialmente si se tiene como punto de mira el hombre, la imagen del hombre y su verdad, y si la fe cristiana en sus contenidos, de los cuales la Iglesia es mediadora, ha inspirado al arte en sus épocas más florecientes y en obras insuperadas hasta el presente, y precisamente también en Alemania, entonces es lícito hacerse la pregunta siguiente: ¿No se empobrece el arte, no se priva de contenidos y motivos decisivos si renuncia y prescinde de la realidad representada por la Iglesia?

El encuentro de este día querría ser una sincera invitación a todos los creadores de arte para emprender una nueva cooperación y diálogo llenos de confianza con la Iglesia, una invitación a que descubran de nuevo la profunda dimensión espiritual-religiosa que el arte ha señalado para todos los tiempos en las formas de expresión más nobles y elevadas.

8. En las reflexiones que hemos desarrollado hasta ahora estaban continuamente incluidos los publicistas y los periodistas, la variedad de profesiones que existen en el ámbito de la prensa, de la radio y de la televisión.

La visita del Papa a la República Federal de Alemania ha sido preparada por los medios de comunicación social, es decir, por ustedes, publicistas y periodistas; y continuamente está siendo acompañada por ustedes por medio de emisiones en directo, informaciones y comentarios, que manifiestan claramente su asentimiento y su afecto. Por todo ello, les expreso mi agradecimiento más cordial. Gracias a vuestro trabajo se multiplica en modos muy diversos lo que acontece en algunas ciudades de la República Federal de Alemania. Nunca como hasta ahora en la historia ha tenido el anuncio del Evangelio una tal posibilidad de llegar a tantos hombres. Por este servicio —que es un servicio a la fe, a la Iglesia y por esto mismo un servicio al hombre— les expreso de nuevo mi gratitud.

En estas circunstancias se manifiesta claramente a cada uno de vosotros qué poder ha sido puesto en vuestras manos, en las manos de los publicistas y periodistas. Ustedes tienen un enorme influjo en la opinión pública, y en la formación de la opinión y de la conciencia de millones de hombres. La palabra y la imagen que ustedes transmiten sobre la realidad del mundo, del hombre, de la sociedad, y también de la fe cristiana y de la Iglesia, determina los juicios y los modos de comportamiento de muchos hombres.

Como reacción a la manipulación de la prensa en tiempos del nacional socialismo pudo surgir en la República Federal de Alemania una prensa pluralista. Frente a una situación caracterizada por las diferencias en las concepciones políticas y en las visiones del mundo, el periodista se encuentra constantemente ante la tarea de confrontarse con otras posiciones y convicciones, de conocer y hacer públicas otras tendencias ideológicas, de aclarar y determinar su propio punto de vista. Estas enormes posibilidades encierran por eso igualmente una gran responsabilidad. Las informaciones y los comentarios de las noticias deben ser determinadas siempre por la objetividad, por la capacidad de juicio y por el sentido de la justicia. El peligro de manipular tendenciosamente las noticias va igualmente unido al peligro de dar preferencia a noticias sensacionalistas. En el ámbito de los periódicos de bajo nivel existen algunos lamentables ejemplos de ello. Precisamente en el ámbito de las noticias políticas se pone a prueba la ética de los periodistas. El peso de su responsabilidad nunca se apreciará demasiado. El periodista no podrá realizarla en modo suficiente sin el sentido de la alta significación de la comunicación pública en una sociedad libre.

9. La responsabilidad del publicista se pone especialmente de manifiesto si se consideran los efectos de los medios de comunicación. Es responsabilidad del publicista la reflexión sobre los posibles efectos de su actividad. La investigación en el campo de los efectos de los medios de comunicación se encuentra, dentro del campo de las ciencias, en sus comienzos. Existen unas primeras indicaciones sobre el efecto de la presentación de la violencia en los medios dirigidos a a jóvenes. Parece justo no hacer sólo a los medios de comunicación responsables del modo y grado de tales efectos, pero tampoco deben ellos negar su propio papel para colocarse en un cómodo distanciamiento respecto a este problema. Junto a las familias y a los educadores están llamados los publicistas a darse cuenta de los nocivos efectos de tales presentaciones de la violencia y a contribuir a su erradicación.

Algo semejante pasa en el campo del desarrollo de la cultura política. También aquí se encuentran incrustados los medios de comunicación en un entramado de relaciones. El periodista responsable será consciente de las posibilidades que él tiene para contribuir a un buen desarrollo de la cultura política, a una mayor veracidad, a una mayor consideración de los valores personales de los otros.

Claras indicaciones del papel predominante de los medios de comunicación, sobre todo de la televisión, nos las ofrece el análisis del desarrollo de nuestros valores morales. En un amplio frente han colaborado los medios de comunicación en el cambio de enfoques, normas y obligaciones morales del hombre: en el campo del comportamiento sexual tanto de los adultos como de los que se encuentran en proceso de formación, en las concepciones sobre la familia y el matrimonio y el modo de vivir estas realidades, en la educación de los niños. Algunos de estos cambios de enfoque tal como han sido preparados por los medios de comunicación han ofrecido a los hombres un mayor grado de libertad en el trato recíproco, y quizás han ayudado a profundizar las relaciones personales mutuas. Pero al mismo tiempo se muestra de un modo sumamente claro en las actuales circunstancias la existencia de algunos datos que en muy pequeña medida han sido valorados por los medios de comunicación y por los publicistas que trabajan en ellos: el cambio brusco de una libertad presuntamente más amplia a la falta de control, el abandono de las obligaciones morales en favor de nuevas esclavitudes, que no están de acuerdo con la entera dignidad del hombre, el debilitamiento de la confianza en las relaciones personales. En esta situación tao podemos decir que solamente sean responsables los medios de comunicación, pero ellos han colaborado en este proceso en sus inicios y en su fortalecimiento.

El periodista está llamado a conocer mejor los efectos de sus acciones y a no cerrar los ojos ante ellos. Pues el poder que ha sido puesto en sus manos sólo dejará de ser un peligro cuando se realiza con escrupulosidad y con responsabilidad. El criterio de valoración de la actividad periodística no debe ser la efectividad, sino la verdad y la justicia. Así pueden servir ustedes al sentído de su profesión, así pueden ustedes servir y ayudar al hombre.

Para que puedan cumplir un tal servicio auténtico a la verdad y al hombre en el arte y en la publicística deseo y pido de corazón para todos ustedes que se han reunido aquí y para todos sus colegas la luz y la protección de Dios.

 

© Copyright 1980 - Libreria Editrice Vaticana

 

 

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