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VISITA PASTORAL A OTRANTO

DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
DURANTE LA CEREMONIA DE DESPEDIDA


Aeropuerto de Galatina
Domingo 5 de octubre de 1980

 

Ilustres autoridades del Gobierno,
de la región y de la provincia;
egregio señor alcalde;
queridos hermanos e hijos:

1. Antes de dejar la tierra de Pulla me es muy grato detenerme, si bien sea sólo unos momentos, en esta vetusta ciudad de Galatina que, según una antigua tradición, parece fue evangelizada por San Pedro cuando se detuvo aquí en su viaje hacia Roma. Os estoy sinceramente agradecido por haberme dado esta alegría. Doy las gracias en primer lugar al querido arzobispo de Otranto y al alcalde por sus palabras afectuosas; doy las gracias con deferencia sincera al gobernador de la provincia de Lecce y al consejo municipal de la ciudad, al que expreso mi sentimiento por no haber podido acceder en esta ocasión a su invitación de visitar Lecce, que mucho he agradecido; a este consejo encargo de transmitir un saludo afectuoso a toda la ciudad.

Con la misma intensidad de sentimientos expreso mi agradecimiento a los trabajadores, muy numerosos, de Casarano, patria de Bonifacio IX e importante centro industrial de la región de Salento. Doy las gracias asimismo a los jefes militares de esta región aérea y del aeropuerto, y a los empleados y familiares; pero sobre todo y de modo especial quiero testimoniar mi agradecimiento sentido y cordial a todos vosotros, ciudadanos de Galatina y de la región de Salento, que habéis querido reuniros en torno al Papa en este encuentro vespertino. Os diré con San Pedro: "Paz a todos vosotros los que estáis en Cristo" Esta escala que habéis deseado y preparado con tanto interés, la considero un deber mío porque también vuestra ciudad estuvo unida a Otranto en la prueba dolorosa de fe y amor que hemos conmemorado hoy.

2. Al daros constancia de mi afecto y oración, deseo aseguraros que en mi corazón encuentran eco vuestros problemas, sufrimientos, tenacidad, esperanzas y alegrías. ¡Yo querría tuvierais serenidad y fuerais felices siempre! Querría que vuestra existencia estuviera siempre colmada de alegría y satisfacción. En cambio, sé que circunstancias inciertas y adversas de la vida y de la historia hacen difíciles a veces ciertas situaciones; sé cuán dura es la experiencia de la emigración, cuán amarga la falta de trabajo, sobre todo de los jóvenes y de los padres de familia. La Iglesia y el Papa están cerca de todos y especialmente de los que padecen mayores pruebas.

A todos expreso el augurio nacido de un corazón que a todos ama; augurio de serenidad y prosperidad, augurio de elevación social, augurio de progreso civil dentro del orden.

A la vez que me complazco en vuestra laboriosidad y en las obras ya realizadas por el bien común, deseo exhortaros a perseverar con valentía y constancia en el camino de vuestro desarrollo tratando de remediar las necesidades e indigencias de los hermanos, junto con los responsables de la comunidad.

3. Pero quisiera dejaros también un recuerdo espiritual que os sirva de programa de vida y motivación en los momentos importantes de vuestras decisiones. ¿Qué puedo deciros sino lo que Escribía San Pedro a los primeros cristianos: "Resistid firmes en la fe" (cf. 1 Pe 5, 9)? Sí, queridos hijos míos, mantened firme vuestra fe en Jesucristo como lo hicieron los mártires de Otranto. Mantened firme vuestra fe en los momentos de prueba y sufrimiento recordando lo que escribía el mismo Pedro: "Habéis de alegraros en la medida en que participáis en los padecimientos de Cristo para que en la revelación de su gloria exultéis de gozo... pues si uno padece por cristiano, no se avergüence, antes glorifique a Dios en este nombre" (1 Pe 5 13; 16).

Mantened firme vuestra fe sobre todo en la vorágine de la historia que nos envuelve a todos y hasta nos arrastra a veces con sus contrastes y sus sucesos dramáticos. En la dialéctica misteriosa entre libertad humana y gracia divina, entre pecado del hombre y Redención de Cristo, no estamos solos. Me gusta repetir también a vosotros lo que dije en Le Bourget durante mi viaje a París: "El problema de la ausencia de Cristo no existe. No existe el problema de su alejamiento de la historia del hombre. El silencio de Dios sobre las inquietudes del corazón y la suerte del hombre no existe. No hay más que un problema que existe siempre y en todo lugar: el problema de nuestra presencia junto a Cristo, de nuestra intimidad con la auténtica verdad de sus palabras y con el poder de su amor" (Homilía durante la Misa en Le Bourget, 1 de junio de 1980; L'Osservatore Romano, Edición en Lengua Española, 8 de junio de 1980, pág. 16). Hay veces en que el horizonte de la historia se oscurece y el ánimo tiembla ante la terrible potencia del odio y la violencia. Mantened firme la fe en Jesús. El es nuestra paz y conduce los acontecimientos para bien de los que aman a Dios humildemente y le sirven en sus hermanos: "Sed vigilantes —os digo de nuevo con San Pedro—; tened vuestra esperanza completamente puesta en la gracia que os ha traído la revelación de Jesucristo... Conforme a la santidad del que os llamó, sed santos en todo" (1 Pe 1, 13; 15).

4. Queridísimos: Hemos llegado al momento del adiós, cuando descienden las tinieblas de la noche y se encienden las luces de las casas y de la ciudad. ¡Hay que partir!

Dice la tradición que cuando caminaban hacia la colina del martirio, los cristianos de Otranto, intrépidos pero también humanamente angustiados y abatidos, invocaron a María Santísima para que los socorriera y les diera valor. Invocadla también vosotros siempre durante el viaje de vuestra vida para que todos lleguemos a merecer un día la felicidad del cielo, la única para la que hemos sido creados.

La Virgen Santa proteja vuestra ciudad.

Intercedan los mártires por vosotros.

Y os acompañe mi bendición que os imparto de corazón pidiendo la ayuda divina para un porvenir próspero de esta ciudad ilustre y de toda la población de Salento y Pulla.

En recuerdo de este encuentro me complazco en bendecir la imagen de la Virgen de Czestochowa destinada a la nueva iglesia que se está construyendo en el barrio de San Sebastián de esta ciudad.

 

© Copyright 1980 - Libreria Editrice Vaticana

 

 

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