 |
DISCURSO DEL SANTO
PADRE JUAN PABLO II
A LOS REPRESENTANTES DE LA ASOCIACIÓN ITALIANA
DE PADRES DE FAMILIA
Sábado 18 de octubre de 1980
¡Queridos dirigentes y pertenecientes a la Asociación Italiana de Padres de
Familia!
Os doy las gracias por esta visita, que me permite encontrarme personalmente con
vosotros, beneméritos fautores de la promoción de la familia, primaria e
insustituible institución natural, en la cual el hombre nace y se forma,
encontrando en ella todas las premisas que son necesarias para el desarrollo
armónico de su personalidad.
Doy a todos mi cordial bienvenida, mientras expreso mi gratitud a vuestro
presidente por el deferente saludo que, interpretando también vuestros
pensamientos, ha querido dirigirme tan gentilmente.
1. Sé que os habéis congregado en Roma para vuestro congreso nacional, cuyo tema es
precisamente "Familia años 80: sus tareas", me complazco por la elección de este
tema, que se armoniza bien con la amplia y ardua temática que los padres
sinodales están desarrollando en estos días para devolver a la institución
familiar todas esas prerrogativas queridas por el Señor, pero que,
desgraciadamente, hoy son puestas en peligro por ciertas ideologías. También he
examinado la documentación referente a los principios, finalidades y campos de
acción de vuestra Asociación, que tiende a individuar todo lo que concierne al
bien y el interés de los hijos bajo el perfil sicológico, educativo, cultural y
social; quiere contribuir al cumplimiento de la obra educadora de los padres de
familia, con referencia particular a sus responsabilidades en orden a la
instrucción escolar, estimulando la creación de todos esos organismos destinados
a hacer participar a la familia en la vida de la escuela y de la comunidad
social; e intenta intervenir ante las autoridades competentes para proponer las
soluciones más adecuadas a fin de que los padres puedan defender sus propios
derechos con los medios que les son ofrecidos por las instituciones civiles. En
una palabra, vuestro esfuerzo tiende a prestar voz a los padres de familia como
tales, en todos los problemas que conciernen al crecimiento humano y espiritual
de sus hijos, de manera particular en la escuela estatal, frecuentada por la
inmensa mayoría de los jóvenes italianos.
2. He visto con satisfacción todo esto y expreso mi augurio por la actividad y
los métodos que guían vuestros trabajos serios, positivos, importantes y
urgentes. Pero no quiero adentrarme más en estos problemas específicos que, por
otra parte, vosotros ya estáis estudiando.
No puedo, sin embargo, dejar de poner de relieve cómo vuestro congreso ha
concentrado sus intervenciones sobre un aspecto realmente importante de la vida
de vuestra Asociación, es decir el concerniente al papel que ella puede y debe
realizar en el seno de las diversas instituciones, para infundir en ellas esos
reflejos de vida cristiana que les confieran la posibilidad de ser
verdaderamente educativas. Esto significa que vosotros sois realmente
conscientes de la prioridad que la función formativa tiene en el conjunto de
todo el proceso que es propio de las asociaciones juveniles y, de manera
particular, de la escuela. Esta vuestra presencia, activa y generosa, tendente a
desarrollar las relaciones entre familia y escuela en el ámbito de la
participación social, es más que nunca providencial, en un momento en que se
advierte más agudamente su significado. Pues bien, tened siempre un concepto
elevado de vuestro servicio en defensa de los pequeños, de los niños y de la
nueva generación. No os avergoncéis jamás de llamaros cristianos. Esta
cualidad no debilita la fuerza de vuestra función; al contrario, la refuerza y
le confiere su cohesión, su identidad. Pero a condición de que sintáis siempre
en vuestros ánimos la resonancia fortalecedora del nombre cristiano, no sólo
como fuente de fervor interior, sino también como un empeño en la cualificación
rigurosa de la función que cumplís y, al mismo tiempo, un estímulo para
distinguiros en vuestro ambiente por el fiel y leal cumplimiento de todos
vuestros deberes de ciudadanos.
3. Una última exhortación es ésta: Como pertenecientes a vuestra Asociación, que
en pocos años ya actúa en los países de la Comunidad Europea, ¡permaneced
unidos! Mantened compacta la Asociación con vuestra personal adhesión y con la
apertura hacia nuevos socios, sobre todo hacia los matrimonios jóvenes que
tengan los mismos sentimientos en la promoción solidaria de vuestros ideales y
vuestros intereses. De esa manera vuestra presencia en las escuelas, en los
barrios, en los consultorios, se fortalecerá y podrá hacer oír más eficazmente
su voz ante las fuerzas que se inspiran en ideologías contrarias a la familia y
a la auténtica promoción de la persona en su plena y verdadera libertad. Sólo de
esta manera, vosotros, padres y madres, seréis capaces de conseguir que en
vuestras familias, en la escuela, en el mundo del trabajo, en todo momento y
lugar de la vida social, vuestros hijos sean educados, desde la más tierna edad,
en el respeto hacia las personas, las cosas, las opiniones de los demás.
Os deseo que el empeño voluntario que ha caracterizado la formación y la
afirmación de esta Asociación, continúe con incisividad cada vez mayor para
hacer sentir aún más su peso en favor de la familia, que está en el centro de
las atenciones y preocupaciones de la Iglesia.
Que el Señor sea el aliento, el consuelo y el premio de vuestras meritorias
actividades. Con estos votos os imparto de corazón la propiciadora bendición
apostólica, que extiendo de buen grado a vuestras personas queridas y a todos
los pertenecientes a la Asociación.
© Copyright 1980 - Libreria Editrice Vaticana
|