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PALABRAS DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
DURANTE LA INAUGURACIÓN DEL NUEVO «AUDITORIUM»
DE LA PONTIFICIA UNIVERSIDAD URBANIANA
Domingo 19 de octubre de 1980
De muy buen grado he subido hoy aquí, al Janículo, para un encuentro que reviste
evidentes características de la universalidad, ante la presencia de los padres
sinodales venidos a Roma de todas partes del mundo, a fin de estudiar los
problemas de la familia en nuestro tiempo.
Tal encuentro se realiza significativamente en coincidencia con la Jornada
Misionera mundial, instituida con sabia previsión por mi predecesor Pío XI,
justamente denominado el "Papa de las misiones"; jornada que me ha ofrecido la
consoladora ocasión de entregar, en la basílica de San Pedro, el crucifijo a
numerosos misioneros y misioneras, dispuestos, con todo el ardor que la
nobilísima causa exige, a trasladarse al campo todavía amplísimo de la
evangelización.
Subo a esta colina recordando que Pablo VI, mi gran predecesor, realizó también
él, y precisamente coincidiendo con la Jornada Misionera mundial de 1974,
durante el Sínodo de aquel año, ante la presencia de los padres sinodales de
entonces, una memorable visita al Colegio Urbano, tan antiguo y tan glorioso,
justamente para subrayar su providencial, perenne, insustituible función.
Es para mí motivo de especial gozo encontrarme aquí, mientras conservo en el
alma el recuerdo de la visita hecha a la sede del dicasterio en la Plaza de
España el pasado año, dentro del marco de encuentros, directos y personales, con
mis más cercanos y directos colaboradores en los organismos de la Curia Romana.
Hallándome en este nuevo "Auditorium", puedo comprobar con mis ojos que se trata
de una construcción felizmente realizada, con sentido del arte y con criterios
de racional funcionalidad. Es una nueva obra que viene a enriquecer, junto a la
biblioteca recientemente inaugurada y a la cercana sede del ampliado "Foyer
Pablo VI", las estructuras propias de la Pontificia Universidad Urbaniana.
Deseo expresar al sacro dicasterio misionero, y en particular a su activo
Prefecto; toda mi complacencia y reconocimiento.
Formulo por tanto el deseó de que también este nuevo instrumento sea un medio
realmente válido, que la Sagrada Congregación para la Evangelización de los
Pueblos y, en particular, la Pontificia Universidad Urbaniana sepan utilizar con
oportunas iniciativas para continuar las nobles tradiciones que la distinguen.
Precisamente en esta sede, rodeado de los padres sinodales, entre los cuales
muchos cardenales y obispos procedentes de sedes de los continentes donde
todavía se extiende la evangelización misionera, me complazco en manifestar, con
renovada confianza, mi deseo de que dicha Congregación, animada por el mandato
recibido de la Sede Apostólica, sepa adoptar "con acierto una oportuna
flexibilidad de las formas del anuncio del Evangelio para hacer el mensaje
divino, no sólo comprensible, sino aceptable por las poblaciones de cualquier
cultura".
© Copyright 1980 - Libreria Editrice Vaticana
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