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VISITA PASTORAL A CASSINO

DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LOS JÓVENES DE CASSINO


Sábado 20 de septiembre de 1980

 

1. Con íntima alegría me encuentro con vosotros, carísimos jóvenes de Cassino:

La cita con los jóvenes constituye siempre un momento particularmente grato de mis viajes pastorales y se ha convertido en una hermosísima y confortante costumbre. De buen grado os saludaría de uno en uno, pero el tiempo no me permite detenerme mucho y me obliga a limitarme a unas pocas palabras que, sin embargo, os dirijo con todo el corazón.

2. El presidente de la Acción Católica diocesana, interpretando vuestros sentimientos, ha dicho que "los jóvenes desean palabras de certidumbre en el difícil camino de la vida". Pues bien, mi vivo deseo es precisamente el de consolidar vuestra fe y vuestra esperanza. El hombre, en efecto, puede prescindir de muchas cosas, pero no puede prescindir de aquellas certidumbres que solas dan valor y significado a su existencia. Como sabéis bien, la certidumbre nace de la verdad, y la verdad es tal cuando conduce a la vida. Jesucristo es precisamente el camino que conduce a la verdad, y El es "verdadero" porque es la vida y da vida. Todos los hombres están llamados a recorrer este camino; todos nosotros somos discípulos de este Maestro, que tiene palabras de vida eterna.

Los santos han recorrido de manera edificante este camino, y hoy nosotros los recordamos y veneramos como piedras miliares, como signos elevados para el pueblo de Dios. San Benito, de quien celebramos el XV centenario del nacimiento, fue "hombre verdadero" porque supo encontrar en la búsqueda de Dios el significado y la esperanza de su existencia en la sociedad de aquel momento histórico en que acababa una época y nacía otra. El, desde su juventud, no dudó en hacer una elección valiente entre los ofrecimientos de una vida terrena confortable y prometedora, y las supremas exigencias de Dios.

En la historia de la humanidad siempre ha sucedido que, olvidado Dios, se han construido ídolos en su lugar. "Desdichados los que han puesto sus esperanzas en muertos, cuantos llaman dioses a las obras de sus manos" (Sab 13, 10). En efecto, el hombre, si confía en sus fuerzas, es como un ser viviente puesto en una condición de muerte y el mundo no sabe ofrecerle más que perspectivas de muerte: la droga, la violencia, el terrorismo, los atropellos y los consumismos de todo tipo. Lo contrario de todo esto es la vida, el amor, la paz, la alegría, la verdad, el respeto del hombre y de las cosas, es decir, todo aquello que deriva de la fe en Dios y del compromiso cristiano.

Es sobre estos valores donde vosotros los jóvenes debéis pronunciaros y es a estas elecciones hacia donde debéis tender, con el entusiasmo y el empeño característicos de vuestra edad.

3. Me es grato recordaros también a vosotros lo que tuve ocasión de decirles a los jóvenes de Francia en mi encuentro con ellos: "El hombre se realiza a sí mismo solamente en la medida en que sabe imponerse a sí mismo esas exigencias. Aquellas exigencias que Dios mismo le impone... La permisividad moral no hace a los hombres felices. La sociedad de consumo no hace a los hombres felices. No lo ha hecho jamás" (L'Osservatore Romano, Edición en Lengua Española, 15 de junio, pág. 9).

Estoy cerca de todos y cada uno de vosotros con gran afecto, para que sepáis recorrer el único camino verdadero y podáis elegir la única certidumbre, que es Jesucristo, Redentor del hombre. El Os acompaña para que viváis una vida auténticamente humana y cristiana. "Os conforté también mi bendición, que extiendo de corazón a vuestras familias.

 

© Copyright 1980 - Libreria Editrice Vaticana

 

 

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