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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LOS PARTICIPANTES EN LOS JUEGOS INTERNACIONALES
DE MINUSVÁLIDOS
"ROMA 91"

Viernes 3 de abril de 1981

 

Queridos hermanos y hermanas:

1. Me hace feliz tener esta oportunidad de encontrarme con vosotros y, me complazco en que los II Juegos Internacionales de Minusválidos "Roma 81" os hayan traído aquí. Los juegos a que habéis venido muestran clara y prácticamente que las personas minusválidas pueden integrarse y están plenamente integradas en la vida social. Ponen de manifiesto que vivís una vida plena y disfrutáis de sus alegrías.

El deporte no es para vosotros una cuestión de interés económico. No habéis venido a establecer nuevas marcas absolutas en las varias ramas del atletismo. Y sin embargo, vuestra participación en el deporte marca un récord que es mucho más importante desde otros puntos de vista, el récord de superaros a vosotros mismos, el récord de fraternidad universal a través del deporte y el récord de ejercicio de solidaridad con todos los miembros de la familia humana.

2. Por tanto, felicito a todos los que han intervenido en la organización de los juegos. Están comprendidos los Juegos Internacionales "Stoke Mandeville" y la Organización Internacional de Deporte de Minusválidos, el Comité Olímpico Nacional Italiano, la Federación Italiana de Deporte de Minusválidos, y las autoridades de la región del Lacio y de la provincia y ciudad de Roma. Doy la enhorabuena también a los organizadores y participantes en el congreso científico que se celebra coincidiendo con los juegos, sobre problemas médicos, jurídicos y técnicos de los minusválidos. Os felicito a todos por la atención que prestáis a los minusválidos, por las oportunidades que les brindáis de mejorar su vida y porque les infundís esperanza.

3. Me complazco al percibir que cada vez hay mayor sensibilidad hacia las necesidades de los minusválidos. Lo que acrecienta esta sensibilidad y la sostiene es que cada vez es más grande la conciencia del valor y dignidad de la persona humana, que no depende de cualidades secundarias tales como la fuerza o el aspecto físico, sino del hecho fundamental de que el hombre o la mujer son personas, son seres humanos.

4. A esto va vinculada la conciencia del deber de solidaridad con todos los miembros de la familia humana, los cuales tienen derecho a integrarse en las formas varias de la vida de la sociedad. De acuerdo con ello debemos esforzarnos por poner fin a la discriminación no sólo de una raza respecto de la otra, sino también del fuerte y del sano respecto del débil y del enfermo. En un documento publicado a primeros de este mes, la Santa Sede ha puesto de relieve los principios básicos referentes a los minusválidos, que son sujetos humanos plenos y con los derechos correspondientes, a quienes se debe ayudar, de acuerdo con los principios de integración, normalización y personalización, a ocupar su puesto en la sociedad en todos los campos y niveles, según sea compatible con sus condiciones.

5. Es importante que este aumento de conciencia y sensibilización que ahora se da, quede encuadrado en una legislación apropiada, y que cuantos actúan en el campo de la medicina, sicología, sociología y educación, favorezcan la plena integración de la persona minusválida en la sociedad. Pero no es menos importante que se dé el cambio de corazón, la conversión, por parte de todo ciudadano y de todos los grupos de la sociedad, de manera que acepten gustosa y fraternamente la presencia de la persona minusválida en los centros de enseńanza, en el trabajo y en todas las actividades, incluido el deporte.

6. Las personas minusválidas juegan un papel importante en la edificación de una civilización nueva, la civilización del amor, que elimine las barreras sociales, y aporte valores nuevos que no son los de la fuerza, sino los de la humanidad.

7. En Jesucristo hay un mensaje importante para todos los minusválidos, para quienes están a su servicio y también para toda la sociedad en sus relaciones con aquéllos. Jesucristo nos trajo un mensaje que sublima el valor absoluto de la vida y de la persona humana, la cual viene de Dios y está llamada a vivir en comunión con Dios. Este mensaje puede leerse en su vida de amor a los enfermos y a los que sufrían, y de servicio a todos. El mismo mensaje está contenido en las palabras con las que se identificó a Sí mismo con los necesitados y afirmó que sus discípulos deben reconocerse por su servicio amoroso a los pobres y débiles: "Cuantas veces hicisteis eso a uno de estos mis hermanos menores, a mí me lo hicisteis" (Mt 25, 40).

Oro para que este mensaje sea escuchado y se dé viva esperanza a los minusválidos y un amor nuevo invada toda la sociedad.

 

© Copyright 1981 - Libreria Editrice Vaticana

 

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