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ALOCUCIÓN DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
AL FINAL DE LA MISA CELEBRADA POR EL CARD. CASAROLI
PARA LA PEREGRINACIÓN NACIONAL DE LA JUVENTUD IRLANDESA


Castelgandofo
Jueves 27 de agosto de 1981

 

Queridos amigos, hermanos y hermanas en nuestro Señor Jesucristo:

No puedo dejaros marchar sin venir otra vez a veros, sin pasar aunque sólo sea unos momentos en vuestra compañía. Quiero reiteraros una vez más mi amor a vosotros y la confianza que tengo puesta en vosotros y en toda la juventud de Irlanda. El futuro os pertenece; y ahora os encontráis en la etapa en que tomáis las mayores decisiones para vuestro porvenir y el porvenir de los demás.

Gerard y Mona han sellado un compromiso mutuo para el porvenir. Les deseo todo género de bendiciones en su vida juntos. Sé que también vosotros les deseáis toda clase de felicidad. Deseamos que tengan fuerza para poner en práctica siempre, con la ayuda de Dios, el compromiso que han sellado hoy ante Dios y la Iglesia. Y estos deseos nuestros, vuestros y mío, van también a todos los otros aquí presentes que sellarán el mismo compromiso los próximos años.

Pocas decisiones hay que marquen el futuro con una transcendencia comparable al compromiso que asumís en el matrimonio. Cuando prometéis amor, fidelidad y virtud en el matrimonio, hacéis mucho más que ratificar lo que existe ya en vuestros jóvenes corazones en estos momentos; asentáis los fundamentos de una convivencia para toda la vida y de una familia; y el futuro de la Iglesia y de la sociedad civil dependerán en gran parte de lo que se construya sobre tales fundamentos.

Dije en Limerick: "El amor verdadero y la gracia de Dios nunca pueden permitir que el matrimonio se convierta en una relación de dos individuos centrada en sí misma". El amor verdadero es desinteresado. No es acaparador. Supone el mayor respeto posible de la dignidad personal de los otros, de la inviolabilidad de cada vida humana y de la sacralidad de la imagen que Dios grabó en la naturaleza humana cuando creó al hombre, hombre y mujer, y confió a los seres humanos la misión de cooperar en la obra divina de la creación.

Quiero aseguraros que con la ayuda de la gracia de Dios, será la autenticidad del amor la que determine vuestro porvenir, el de vuestra futura familia, el de vuestro país y de la Iglesia. Amor auténtico no es egoísmo en la búsqueda del placer. Sois sal de la tierra, luz del mundo. ¿De qué sirve la sal si no tiene sabor? ¿De qué sirve la luz si está demasiado velada? Quiero que seáis en el futuro la sal mejor, la luz más brillante posible. Quiero que hagáis al mundo más conforme con el designio de Dios sobre él. Cuento con vosotros para ello. Confío en vosotros.

Llevad estas palabras mías a vuestros compañeros de Irlanda, cuando volváis. Decidles que tengo confianza en todos ellos, que les amo a todos. Sea Cristo siempre vuestro ímpetu y vuestra fuerza. Y que la intercesión de su Madre os ayude en todo lo que hacéis. Que la protección de María esté siempre con vosotros. Que Cristo nuestro Señor esté siempre con vosotros.

 

© Copyright 1981 - Libreria Editrice Vaticana

 

 

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