|
ENCUENTRO DEL SANTO
PADRE JUAN PABLO II A UNA DELEGACIÓN DEL SINDICATO INDEPENDIENTE
Y AUTÓNOMO DE POLONIA "SOLIDARIDAD"
Sala del Consistorio
Jueves 15 de enero de 1981
¡Alabado sea Jesucristo!
1. Expreso mi gozo por la visita de hoy de los representantes de
"Solidarnosc" —sindicatos independientes y autónomos— y saludo muy
cordialmente al Sr. Lech Walesa y a todos los que han venido con él. Me alegra
que participe también en este encuentro el Jefe y colaboradores de la delegación
del Gobierno de la República Popular Polaca para los contactos permanentes de
trabajo con la Sede Apostólica.
Os saludo con cordialidad particular en este lugar donde, por causa de mi
ministerio en la Sede de Pedro, se me concede encontrarme con hombres de
distintas naciones, lenguas, razas, países y continentes: con los hombres,
con mis hermanos. En esta fraternidad humana y universal que la Iglesia
proclama en nombre de Jesucristo y dentro del contexto del mensaje evangélico
total, la hermandad que une a los hijos e .hijas de una misma nación tiene su
lugar particular y su derecho particular, porque tiene puesto y derecho especial
en el corazón del hombre.
Os saludo, pues, como a compatriotas míos, a quienes estoy ligado con el vínculo de la lengua y de la cultura, de una misma historia y experiencia, en cuyo
contexto ha nacido y se ha formado a lo largo de muchos siglos la
solidaridad de todos los polacos, constatada sobre todo en los momentos
difíciles y críticos de la historia de nuestra patria.
2. Me regocijo por el hecho de que los acontecimientos de este otoño pasado,
comenzando por las memorables semanas de agosto, han dado ocasión de que quedara
manifiesta esta solidaridad, que atrajo hacia sí la atención de vastos sectores
de la opinión pública de todo el mundo. Todos han subrayado la madurez
de que dio muestras la sociedad polaca —y en particular los trabajadores— al
abordar y resolver los problemas difíciles que se le presentaban en un momento
crítico, para la nación. En el contexto de los acontecimientos que no faltan en
el mundo de hoy y en los que con tanta frecuencia el modo de actuar llega hasta
la violencia y la prepotencia, en el contexto del terror que actúa en distintos
países y no ahorra vidas de hombres inocentes, precisamente este modo de actuar
ajeno a la violencia y la prepotencia, y que busca la solución por caminos de
diálogo mutuo y de motivaciones fundamentales, teniendo en cuenta el bien común,
honra por una parte a los representantes del mundo del trabajo del litoral, de
Silesia y de las otras regiones del país —que están asociados actualmente en
"Solidarnosc"—; y por otra, a los representantes de las autoridades estatales de Polonia.
Deseo deciros —si bien supongo que ya lo sabréis— que a lo largo de este período
difícil he estado con vosotros de modo muy especial, sobre todo a través de la
oración y también manifestándolo de vez en cuando todo lo discretamente posible
y, a la vez, de manera bastante comprensible para vosotros y para todos los
hombres de buena voluntad.
3. He acogido con alegría la noticia de que con la aprobación del estatuto del
sindicato libre "Solidarnosc" el 10 de noviembre de 1980, el sindicato se
ha convertido en organización autorizada a ejercer la actividad que le
corresponde en el territorio de nuestra patria. La creación del sindicato libre
es un acontecimiento de gran importancia. Es una manifestación de la
disponibilidad de todos los hombres del trabajo de Polonia —que ejercen varias
profesiones, incluidas las de "pensamiento" y también los agricultores— a asumir
responsabilidad solidaria en la dignidad y productividad del trabajo
realizado en nuestra tierra natal en tantas y tan diferentes ramas de actividad.
Indica, además, que no existe contradicción —porque no debe existir— entre
tal iniciativa social autónoma. de los trabajadores y las estructuras del
sistema que se entroncan con el trabajo humano y el valor fundamental de la
vida social y estatal.
El trabajo es el esfuerzo del hombre. Es la actividad consciente y personal del
hombre; es su aportación a la gran obra de las generaciones, la obra del
mantenimiento y progreso de la humanidad, de las naciones y las familias. Es
evidente que los hombres que desempeñan un trabajo determinado tienen derecho
a asociarse libremente por razón de dicho trabajo, a fin de que se les
garanticen todos los bienes a los que el trabajo debe enderezarse. Se trata de
uno de los derechos fundamentales de la persona, del derecho del hombre en
cuanto sujeto propio del trabajo que "dominando" la tierra (por usar palabras
bíblicas) cabalmente por medio del trabajo; quiere al mismo tiempo que en el
ambiente de trabajo y en la relación con éste, la vida humana en la tierra "sea
verdaderamente humana" y "cada vez más humana" (como leemos en los textos del
último Concilio).
4. Los sindicatos tienen una historia bastante larga ya en los distintos países
de Europa y del mundo. Tienen su historia también en Polonia. En el discurso que
sin duda recordaréis, porque lo pronunció inmediatamente después de la
aprobación de vuestros estatutos, lo recordaba el cardenal Wyszynski,
primado de Polonia, excelente conocedor de los problemas sindicales del período
de tiempo comprendido entre las dos guerras mundiales.
5. Pienso, queridos señores y señoras, que sois plenamente conscientes de los
deberes que se os presentan en "Solidarnosc". Son deberes de enorme importancia.
Se refieren a la necesidad de que queden plenamente garantizadas la
dignidad y eficiencia del trabajo humano a través del respeto de todos los
derechos personales, familiares y sociales de cada hombre, el cual es agente de
trabajo. En este sentido dichos deberes tienen un significado fundamental para
la vida de toda la sociedad, de la nación entera, para su bien común.
Pues el bien común de la sociedad se reduce a estas preguntas: ¿Qué es la
sociedad? ¿Qué es el hombre? ¿Cómo vive? ¿Cómo trabaja?
Por ello vuestra actividad autónoma hace y debe hacer siempre referencia clara a
la moralidad social en su totalidad. Primeramente a la moralidad en el campo de
trabajo a las relaciones entre el obrero y el que le proporciona el trabajo;
pero también en tantos otros campos de la moral: personal, familiar, ambiental,
profesional, política. Pienso que en la base de la iniciativa vuestra, que nació
en las semanas de agosto en el litoral y en otras ciudades polacas que. son
grandes centros de trabajo, hubo un impulso, colectivo por la
elevación de la moral de la sociedad. Porque sin ésta no se puede, ni hablar
siquiera de progreso verdadero —y Polonia tiene derecho al progreso verdadero,
derecho que poseen igualmente todas las demás naciones—; y al mismo tiempo
tiene derecho particular en cierto modo, porque se lo ha ganado con las grandes
pruebas de su historia y recientemente con los sufrimientos de la segunda guerra
mundial.
6. Ciertamente se trata aquí y se tratará siempre de un problema puramente
interno de todos los polacos. El esfuerzo de las semanas de otoño no iba
contra nadie, ni tampoco va contra nadie el enorme esfuerzo que tenéis en perspectiva.
No va contra... está enderezado exclusivamente al bien común. Emprender
tal esfuerzo es derecho y, más aún, ¡deber! de toda sociedad, de toda nación. Es
un derecho confirmado por todo el código de la vida internacional. Sabemos que
los polacos se han visto privados de este derecho precisamente a lo largo de la
historia y más de una vez. Y ello, sin embargo, no nos ha hecho perder la
costumbre de tener confianza en la Divina Providencia y estar comenzando de
nuevo continuamente. Entra en el interés de la paz y del orden jurídico
internacional el que Polonia goce plenamente de este derecho. La opinión pública
mundial está convencida de la sensatez de esta actitud.
La actividad de los sindicatos no tiene carácter político, no debe
ser instrumentalizado por nadie, por ningún partido político, con objeto de que se
centre exclusivamente y de manera plenamente autónoma en el gran bien social del
trabajo humano y de los trabajadores.
7. Mis queridos visitantes: En este encuentro de hoy deseo presentaros mis
augurios. Son muchos, si bien dos más en especial.
Ante todo, os deseo que prosigáis con paz y constancia vuestra actividad,
dictada por motivos tan importantes de naturaleza social y dejándoos guiar por
la justicia y el amor, dejándoos guiar por el bien de nuestra patria.
Después, el segundo deseo. Os acompañe siempre la misma valentía que caracterizó
al principio vuestra iniciativa, pero también la misma prudencia y moderación.
Lo exigen precisamente el bien y la paz de nuestra patria. Como lo ha dicho en
el discurso citado y en otras ocasiones el cardenal Wyszynski. En el desempeño
de esta tarea que habéis asumido conscientemente, tratáis de prestar un servicio
histórico al bien de esta patria y también al de todas las naciones del mundo.
Esto es lo que os deseo y por lo que no ceso de rezar a Dios por intercesión de
la Señora de Jasna Góra, Madre de los polacos.
© Copyright 1981 - Libreria Editrice Vaticana
|