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ALOCUCIÓN DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
AL COMITÉ NACIONAL ITALIANO PARA LAS CELEBRACIONES
DEL XV CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE SAN BENITO


Lunes 26 de enero de 1981

 

¡Venerados hermanos e ilustres señores!

Es para mí motivo de gran alegría acogeros hoy en audiencia a vosotros, representantes del Comité nacional para las celebraciones del XV centenario del nacimiento de San Benito Abad y de su hermana Santa Escolástica, al finalizar el año jubilar que os ha visto empeñados en la noble tarea de cuidar la digna celebración del significativo acontecimiento.

Os agradezco sinceramente esta visita; de manera particular expreso mi viva gratitud al señor Rolando Picchioni, presidente del comité, quien, interpretando también vuestros sentimientos, me ha dirigido tan amables palabras.

1. Vuestra presencia reaviva en mi mente y en mi corazón las recogidas asambleas de fe y de oración, y los encuentros con todos esos fieles, sobre todo con los jóvenes, que he podido ver durante mis peregrinaciones a los lugares consagrados por la presencia y por el paso del gran Patriarca de Occidente: en Nursia, su ciudad natal; en Montecassino, casa madre del monaquisino benedictino; en Subiaco, donde el Santo transcurrió la mayor parte de su vida eremítica y cenobial.

En gran parte, el mérito del éxito de estas manifestaciones hay que atribuirlo también a la obra diligente de este comité, que, coordinando las actividades de los varios dicasterios del Gobierno, de las academias nacionales y de cualificados centros culturales, interesados por distintos motivos en el acontecimiento, ha dado una contribución notable para un mejor conocimiento del mensaje espiritual y social dejado en consigna por el Santo. En este cuadro entra la promoción de oportunas y loables iniciativas, como la restauración de monumentos benedictinos en Subiaco y Montecassino; la transmisión, por parte de la radio y la televisión italiana, de programas apropiados; la organización de asambleas, conferencias, debates y mesas redondas a nivel tanto científico como divulgativo; una apreciable emisión filatélica, que honra las tradiciones artísticas y religiosas italianas. Y todo esto, gracias también a la buena mediación de los medios de comunicación social que ha realizado el Ministerio de Turismo y del Espectáculo, aquí dignamente representado.

2. Pero ahora que el año benedictino ha terminado, os expreso el deseo de que todos estos esfuerzos, destinados esencialmente a la necesaria animación cristiana de la sociedad —cosa que formó el acicate de San Benito— no terminen aquí, sino que todo lo que habéis hecho os sirva de estímulo para iniciativas siempre nuevas, dirigidas a ilustrar la civilización cristiana. Es verdad que se concluye una solemnidad peculiar, pero los ideales que ella ha recordado y proclamado deben permanecer, deben ser profundizados en todos sus aspectos, sobre todo porque vivimos en un momento histórico en que se siente más urgente que nunca la necesidad de un regreso a los valores insustituibles de la espiritualidad, de la unidad y de la paz: y éstos son ideales sobre los que se centra todo el admirable tejido de ese áureo librillo que es la regla de San Benito. Por eso él tiene mucho que decir y que dar a los hombres de hoy. De manera particular, el futuro de Europa dependerá de cómo sepa seguir asimilando e interiorizando el espíritu benedictino, que un tiempo supo forjarla y unirla con la cruz y con el arado, y con el relativo lema emblemático: "Ora et labora". Todo esto sigue siendo fundamental para la construcción de la sociedad. Y es fermento animador también y sobre todo en el actual esfuerzo para la unificación, hoy tan suspirada, de Europa.

3. Todos vosotros sabéis con cuánta satisfacción ha sido recibido el ingreso de Grecia en el Mercado Común Europeo: es un hecho importante no sólo por sus aspectos económicos y sociales, sino también por los religiosos y culturales, porque la cultura griega, junto con la romana, forma el otro pilar del alma europea. Con respecto a esto, al terminar el año de San Benito, que veneramos como Patrono de Europa, he querido poner a su lado, como Copatronos de este antiguo continente, a los Santos Cirilo y Metodio que, nacidos en Salónica, "ponen de relieve no sólo la aportación de la antigua cultura griega, sino la irradiación de la Iglesia de Constantinopla y de la tradición oriental, tan profundamente enraizada en la espiritualidad y en la cultura de tantos pueblos y naciones de la parte oriental del continente europeo" (Carta Apostólica Egregiae virtutis, 5; L'Osservatore Romano, Edición en Lengua Española, 11 de enero de 1981, pág. 2). Que los dos hermanos, apóstoles de los pueblos eslavos, nos ayuden a entender las exigencias de las naciones eslavas, que constituyen gran parte de Europa y que aspiran también ellas a entrar plenamente a formar parte del concierto de las familias europeas.

4. En cuanto a vosotros, carísimos hermanos, ruego al Señor para que permanezcan en vuestros corazones la satisfacción por el trabajo cumplido y el conocimiento de los frutos que de él han derivado a lo largo de este año. Que tales beneficios puedan multiplicarse y crecer florecientes, en esta nuestra querida Europa cristiana.

Es éste el augurio que con gran afecto dirijo a cada uno de vosotros y de vuestras personas queridas y que, en prenda de las mayores recompensas celestiales. confirmo de buen grado con mi bendición apostólica.

 

© Copyright 1981 - Libreria Editrice Vaticana

 

 

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