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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
DURANTE SU VISITA A LA PONTIFICIA UNIVERSIDAD SALESIANA


Sábado 31 de enero de 1981

 

Venerados hermanos y queridísimos hijos:

1. A la alegría que habéis querido manifestar al recibirme, abriendo vuestra casa y vuestros corazones, correspondo con igual gozo, hecho más límpido y vivo al coincidir hoy con la fiesta de vuestro inspirador y padre, San Juan Bosco, al que podríamos llamar también fundador de la Pontificia Universidad Salesiana. Efectivamente, de él, insigne modelo de santidad y de sabiduría cristiana, toma vuestro Instituto impulso singular y alimento espiritual, para la propia misión en el campo de los estudios y para su organización práctica.

El conjunto de iniciativas y de empresas apostólicas, que han brotado del carisma peculiar del Santo, llamadas "Obras de Don Bosco", son un don del Espíritu a la Iglesia. Para ser, pues, realmente fieles a sí mismas, deben vivir y actuar con profunda conciencia eclesial, para lograr el encuentro de la Iglesia con el hombre de hoy, y especialmente con la juventud de hoy, haciéndose para ellos camino hacia Cristo y el Padre.

2. Animado por esta visión y sostenido por idéntico amor a la Iglesia, os dirijo hoy a todos afectuosos saludos. Deseo saludar, ante todo, al cardenal William Baum, Prefecto de la Sagrada Congregación para la Educación Católica, y a su inmediato colaborador, mons. Antonio Javierre, que ha sido, durante varios años, rector de esta Universidad. Con igual intensidad de sentimiento saludo también al reverendísimo rector mayor de la Sociedad Salesiana, al rector magnífico de la Universidad, a todo el cuerpo académico, a los alumnos y alumnas.

Os digo a todos: Tened conciencia viva de la tarea eclesial primaria de vuestra Universidad.

Se lo digo en particular a los salesianos que aquí trabajan y a los que aquí realizan sus estudios, como también a todos los demás estudiantes y colaboradores: eclesiásticos, religiosos, religiosas, laicos y laicas. En este sentido deseo atraer la atención también de esa porción de estudiantes que, aunque no pertenece a la Iglesia católica, encuentran aquí, en el nombre de ella y en virtud de ella, una acogida calurosa, una sincera y leal amistad, un espacio auténtico y un instrumento válido para sus estudios y para su preparación a la vida.

3. El rector, en sus amables palabras de saludo, ha dicho que vuestro Instituto de altos estudios es "una pequeña universidad, la última que ha llegado" al coro de las Universidades Eclesiásticas Romanas.

Efectivamente, acerca de vuestra Universidad es más justo hablar de crónica, que de historia, pues tan joven es su existencia. "Las casas de formación", fundadas por Don Bosco, se convirtieron con el tiempo en centros internacionales. En 1940, tres de ellos obtuvieron el estatuto de facultades eclesiásticas, respectivamente de teología, derecho canónico y filosofía, orgánicamente insertadas en el Pontificio Ateneo Salesiano. El Instituto de pedagogía, que existía desde el comienzo, también llegó a madurez académica y a autonomía jurídica en 1961, como facultad de ciencias de la educación. En 1971, el "Pontificium Institutum Altioris Latinitatis" quedó encuadrado en el Ateneo como "facultad de literatura cristiana y clásica". Finalmente, el 24 de mayo de 1973, con el Motu proprio "Magisterium vitae", el Papa Pablo VI promovió el Ateneo a Pontificia Universidad Salesiana. Por esto, es jovencísima y, como los jóvenes, está abierta a la vida y proyectada hacia el futuro.

En efecto, toda semilla es siempre pequeña, pero rica de promesas. Lo que importa es que sea vital, y se desarrolle en una planta de frutos buenos y abundantes. Que sea vuestro compromiso hacer que se conviertan ciertamente en sólidas realidades las muchas esperanzas que se han confiado a vuestra Institución.

Mi visita de hoy quiere ser expresión del afecto, del aprecio y de la solicitud que siento hacia vuestra Universidad. El Papa está muy interesado en el feliz éxito de este centro de estudios en la Iglesia y para la Iglesia.

En la reciente Constitución "Sapientia christiana", se incluye una disposición que establece la obligación para las Conferencias Episcopales de "promover con solicitud la vida y progreso de las Universidades y Facultades Eclesiásticas, dada su peculiar importancia eclesial" (art. 4). El Papa considera como su apremiante y dulce deber visitar los Ateneos Romanos. Después del encuentro con las Pontificias Universidades Gregoriana, "Angelicum", Lateranense, Urbaniana, heme ahora aquí en la Universidad Salesiana para traer mi aportación a vuestro desarrollo, promoviendo la realización de las directrices y de las orientaciones de la normativa eclesiástica, y en particular de la mencionada Constitución "Sapientia christiana".

Os invito, pues, a meditar, en particular, el proemio, que delinea el espíritu informador y basilar del Documento: esto es, la llamada a formular incesantemente una síntesis vital de las ciencias y de la praxis humanas con los valores religiosos, de manera que toda la cultura esté penetrada y unificada por ellos.

Llamada a formular constantemente una síntesis vital de las ciencias y de la praxis humanas con los valores religiosos

4. Quisiera advertir que vuestra Universidad se halla en una situación particularmente privilegiada para esta tarea. Efectivamente, la característica propia de ella es la que fluye del carisma de San Juan Bosco, es decir, la promoción del hombre integral, esto es, la formación intelectual, moral y social de la juventud, realizada a la luz del Evangelio. Vuestro santo fundador no tuvo temor de definir la esencia de su obra con estas precisas palabras: "Esta Sociedad era desde el comienzo un simple catecismo" (Memorie biografiche, 9, 61), confirmando este programa en el reglamento para el Oratorio.

En armonía consecuente con esta visión, las constituciones de los salesianos establecen: "La actividad evangelizadora y catequística es la dimensión fundamental de nuestra misión. Como salesianos somos todos y en toda ocasión educadores de la fe" (art. 20). Don Pietro Ricaldone, después, venerado sucesor de Don Bosco, al pedir la erección de las facultades del Ateneo salesiano, delineó claramente sus finalidades con estas palabras: "Preparar cada vez mejor a los salesianos para la alta misión de educadores según el sistema preventivo que nos dejó en herencia preciosa nuestro fundador".

Siempre en el marco de este planteamiento, los últimos dos capítulos generales de los salesianos han emanado esta declaración solemne y programática:

"Los salesianos, consagrados al servicio de los jóvenes, especialmente de los más pobres, para ser entre ellos presencia eficaz del amor de Dios, consideran la catequesis juvenil como la primera actividad del apostolado salesiano; esto exige ciertamente reflexión y reorganización de todas las obras en función predominante de la formación del hombre en la fe".

Es claro que la Pontificia Universidad Salesiana, sin detrimento para su carácter de Instituto de estudios superiores, está llamada a potenciar su función evangelizadora, en clave específicamente "catequética".

Vivid, pues, esta vocación típicamente salesiana en favor del hombre de hoy y en particular de la juventud. Podría sintetizarse en una frase programática, que incluso privilegiando —como es normal en una estructura universitaria— la esfera del conocimiento, sin embargo, comprenda todo el proyecto de vuestra Universidad: "Conocer a Dios en el hombre y conocer al hombre en Dios". Lo que, más en concreto, lleva consigo, "conocer a Cristo en el hombre y conocer al hombre en Cristo".

5. Es, pues, obvio que vuestro trabajo debe desarrollarse con una orientación sustancialmente teocéntrica y cristocéntrica, para convertirse después en trabajo auténticamente antropocéntrico. No se trata de cerrarse en la ciudadela del estudio, dejando que el mundo recorra sus caminos, sino más bien de subir, como vigilantes centinelas, a la torre de la fe, aprovechándose de todos los auxilios de la ciencia, para indagar, bajo una luz superior y verdaderamente divina, en el camino presente y en la suerte del hombre, para intervenir oportuna y eficazmente en su ayuda, impulsando a todos, en cuanto sea posible, a un encuentro determinante con la Verdad que ilumina y que salva al hombre y a su historia.

Como he aludido antes, la promoción del hombre integral entra en la misión específica de la Pontificia Universidad Salesiana. En ella está la facultad de ciencias de la educación, la cual caracteriza notablemente a todo el Ateneo; facultad que se podría definir como expresión del carisma propio de los hijos y de las hijas de Don Bosco, teniendo tal facultad la tarea de profundizar en esas ciencias que tienen como objeto al hombre. A nadie pasa inadvertido que hoy se han desarrollado humanismos cerrados en visiones puramente económicas, biológicas y sicológicas del hombre, con la consiguiente insuficiencia para penetrar en el misterio del hombre mismo. Impulsar esta penetración forma parte de la misión específica de esta benemérita Universidad.

6. Encaminándome ya a la conclusión de mis palabras, deseo en particular exhortaros a tener vivo y profundo el sentido de la responsabilidad eclesial, como nota esencial de vuestra tarea. Este sentido de responsabilidad representa la nota distintiva de un Ateneo católico, llamado a formar a los estudiantes, sacerdotes y laicos, a fin de que sean maestros calificados de la enseñanza de Cristo, según el mandato: "Id y enseñad a todas las gentes, bautizándolas..., y enseñándoles a observar todo cuanto yo os he mandado" (Mt 28, 19-20). En la práctica, una actitud responsable ante la Iglesia lleva consigo lealtad hacia la Sede Apostólica, hacia la sagrada jerarquía, hacia el Pueblo de Dios, y para vosotros, sobre todo, hacia los jóvenes que anhelan el conocimiento cierto de la verdad. Ellos tienen el derecho de no ser turbados por hipótesis o por tomas de posición aventuradas, que aún no tienen la capacidad de juzgar (cf. Pablo VI: AAS 1977, pág. 589). ¡Ved qué campo tan inmenso de reflexión, de donación y de aplicación se abre ante todos y ante cada uno!

Efectivamente, el camino ordinario de la salvación está constituido por el conocimiento del mensaje de Cristo, transmitido íntegro y operante por la Iglesia, y está constituido también por su realización concreta mediante la observancia de la ley moral, natural y revelada. Vuestro estudio universitario debe profundizar en las distintas ciencias, y particularmente en el conocimiento del hombre con su historia y con su sicología; debe interpretar de modo actualizado y sensible las exigencias y los problemas de la sociedad moderna, pero teniendo presente, por encima de todo, que la Verdad viene de lo alto, y que la ciencia auténtica debe ir constantemente acompañada por la humildad de la razón, por el sentido de la adoración y de la oración, por la ascética de la propia santificación personal.

De esta actitud orgánica y lineal deriva, para un Instituto eclesiástico de estudios superiores, la necesidad de tener como punto de referencia el conocimiento del dato revelado como marco de conjunto, organizador y crítico a un tiempo. Sólo dentro de él deberá realizarse la actividad de investigación y de enseñanza, de modo que el necesario diálogo entre las varias disciplinas y las diversas estructuras universitarias sirva para iluminar correctamente los contenidos de la fe con las aportaciones de las ciencias humanistas y de las ciencias del hombre, dando, a la vez, a éstas la posibilidad de ejercitar una atención constante, profunda y no casual a los interrogantes y a las aportaciones de las ciencias teológicas. A este propósito afirma el Concilio Vaticano II: "Los que se dedican a las ciencias teológicas en los seminarios y universidades, empéñense en colaborar con los hombres versados en las otras materias, poniendo en común sus energías y puntos de vista. La investigación teológica siga profundizando en la verdad revelada sin perder contacto con su tiempo, a fin de facilitar a los hombres cultos en los diversos ramos del saber un más pleno conocimiento de la fe" (Gaudium et spes, 62).

A la luz del ideal de verdad y de amor que animó a Don Bosco, se podrá continuar el diálogo con el mundo moderno, el diálogo con cada persona, un diálogo constructivo, elevador y transformante, que testimonie la certeza de la fe y que esté ansioso de llevar a todos a Cristo "Redentor del hombre".

7. Dejo a vuestra reflexión, queridísimos hijos e hijas, estos pensamientos. Los confío ante todo a las autoridades académicas y al cuerpo docente, pero los confío también a todos vosotros, alumnos y alumnas, porque, en la comunidad universitaria, sólo la cooperación de todos los miembros a un mismo fin y con idéntico espíritu puede construir realmente algo válido y estable.

Que os ilumine el Padre de las misericordias por medio de Cristo, Hijo de su amor, os sostenga el Espíritu de caridad, y os sirva de consuelo la intercesión de la Virgen Auxiliadora y de su fiel servidor, San Juan Bosco.

Os acompañe mi cordial bendición.

 

© Copyright 1981 - Libreria Editrice Vaticana

 

 

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