The Holy See
back up
Search
riga

DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LA FEDERACIÓN DE ORGANISMOS CRISTIANOS
DE SERVICIO INTERNACIONAL VOLUNTARIO


Sábado 31 de enero de 1981

 

1. Con sentimientos de viva alegría me dirijo a vosotros, jóvenes, hombres y mujeres, responsables y miembros de la Federación de Organismos cristianos de servicio internacional voluntario.

En una sociedad de la que tan a menudo se han puesto de relieve las sombras y las manifestaciones deteriores, vosotros me ofrecéis el testimonio de la permanencia de vivaces y genuinas energías espirituales. He comprobado con placer el número elevado de organismos que confluyen en vuestra Federación: según la última documentación que he tenido, son 34, cada uno con su fisonomía particular, sus características y su propio campo de acción. Algunos de ellos han realizado una experiencia de adelantados en el sector de los servicios voluntarios: otros se han formado luego en el clima eclesial suscitado por el Concilio Vaticano II.

¿Cómo puede extrañarnos el hecho de que en las comunidades cristianas, cuando son juvenilmente vivas y pujantes, germinen, como sobre un terreno privilegiado de cultivo, grupos de voluntarios, deseosos de ponerse al servicio de la fraternidad universal para la construcción de un mundo más justo y más humano, según el próvido designio de Dios? En efecto, el voluntariado es como el signo y la expresión de la caridad evangélica, que es don gratuito y desinteresado de sí mismo al prójimo, sobre todo a los más pobres y más necesitados. En una sociedad dominada por el deseo de tener y de poseer para consumir, vosotros habéis hecho una elección típicamente cristiana: la de la primacía del dar. Es en el misterio de la libre y total donación de Cristo al Padre y a los hermanos donde vuestro voluntariado tiene su fuente y encuentra su más alto y convincente modelo. Cristo "dio su vida por nosotros" —escribe el Apóstol San Juan; que de esta comprobación saca la consecuencia—: "y nosotros debemos dar nuestra vida por nuestros hermanos" (1 Jn 3, 16). Convertidos en discípulos e imitadores de Cristo, vosotros os ponéis al servicio de los hermanos no sólo para realizar la justicia social, sino impulsados en primer lugar por "esa fuerza más profunda que es el amor" (Dives in misericordia, 12).

Debe ser precisamente esta dimensión de fe y de caridad la que cualifique vuestra opción y confiera una huella totalmente especial a vuestro proyecto de vida y a vuestro estilo de acción de voluntarios cristianos. Querría invitaros a profundizar y a interiorizar en la meditación, en la oración, en la celebración eucarística, en una continua conversión a los valores evangélicos: ésta es la motivación fundamental que debe estar y permanecer en la base de vuestras elecciones. De ella podéis sacar siempre nueva inspiración y nuevas energías creativas. De tal manera, vuestra opción de vida no nacerá de un vacío existencia! para ir hacia una evasión, sino que brotará de una plenitud espiritual para orientarse hacia la construcción del Reino de Dios.

2. Animados por este ideal, unos 500 miembros de organismos de vuestra Federación han dejado su comunidad de origen, la familia, la patria, los amigos, una situación confortable, y se han ido, como enviados de una Iglesia local, para compartir la existencia, los problemas, las angustias y las aspiraciones de los hermanos de Asia, de África, de América Latina. Se han puesto al servicio de hombres, mujeres y niños pobres, hambrientos, que sufren en el cuerpo y en el espíritu, que carecen de acceso a la instrucción, a veces humillados en su misma dignidad humana.

Su ideal es también vuestro ideal. Vosotros no queréis exportar ideologías o imponer modelos culturales. Miráis con simpatía y amor al hombre en su ser concreto y en la verdadera y total realidad de su ser y de su destino. Vuestra misión es favorecer una toma de conciencia de la dignidad humana y cristiana integral, que promueva un proceso de maduración de la comunidad en la que os insertáis.

El cristiano no reduce este desarrollo sólo a la dimensión económica, social, cultural y política, por importante que sea. En efecto, si la actividad quedara limitada a este plano, sería insuficiente y correría el riesgo de resultar ambigua. En el horizonte de la fe que os ha hecho descubrir en Cristo lo que es el ser humano y cuáles son sus exigencias y su fin supremo, vosotros desempeñáis vuestra misión al servicio del hombre en su totalidad de ser material y al mismo tiempo de sujeto trascendente, criatura de Dios, redimido por Cristo, llamado a la comunión de vida con Dios y a la fraternidad universal, sobre el fundamento de la justicia y del amor.

3. Sacar a la luz el contenido y el fin de vuestra misión significa exponer sus títulos de nobleza, de belleza y de magnanimidad. Pero precisamente porque el servicio voluntario cristiano internacional es una misión elevada, no se puede ocultar que también es difícil, exigente, expuesto a riesgos.

Quien lo afronta debe estar, por tanto, provisto de específica competencia profesional y técnica, y sobre todo debe poder contar con una personalidad madura. No se pueden improvisar "voluntarios" sólo sobre las alas del entusiasmo, sin las necesarias y comprobadas cualidades de carácter. En efecto, tal servicio exige espíritu de pobreza, capacidad de prestar la propia obra sin ostentación, mas con discreta y cordial amistad. Requiere también entrenamiento en el sacrificio, actitud de escucha, sensibilidad ante los valores culturales y espirituales del ambiente, prudencia en los juicios, discernimiento en las elecciones, testimonio de vida auténticamente cristiana. Sólo con estas condiciones será posible ayudar a los hermanos y a las comunidades a que "crezcan", hasta convertirse en protagonistas de su historia.

De todo esto se ve lo necesario que es un adecuado tiempo de formación y lo cuidada que debe ser ésta. También se ve la exigencia de realizar elecciones inteligentes y prudentes, cuando se trata de enviar voluntarios en misión, teniendo en cuenta no sólo los deseos, riño también la preparación específica, las cualidades y el temperamento de las personas, como también las características dd lugar y del puesto de servicio.

El campo que se abre ante vuestra solercia es amplísimo. Al exhortaros a que perseveréis generosamente en los compromisos adquiridos, confío cada uno de vosotros y todos los organismos de la Federación a María, Madre de la Iglesia. Que la Virgen Santísima os acompañe con su maternal intercesión y su ejemplo en el camino de vuestro servicio voluntario y lo haga gozoso para vosotros, fructífero para la Iglesia, ejemplar para él mundo. Sobre todos invoco abundantes favores celestiales, en prenda de los cuales os imparto a vosotros y a cuantos militan en vuestras organizaciones la propiciadora bendición apostólica.

 

© Copyright 1981 - Libreria Editrice Vaticana

 

 

top