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MENSAJE TELEVISIVO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LOS ENFERMOS CONGREGADOS EN LOURDES
Martes
21 de julio de 1981
Queridos hermanos que sufrís,
queridos minusválidos,
amados enfermos que habéis
acudido al Congreso Eucarístico:
Mi pensamiento afectuoso y mi oración llegan al conjunto de los congresistas que
están junto a la gruta de Lourdes, y llegan a vosotros por una razón totalmente
particular.
Lourdes es el lugar santo en el que los enfermos que van de todo el mundo,
servidos por sus hermanos que gozan de salud, ocupan siempre la primera fila,
con el fin de presentar su prueba a la compasión de nuestra Madre, la Virgen
María, a la misericordia de Cristo Jesús; y regresan luego a sus casas
confortados con el consuelo que viene de Dios.
Vosotros estáis en el centro del Congreso que celebra la presencia real de
Cristo bajo el humilde signo del pan, de Cristo que sufrió y ofreció su pasión
para entrar en la vida y abrirnos su reino.
Vosotros sois siempre, plenamente, miembros de la Iglesia; no sólo comulgáis
como los demás con el Cuerpo del Señor, sino que en vuestra carne comulgáis con
la pasión de Cristo. Vuestros sufrimientos no se pierden, sino que contribuyen de forma
visible al crecimiento de la caridad que anima a la Iglesia. El sacramento de la
unción de los enfermos os une especialmente a Cristo mediante el perdón de
vuestros pecados, con el fin de confortar vuestra alma y vuestro cuerpo,
acrecentando en vosotros la esperanza del reino de luz y de vida que Cristo os
promete.
Cuando me encontraba con enfermos, en Roma o en mis viajes, me gustaba siempre
detenerme ante cada uno de ellos, escucharlos, bendecirlos para darles a
entender que cada uno de ellos es objeto del afecto de Dios. Así actuaba Jesús.
Dios ha permitido que también yo mismo pruebe en estos momentos en mi propia
carne el sufrimiento y la debilidad. Así me siento mucho más cercano a vosotros. Comprendo así mucho mejor vuestra prueba.
"Completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, por su cuerpo
que es la Iglesia" (Col 1, 24). Os invito a ofrecer conmigo esta prueba al Señor, que por medio de
la cruz realiza cosas grandes; os invito a ofrecerla para que toda la Iglesia
conozca por la Eucaristía una renovación de fe y de caridad; para que el mundo
conozca el beneficio del perdón, de la paz y del amor.
¡Que Nuestra Señora de Lourdes mantenga viva vuestra esperanza!
Bendigo a todos los que os sostienen con su amistad y cuidados, al mismo tiempo
que reciben de vosotros una ayuda espiritual.
Y os bendigo a vosotros con todo mi afecto, en el nombre del Padre y del Hijo y
del Espíritu Santo.
© Copyright 1981 - Libreria Editrice Vaticana
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