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VISITA PASTORAL A TERNI

PALABRAS IMPROVISADAS DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
EN LA REUNIÓN EXTRAORDINARIA DEL CONSEJO DE EMPRESA


Complejo siderúrgico de Terni
Jueves 19 de marzo de 1981

 

Estoy muy contento de reunirme con vuestro grupo, con vuestro consejo que representa a los obreros; pues el elemento principal de una fábrica y de toda empresa humana es siempre el trabajo. Los que representáis el trabajo tenéis siempre la prioridad. Hay que hacer constar que trabajan no sólo los que lo hacen con las manos, sino también los que lo hacen con el entendimiento y pertenecen a la clase dirigente, claro está, pero en sentido especial. El trabajo os pertenece a vosotros, a esta representación de la fábrica o, mejor, de un complejo como el vuestro en el que podemos decir que los amos son los trabajadores.

No quiero adelantar lo que diré después, pero al pasar por las instalaciones varias, he parangonado la vuestra a la fábrica en que trabajé yo algún tiempo. Era distinta, no hay duda, pues era fábrica química; pero parecida, ya que era fábrica también. Han pasado bastantes años desde aquel tiempo, y este ambiente humano me ha parecido ciertamente semejante, semejante y distinto, porque si bien son semejantes todos los trabajadores del mundo, mis compatriotas tenían preocupaciones algo distintas y muy graves, sobre todo en la época en que yo trabajé, que era la de la guerra y la ocupación. Al pasar ahora por los distintos sectores y al hablar con los obreros, he visto que lo que más les preocupa es la inseguridad del trabajo; la seguridad está condicionada por mecanismos económicos, por la demanda y por los mismos productos del complejo industrial: si baja la demanda, hay falta de trabajo. A lo mejor vosotros tenéis ya una solución, pero no hay duda de que el problema es complejo. Comprendo vuestras preocupaciones y las comparto. Sé que en el fondo de la preocupación por falta de trabajo está la preocupación de padre de familia que tiene una grave responsabilidad personal, y la preocupación está justificada. Estas son consideraciones generales, pues es obvio que en las dos horas de esta visita no se puede descender a particularidades, pero la primera impresión que me da vuestro ambiente de trabajo es ésta. Existen preocupaciones que están relacionadas con la situación económica nacional y hasta quizá internacional, pues la producción industrial tiene dimensión mundial, que es favorable o desfavorable según las situaciones. Esta es mi primera impresión fundamental. No sé si es exacta. No sé qué responderéis a esta pregunta mía de si es exacta.

Podemos pasar a otros problemas ahora, ¿os parece?

(A continuación, en un diálogo abierto de los obreros con el Papa, se sucedieron las intervenciones de un representante del consejo de empresa y de varios trabajadores)

Os agradezco las palabras que habéis pronunciado y que me han aclarado aún más la situación vuestra. No es fácil responderos. Se necesita competencia especifica. Pero en el terreno de los principios y desde un punto de vista social y ético a un tiempo, como los ha profesado la Iglesia desde los tiempos de León XIII por lo menos, los trabajadores son quienes hacen la industria, son el elemento principal del trabajo; no son un instrumento, sino la razón principal de toda industria, de toda producción. ¿Por qué? Porque son hombres, personas y no instrumentos como lo son las máquinas. En cuanto agentes de la producción y causa principal de la producción, no hay duda de que tienen también derecho al fruto del trabajo; lo que quiere decir salario justo, sí, pero también cierta participación en la gerencia de la fábrica y en los réditos. ¿No es así?

Tendría que coger un diccionario para estudiar loa términos técnicos, especialmente con referencia a cuanto se produce en vuestra fábrica, términos de uso diario para vosotros, pero no para mí. Pero el principio está claro. Y estoy contento asimismo por lo que he oído de vuestra lucha y en especial por las características de esta lucha. Como Pastor de la Iglesia debo decir lucha por la justicia, sí, pero hay que tener cuidado de que esta lucha por la justicia no se convierta contra las personas, contra los grupos. Lucha por la justicia que es característica de la clase obrera. Desde hace algún tiempo ha ido creciendo la sensibilidad por la justicia y la lucha vinculada a tal justicia. De ella hay referencia en el Evangelio, y la enseñanza de la Iglesia no puede ser diferente. La Iglesia desea un mundo justo, cada vez más justo; y cuantos participan en dicho esfuerzo están en sintonía con el Evangelio y la doctrina cristiana.

Y ahora, para resumir las tres intervenciones: Ya lo habéis comprendido y lo habéis puesto de relieve, os diré que mi misión no es cambiar la situación política, por ejemplo, porque lo propio de la misión de la Iglesia es de orden ético, moral. Desde este punto de vista sí puedo afrontar vuestros problemas. Respecto de la pregunta sobre si he sentido tentación de ser sindicalista cuando era obrero, he de decir que sentí la vocación sacerdotal y la seguí. Claro que la situación era muy particular. Eran tiempos de guerra, de ocupación. De todos modos pienso que es una vocación muy hermosa la de ayudar a sus hermanos, a los compañeros, es una vocación cristiana si bien yo no la he sentido. Otros la han sentido. Por ejemplo en estos últimos tiempos se ha hablado de las huelgas de Polonia, y allí se ven vocaciones de sindicalistas, por ejemplo la de mi compatriota Lech Walesa. Ya veis cómo distribuye la Providencia las vocaciones y da a cada uno la suya. Yo sentí la vocación sacerdotal en el tiempo de la guerra, cuando la vida estaba continuamente amenazada; porque así era, así era... Y al sentir esta vocación nunca pensé que me iba a conducir hasta mi ministerio de ahora; esto no lo pensé nunca. Ahora debo decir que bendigo a la Providencia porque me ofreció aquella oportunidad cuando era obrero. Bendigo a la Providencia. Ser obrero, ser trabajador manual en los años de la guerra, ha sido una grada especial para mi. Conocí esta vida, conocí al hombre, y en aquella experiencia compartida con otros obreros de profesión —mi situación era particular— aprendí a tener una actitud especial para con estas personas y para con el mundo del trabajo, y a considerar este mundo como realidad constituida precisamente por personas. Conocí la realidad de su vida, la humanidad profunda de esta vida, con los vicios y pecados de unos y de otros, claro está. Conocí la humanidad profunda de esta vida sencilla, dura y difícil; y cuando abandoné la fábrica para seguir mi vocación, toda la vida he llevado conmigo esta experiencia, y no sólo de su aspecto técnico —yo no era muy aficionado a la técnica— sino sobre todo del aspecto humano. Algunos hacen notar que mis Mensajes y Encíclicas están muy centradas en el hombre. Pienso que ello deriva de mi experiencia de obrero, de mis contactos con el mundo del trabajo. Muchos obreros han seguido siendo amigos míos. El hecho de que yo siguiera otro camino fue para ellos sorpresa sólo en parte, pues en cierto modo se lo esperaban. Esta experiencia me ha quedado en la memoria y también el recuerdo de mis compañeros de trabajo, de los obreros de aquella fábrica cercana a Cracovia donde trabajé.

En respuesta a la última pregunta sobre el regalo que me habéis hecho, os digo que es preciosísimo para mi por varios motivos. Sobre todo porque representa a la Virgen de Czestochowa, que es todo un símbolo para mi pueblo, un pueblo de historia difícil y de vida aún más difícil; la Virgen de Czestochowa representa algo que está en el corazón de todo polaco. Además hay otro motivo que hace alusión a vuestro ambiente; con este don habéis querido expresar vuestros sentimientos hacia el Papa. Me habéis ofrecido un relieve muy bonito y felicito al escultor. Está hecha con material salido de vuestra fábrica, y éste es el segundo motivo por el que me ha gustado tanto. Y el tercer motivo es que representa vuestro trabajo, el trabajo del hombre. Son motivos diferentes y convergentes a la vez. Os doy las gracias.

Ahora me resultaría interesante conocer cómo está formado vuestro consejo y su modo de actuar. Pero es problema técnico y para ello se necesitaría una visita de una semana.

Os deseo que lleguen a buen término los esfuerzos que hacéis para que vuestro trabajo sea más seguro y vuestra condición más respetada y más provechosa para el bien de la sociedad.

 

© Copyright 1981 - Libreria Editrice Vaticana

 

 

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