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ENCUENTRO DE L SANTO PADRE JUAN PABLO II
CON DIVERSOS GRUPOS DE PEREGRINOS


Sábado 2 de mayo de 1981

 

En el clima de gozo pascual y del canto del Aleluya que resuena todavía en nuestras iglesias y en nuestros corazones en estos días siguientes al gran domingo de Resurrección, me hace particularmente feliz recibir en esta sala a los miembros del consejo nacional de la Asociación "San Pablo" para los Oratorios y Círculos juveniles, juntamente con los participantes en el congreso de la Federación de Asociaciones de farmacéuticos italianos, a peregrinos de varias parroquias y a algunos grupos de estudiantes que han aprovechado estos días para venir a ver al Papa y visitar Roma.

1. Bienvenidos seáis todos. Sabed que os recibo con gran afecto. Mirándoos a los ojos veo que se ha establecido entre vosotros y yo una relación de comunión espiritual que se expresa en una misma fe, una misma caridad y una misma alegría. Os doy sinceramente las gracias de todo ello.

Pero como la mayoría de los presentes en este encuentro está constituido por la Asociación de Oratorios y Círculos juveniles, les dirijo a ellos en primer lugar la palabra para alentar este Movimiento que, renovando de acuerdo con las exigencias modernas el espíritu de los Oratorios, se hace notar por su presencia eficiente y ofrece respuesta concreta y global a las nuevas demandas de muchos jóvenes. En el discurso de Pablo VI —de siempre venerada memoria— con el que aprobó y bendijo la incipiente institución, quiso indicar los objetivos nobles y ennoblecedores del Oratorio, y yo me complazco en recordároslos. "El Oratorio —decía en 1964— es palestra de fuerzas morales y religiosas empleadas con intencionalidad directa y sabia y con rendimiento tendente al grado máximo; es escuela de bondad y piedad; es laboratorio de conciencias jóvenes: es entrenamiento para los grandes deberes de la vida; es urdimbre de buenas amistades que luego darán al conjunto social su cohesión más estrecha y sólida; es auténtico vivero de hombres sanos, honrados, inteligentes y activos; es estupendo fenómeno de pueblo" (Insegnanienti di Paolo VI. II, 1964, pág. 81).

2. Queridísimos socios animadores: A esta luz debe cobrar fuerza y orientación toda vuestra labor educadora entre los muchachos y jóvenes pertenecientes al ANSPI. Siguiendo el ejemplo de San Felipe Neri y de San Juan Bosco, librad a los muchachos y jóvenes de ocasiones deseducadoras invitándoles a vivir en las instituciones de Oratorios experiencias de oración, de catequesis, de juego, como otros tantos momentos de formación integral. Es sabido que después de la iniciación a los sacramentos de la Eucaristía y Confirmación, muchos muchachos y jóvenes se sustraen a la acción pedagógica de la parroquia y corren el riesgo de verse abandonados a sí mismos, si no intervienen estructuras adecuadas tales como los Oratorios y los Círculos juveniles, para ofrecerles de modo sistemático y estable incentivos que les hagan sentir las exigencias vitales de la formación continua y completa, no sólo litúrgica y catequética, sino también lúdica y deportiva.

Todos los educadores, tanto religiosos como seglares, están llamados a esta misión pedagógica. Tratándose de la juventud, no se ha de ahorrar esfuerzo ninguno que pueda conducirles a un nivel de auténtica promoción humana y cristiana, a través de una verdadera y completa evangelización.

. 3. Ya vosotros, queridísimos chicos y jóvenes de los Oratorios, os digo con las palabras del Concilio: "La Iglesia os mira con confianza y amor... Esta posee lo que constituye la fuerza y el encanto de la juventud: la facultad de alegrarse con lo que comienza, de darse sin recompensa, de renovarse y partir de nuevo hacia otras conquistas. Miradla y veréis en ella el rostro de Cristo, héroe verdadero, humilde y sabio. Profeta de la verdad y del amor, compañero y amigo de los jóvenes" (Mensaje del Concilio a los jóvenes). Descubrid el rostro de Cristo en vuestro Oratorio y en vuestro Círculo juvenil a través de la oración, la frecuencia de sacramentos, el canto sagrado, la expansión alegre y fraterna, el deporte y el turismo. Sed muchachos que se empeñen de verdad, jóvenes libres del aburrimiento, del escepticismo y de toda forma de egoísmo. Seguid dando pruebas de generosidad y solidaridad con los necesitados, como lo habéis hecho ejemplarmente en los trágicos sucesos del terremoto de noviembre pasado, aliviando a las personas damnificadas y colaborando en la reconstrucción de las estructuras recreativas y deportivas de los Círculos y Oratorios afectados por el terremoto, en laudable colaboración con la Cáritas y con las comunidades parroquiales. Pero en este año, dedicado al minusválido, os exhorto a hacer sentir vuestra presencia humana y cristiana en tantos chicos de vuestra edad menos afortunados que vosotros. Con vuestro generoso y eficiente esfuerzo actuad de modo que no se sientan marginados, sino ayudados y alentados a entrar en los lugares normales de estudio, oración, trabajo, distracción y participación social, y a sentirse interlocutores responsables y protagonistas de su inserción en la comunidad social y eclesial. Actuando así llegaréis a estar verdaderamente cercanos a todo hombre, pero con opción preferencia! por los más débiles y necesitados; y sabréis ver en cada hombre, sea cual fuere su situación física y síquica, un hijo de Dios inundado de los dones misteriosos de la gracia y un hermano vuestro más necesitado de ser apreciado y valorado.

Os ayude el Señor Jesús por intercesión de vuestro patrono celestial San Pablo Apóstol y de San Felipe Neri, padre y fundador de los Oratorios italianos, en vuestra obra providencial de animación cristiana de los Oratorios y Círculos juveniles italianos.

4. Y ahora dirijo un cordial saludo a los miembros de la Federación de Asociaciones de farmacéuticos italianos, presentes en la audiencia con sus familias.

Ilustres y queridos señores: La visita de personas dedicadas a una profesión tan alta y cualificada como es la de farmacéutico, levanta en mi ánimo sentimientos de estima y admiración, y también de complacencia e interés ante la ocasión que se me brinda de hablar con personas tan distinguidas y preparadas. Pero al recibiros no tengo intención de entrar en vuestro terreno científico; no tendría tiempo ni competencia específica; pero deseo recordar, aunque sea fugazmente, el interés y atención que pone la Iglesia constantemente en la investigación científica en todos los campos a que ésta dirige los objetivos.

Y lo hago no sólo para admirar su excelencia y reconocer sus méritos, sino también para señalar sus finalidades al servicio del hombre. Pues la ciencia de la farmacia, al igual que toda otra ciencia, no encuentra su fin en sí misma, sino que halla su razón de ser en la promoción del hombre. Es sierva del hombre, que es rey de la creación, según una antigua definición bien experimentada. Precisamente a este propósito afirma el Apóstol Pablo en la primera Carta a los Corintios: "Todo es vuestro; y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios" (1 Cor 3, 22).

De este espíritu de servicio dimana el anhelo que debe animar a todo operador sanitario a nivel de investigación pura y de confección y distribución de medicamentos, en la promoción del bien verdadero del hombre y en la salvaguarda de su salud y de la vida. El farmacéutico, en particular, es y debe ser el profesional de la salud. Estando en contacto continuo., con los ciudadanos, puede y debe hacer de educador, informador y promotor de la conciencia sanitaria con su consejo profesional oportuno sobre el consumo de preparados medicinales.

Y de aquí deducís las formidables responsabilidades e inmensos problemas morales que comporta vuestra actuación, para que la farmacia desempeñe con lealtad y nobleza de propósitos su delicada misión.

El Señor os ayude en vuestro benemérito servicio sanitario. Por mi parte oro al Señor, que se hizo medicina por nuestra salvación, que ilumine y premie a cuantos de vosotros dedican su inteligencia y actividad con buenos intentos y buenos procedimientos a esta ardua tarea humanitaria, a la vez que doy a todos muy de corazón la propiciadora bendición apostólica, extensiva a vuestros seres queridos.

Añado unas palabras en francés para saludar en particular a un grupo del Consejo de Notarios de la región de Champagne-Ardennes y también a los dirigentes y responsables comerciales del grupo de Seguros nacionales de Francia. {Bienvenidos seáis! Os deseo el gozo de descubrir los*9arios rostros de Roma en esta maravillosa primavera. Os ayudo Dios en vuestras responsabilidades familiares y profesionales. Y bendiga a cuantos amáis.

 

© Copyright 1981 - Libreria Editrice Vaticana

 

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