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SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS

DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
EN EL CEMENTERIO DE "CAMPO VERANO" DE ROMA


Domingo 1 de noviembre de 1981

 

Al encontrarme en el umbral de este cementerio romano donde hoy vienen, de visita innumerables fieles de nuestra ciudad, deseo recordar las palabras de Cristo en el sermón de la montaña, que nos hace leer la liturgia de la solemnidad de Todos los Santos:

"Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.

Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra.

Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.

Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados.

Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los 'Hijos de Dios'.

Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.

Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo" (Mt 5. 3-12).

Las ocho bienaventuranzas son el código evangélico de la santidad, en el cual se inspiraron y al cual se mantuvieron fíeles hasta el fin todos aquellos a quienes la Iglesia recuerda hoy con tanta veneración y amor.

Que para todos nuestros hermanos y hermanas, que descansan en este Campo Verano y en todos los cementerios de la Urbe y del Orbe, las palabras de Cristo en el sermón de la montaña se conviertan en la Buena Nueva de la eterna salvación.

Que sea de ellos el Reino de los cielos.

Que lo posean como una "Tierra prometida".

Que gocen la alegría eterna.

Que estén saciados en su hambre y sed de justicia.

Que sean llamados eternamente hijos de Dios.

Que vean a Dios cara a cara.

Que su alegría y su felicidad sean plenas y sin límites.

Oremos: "Oh Dios, gloria de los fíeles y vida de los justos, nosotros, los redimidos por la muerte y resurrección de tu Hijo, te pedimos que acojas con bondad a nuestros hermanos difuntos, y pues creyeron en la resurrección futura, merezcan alcanzar los gozos de la eterna bienaventuranza. Por Cristo nuestro Señor".

Ahora celebraré la Santa Misa en la basílica de San Lorenzo Extramuros, contigua al Campo Verano, haciendo al mismo tiempo la visita pastoral a la parroquia.

Los sacerdotes de Roma que están aquí para recordar a los difuntos de cada una de las parroquias de nuestra ciudad, concelebrarán conmigo la Eucaristía.

 

© Copyright 1981 Libreria Editrice Vaticana   

 

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