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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
AL COLEGIO DE DEFENSA DE LA OTAN*

Lunes 1 de febrero de 1982

 

Queridos amigos:

1. Es un placer daros una vez más la bienvenida al Vaticano, como miembros del Colegio de Defensa de la OTAN, acompañados de vuestras familias. Agradezco la oportunidad de saludaros y de haceros algunas breves consideraciones. Como en el pasado, así también este año me siento impulsado a hablaros sobre la paz, ya que, en virtud de las oportunidades que se os brindan para el estudio y el diálogo, tenéis una particular contribución que dar a la gran obra de la paz.

2. Los acontecimientos de estos meses pasados han hecho al mundo cada vez más consciente de los complejos obstáculos que continúan dificultando los sinceros esfuerzos para instaurar la justicia y la armonía en la sociedad de hoy. Es cierto que nuestro mundo está atormentado por divisiones y tensiones, por la opresión y el derramamiento de sangre, terribles realidades tan profundamente enraizadas y extendidas que algunos de nuestros hermanos y hermanas desesperan de que la paz sea alguna vez lograda. Sencillamente, han perdido la esperanza. Pero nosotros no podemos rendirnos al fatalismo y la desesperación. En efecto, debemos responder a esta situación con constante esperanza e infatigable esfuerzo. La paz es posible. Puede ser lograda. Nosotros, que somos creyentes, estamos convencidos de esta verdad porque sabemos por la fe que Dios es el fundamento de la paz. Él desea instaurar la paz en todas las naciones, entre todos los pueblos y en todos los corazones humanos.

3. Por divino designio, sin embargo, Dios no realiza la paz independientemente de1 hombre, sino precisamente en continua cooperación con él. La paz es un don que Dios nos ha confiado. Como expuse recientemente en mi Mensaje para la «Jornada mundial de la Paz»: “Si la paz es un don, el hombre jamás está dispensado de su responsabilidad de buscarla y de hacer lo posible por establecerla a través de la historia. El don divino de la paz es, pues, siempre a la vez una conquista y una realización humana, porque es propuesto al hombre para ser recibido libremente y lo pone en práctica progresivamente con su voluntad creadora” (L’Osservatore Romano, Edición en Lengua Española, 27 de diciembre de 1981, pág. 7). Y puesto que la paz no sólo es un don de Dios, sino también una conquista y logro humanos, constituye una meta hacia la cual creyentes y no creyentes por igual — de hecho todos los hombres de buena voluntad — pueden caminar uniendo sus esfuerzos y colaborando en la construcción de un mundo mejor.

4. Al encontrarnos hoy me alegra recordar la reciente liberación del General James Dozier de su cautiverio. Su liberación fue un momento de gran alegría para muchas personas que habían esperado y orado por su libertad. Esto nos ha dado nuevas razones para creer que el azote del terrorismo puede ser erradicado. Y ha renovado nuestra convicción en que los métodos no-violentos son uno de los medios para lograr reformas sociales y políticas muy duraderas en cualquier país.

Como miembros del Colegio de Defensa de la OTAN, que vuestras actividades estén siempre motivadas por una honda confianza en la posibilidad de la paz y por un profundo respeto a la dignidad de toda persona humana. Ruego para que Dios Todopoderoso os asista en todos vuestros esfuerzos en orden a construir un futuro marcado por la armonía, la justicia y la paz. Que Dios os bendiga a vosotros y a vuestras familias.


*L'Osservatore Romano, edición semanal en lengua española, n.7 p.17.

 

© Copyright 1982 - Libreria Editrice Vaticana

 

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