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VIAJE APOSTÓLICO
A NIGERIA, BENÍN, GABÓN Y GUINEA ECUATORIAL

DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
AL PRESIDENTE DE NIGERIA*

Viernes 12 de febrero de 1982

 

Señor Presidente:

1. Me siento profundamente agradecido por las amables palabras que me ha dirigido; con ellas me da una calurosa bienvenida a su país en nombre de todos los ciudadanos de Nigeria. Me permito expresar los sentimientos que llenan mi corazón en estos momentos citando vuestro poema Wakar Nigeriya: «¡Gracias a Dios que nos colocó entre las gentes de Nigeria!». Estas palabras que han recitado tantos de vuestros camaradas y ciudadanos, pueden expresar muy bien los fuertes lazos que me unen ahora con toda la nación. Como usted, deseo dar las gracias al Dios Omnipotente por haberme concedido encontrarme hoy en Nigeria y por esta visita, largamente esperada, a la gente de esta gran nación.

Le doy también las gracias, Señor Presidente, por la invitación que me envió. Que, al hacerlo, usted hablaba en nombre de toda Nigeria, se ha puesto ya de manifiesto en la entusiasta acogida que estoy recibiendo de la gente. Le ruego que, hoy más que antes, me consideréis uno más entre vosotros, pues de hecho vengo a vuestro país como un amigo y un hermano de todos sus habitantes.

2. En esta mi segunda visita a África, deseo insistir sobre el carácter esencialmente religioso de mi viaje, que comienza propiamente en Nigeria. Vengo a confirmar en sus empeños pastorales a mis hermanos en el Episcopado, los cuales me cursaron también una cordial invitación; vengo a compartir con mis hermanos los católicos momentos de oración y de celebración comunitaria. Vengo a confesar con los demás cristianos, y con mis hermanas y hermanos de otras confesiones, nuestra fe común en la bondad y misericordia del Dios Omnipotente. Mi mensaje es de paz y amor, de fraternidad y fe. De fe en Dios, ciertamente, pero también de fe en la humanidad, de confianza en las maravillosas posibilidades de cada hombre, mujer o niño.

Y así, mi encuentro aquí con ustedes, Señor Presidente y con los líderes del Gobierno, es algo más que la observancia de una mera práctica de cortesía, la cual hace posible que el huésped agradezca, como es debido, a quienes le invitan, la generosa hospitalidad de que es objeto y la buena voluntad mostrada por todas las autoridades ante las exigencias de organización requeridas por esta visita. En sus respectivos campos, la comunidad política y la Iglesia son autónomas e independientes, pero su común preocupación por el hombre las une y les invita a la colaboración en orden al bienestar de todos.

3. Por eso, pienso que es conveniente expresarle a usted, Señor Presidente, a los líderes del Gobierno, y también a todas las gentes de este gran país, la profunda estima por lo que el pueblo nigeriano ha realizado, frecuentemente, con sufrimiento y sacrificio, desde su independencia hace ya más de dos décadas. Experimento una profunda alegría viendo cómo Nigeria, junto con numerosas naciones de África, ha accedido a la plena soberanía nacional y es capaz de afrontar su futuro según la riqueza del propio genio, de acuerdo con su propia cultura y en consonancia con su propio sentido de Dios y de los valores espirituales. Estoy convencido de que toda África, cuando logre dirigir sus propios asuntos sin estar sujeta a interferencias y presiones de poderes y grupos de fuera, no sólo asombrará al resto del mundo con sus realizaciones, sino que será capaz de compartir su sabiduría, su sentido de la vida, su veneración a Dios, con otros continentes y naciones, estableciendo así ese intercambio y colaboración que, dentro del mutuo respeto, son necesarios para el verdadero progreso de toda la Humanidad.

Por eso, rindo homenaje a la importante contribución que la nación nigeriana ha dado y está dando en primer lugar al continente africano. Ustedes defienden con valentía la libertad política y el derecho de todos los pueblos a la autodeterminación. No ahorran esfuerzos para lograr que desaparezca toda discriminación contra los pueblos a causa de su color, raza, lenguaje o situación social. Han ofrecido ayuda a los países más necesitados y abogan por las fraternales relaciones y la colaboración económica entre las naciones africanas. Nigeria es admirada por llevar la delantera en la promoción de una política magnánima para recibir y asistir a refugiados y para ayudarlos a restablecerse a través de la humana repatriación o mediante programas que mejoren su suerte. Y ustedes han dado a otros países un ejemplo de cómo se reconcilian hermanos que han tenido serias desavenencias. Con la consolidación de la unidad nacional dentro de la propia nación, están fortaleciendo la unidad de África; a su vez, esta actividad constituye la piedra angular de la responsabilidad de Nigeria para con África y el mundo. Actuando colectivamente en la organización de una colaboración pan-africana, están contribuyendo a que la voz de África sea cada vez más oída en el Comité de Naciones, y están promoviendo también la solidaridad internacional entre todos los pueblos del mundo.

5. Nigeria ha sido bendecida por el Creador con un rico potencial humano y con una riqueza natural. Tales dones, recibidos con humilde gratitud, constituyen un constante reto, pues los bienes de este mundo han sido dados por cl Creador para el provecho de todos. Las autoridades públicas están encargadas de la sagrada misión de encauzar estas riquezas para el mejor beneficio del pueblo, esto es, para la mejora y para el futuro de todos. Igualmente se necesita proteger la tierra, el mar, el agua y el aire de la polución y de los estragos del desarrollo industrial, precisamente para proteger la dignidad y el dominio del hombre. He sido también informado, Señor Presidente, de que su Gobierno Federal y las autoridades del Estado dan prioridad a la vivienda, a la educación y a los servicios sociales. Ojalá que estos espléndidos objetivos redunden realmente en bien de innumerables individuos y de toda la sociedad. Aliento de corazón a todos los encargados del bienestar de sus hermanos los hombres, a hacer de la persona humana el verdadero criterio de todos los esfuerzos por el desarrollo. Los proyectos de desarrollo deben tener siempre un rostro humano. No pueden ser reducidos a un empeño puramente económico y materialista. La persona humana debe ser siempre la medida de las posibilidades y del éxito de un programa económico o social. El progreso por esto no puede ir separado de la dignidad de la persona humana ni del respeto a sus derechos fundamentales. En aras del progreso, del progreso total, ha de ser rechazado todo aquello que es indigno de la libertad y de los derechos humanos del individuo o de todo el pueblo. Así, hay que rechazar elementos tales como la corrupción, el soborno, el apropiamiento de fondos públicos, la opresión del débil, la insensibilidad hacia el pobre y el impedido. Participación en la vida política del país, libertad de religión, de lenguaje, de asociación, protección del sistema judicial para su buen funcionamiento, respeto y promoción de los valores espirituales y culturales, amor a la verdad: éstos son los elementos para un progreso verdadero y plenamente humano. No dudo que las autoridades y el pueblo de Nigeria están bien percatados de estos retos y valores. Confío en que trabajarán siempre juntos para conseguir el auténtico desarrollo social y económico del país, que va íntimamente unido a la cuestión de la dignidad humana.

6. Señor Presidente, el suyo es un país de promesa, un país de esperanza. En sus esfuerzos por el desarrollo, se halla también sujeto a las presiones que a menudo surgen de demandas conflictivas y de la enorme magnitud de la tarea. Entre los problemas que plantea el proceso de desarrollo está una urbanización desproporcionada que puede crear condiciones de suburbio, situando a los desheredados y a los menos afortunados al margen de la sociedad, uniendo privación y pobreza a crimen y pérdida de valores morales. Solamente los esfuerzos unidos de todos los ciudadanos bajo un liderazgo iluminador puede superar dificultades como ésta. Solamente la armonización de todas las fuerzas hacia el bien común, en un auténtico respeto de los supremos valores del espíritu, hará a una nación grande y una morada feliz para sus gentes. La gloria del Gobierno es el bienestar, la paz y la alegría de los gobernados. Ésta es la visión de esperanza que hoy comparto con ustedes. Éste es mi deseo para usted, Señor Presidente, para ustedes, dirigentes del Gobierno. Esta es mi oración por todo el amado pueblo de Nigeria. Ésta es mi oración al omnipotente y misericordioso Dios.


*L'Osservatore Romano, edición semanal en lengua española, n. 8, p.3.

 

© Copyright 1982 - Libreria Editrice Vaticana

 

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