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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
 AL SR. JOHN KAMAU KIMANI
EMBAJADOR DE LA REPÚBLICA DE KENIA
ANTE LA SANTA SEDE*

Lunes 5 de julio de 1982

 

Señor Embajador:

Aprecio vivamente los sentimientos que acaba de expresar como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de la República de Kenia ante la Santa Sede. Le agradezco que sea portador de los amables saludos de su Presidente, el honorable Daniel Toroitich Arap Moi, junto con los del Gobierno y todo el pueblo de Kenia. En respuesta, le asegure de la seguridad de mis mejores deseos.

Tengo recuerdos felices de mi visita pastoral a Kenia, hace dos años. Desde el momento de mi llegada a su País experimenté una extraordinaria efusión de hospitalidad y cariño, cualidades que son características de su pueblo. La alegría de estar con los miembros de la Iglesia Católica en Kenia y la oportunidad de saludar a su Presidente y a muchos de sus compatriotas confirmaron, de manera muy personal, las calurosas y cordiales relaciones entre la Santa Sede y su Nación. La celebración del Congreso Eucarístico Internacional será, como siempre, un sello de la libertad y el respeto de que goza la Iglesia en su País. Aprecio su referencia al papel que ha jugado la Iglesia en el apoyo a los esfuerzos por el desarrollo en Kenia. Siguiendo la doctrina de nuestro Señor Jesucristo, la Iglesia enseña que cada hombre, mujer y niño está dotado por Dios de una dignidad única que sirve de fundamento para todo auténtico desarrollo humano. Es en esta promoción de la dignidad -en Kenia y a través de todo el mundo- donde la Iglesia emprende iniciativas en los campos de la educación, de la sanidad y de otras áreas del compromiso social. Ella desea continuar colaborando con su Gobierno en la promoción y mejora del bienestar del pueblo de Kenia.

Sé que usted es consciente de la delicada misión de preservar y construir la paz en el mundo de hoy, asignada a cada nación. En realidad podemos comparar al mundo con el conjunto de un pueblo en el que las tensiones que afectan a uno de sus miembros apremian a los demás. Donde las relaciones entre personas están marcadas por la discriminación de raza origen, cultura, sexo o religión, allí se va amenazada la realización de cada miembro de la familia humana. Por el contrario, donde se garantiza la libertad de conciencia y se observan las exigencias de justicia y de amor social, allí se da una positiva contribución al desarrollo humano. A este respecto, nos anima saber que su País desea apoyar estos principios que ennoblecen a la persona humana. Que su Nación se adhiera siempre a estos ideales de justicia y de respeto de los Derechos Humanos, consagrados en su Constitución.

Excelencia, pido a Dios Todopoderoso que bendiga su misión ante la Santa Sede con mucho éxito. Pido a Dios que conceda a todos los ciudadanos de Kenia la paz y el bienestar en abundancia.


*L'Osservatore Romano, edición semanal en lengua española, n. 36, p.9.

 

© Copyright 1982 - Libreria Editrice Vaticana

 

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