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VIAJE APOSTÓLICO A ESPAÑA 

DISCURSO DEL PAPA JUAN PABLO II 
A LOS CRISTIANOS DE OTRAS CONFESIONES EN ESPAÑA

Madrid, miércoles 3 de noviembre de 1982

 

1. El texto de la Carta a los Efesios (Eph. 4, 1-6) que acabamos de escuchar es, queridos hermanos, una exhortación a vivir la solicitud cristiana por la unidad en el amor.

Os saludo con gran afecto a vosotros, cristianos de otras Confesiones que, en España, os proponéis seguir el Evangelio de Jesucristo. La común profesión de este nombre hace de nosotros verdaderos hermanos. Al comienzo de nuestro encuentro de hoy evoco las palabras del Salmo: “Ved cuán bueno y deleitoso es convivir juntos los hermanos” (Ps. 132, 1). 

En mi visita pastoral a España, como acostumbro hacer en mis viajes apostólicos, no he querido dejar de ponerme en contacto con vosotros, para orar juntos y para compartir nuestros afanes por la restauración de la unidad entre todos los cristianos. Desde el comienzo de mi pontificado, la causa del ecumenismo ha sido, y siempre es, uno de mis objetivos primordiales.

2. Tenemos estrechos vínculos comunes fundamentales en la Biblia, Palabra de Dios, en la fe apostólica que profesamos en los grandes Símbolos y que se hace vida en el bautismo. La profundización en la sacramentalidad bautismal descubre ante nosotros perspectivas extraordinariamente positivas en el camino de la plena unidad (Cfr. Unitatis Redintegratio, 22).  Y la oración por la unidad, hecha en cada una de nuestras comunidades, o también, cuando fuera posibles en fraterna unión de corazones, ¿no es el mejor medio para atraer sobre el compromiso ecuménico el Espíritu de concordia, que transforma nuestras voluntades y las hace dóciles a su inspiración?

Cada área geográfica tiene su propia historia religiosa, y las actividades ecuménicas tienen, en los diversos lugares, características distintas y peculiares. La configuración histórica de vuestro pueblo español hace que la tarea ecuménica tenga aquí matices especiales. Es ostensible el desequilibrio numérico entre los católicos y los cristianos de otras Iglesias y Comunidades. Pero el problema de la división en España, y su eventual solución, no se pueden desconectar de ese mismo problema y los intentos ya realizados para solucionarlo tal como ellos se presentan a nivel universal. Es muy importante para todo el quehacer ecuménico que, en esta nación de mayoría católica, sean fraternas las relaciones entre todos los que llevan el nombre de cristianos.

3. Sé que, por razones históricas bien conocidas, habéis sufrido en el pasado para poder mantener las convicciones de vuestra conciencia. Gracias a Dios, aquella situación ha sido superada, dando lugar a un progresivo acercamiento mutuo, basado en la verdad y en la caridad. Es conveniente seguir purificando la memoria del pasado, para lanzarse hacia un futuro de mutua comprensión y colaboración. Vuestra presencia en este acto demuestra claramente que estáis actuando en esa dirección.

Conozco —y estoy sumamente complacido de ello— que existen diversas formas de colaboración en España entre la Iglesia católica y las demás Iglesias y Comunidades. El Comité cristiano interconfesional que, por parte católica, ha sido siempre alentado por la comisión episcopal de Relaciones interconfesionales, se ha ocupado de cuestiones vivas y actuales que interesan a todos los cristianos: objeción de conciencia, problemática de los matrimonios mixtos, libertad religiosa, derecho a la libertad de enseñanza, organización y promoción de las Semanas de oración, la edición interconfesional del Nuevo Testamento en castellano —un trabajo admirable— y otras. Es menester continuar esforzándose por el cumplimiento del deseo del Señor, manifestado en la última Cena: que todos sean una sola cosa, para que el mundo crea (Cfr. Io. 17, 21). 

4. Gracias por vuestra presencia, y mi saludo fraterno a todos los hermanos y hermanas a quienes representáis. Pido al Señor ardientemente que todos estemos “firmes en un mismo espíritu, luchando a una por la fe del Evangelio” (Phil. 1, 27) para gloria de la Santa Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

 

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