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DISCURSO DEL PAPA JUAN PABLO II
A LOS PARTICIPANTES EN UN SIMPOSIO
SOBRE LA PASTORAL FAMILIAR EN EUROPA

Viernes 26 de noviembre de 1982

 

Señor cardenal,
queridos hermanos y hermanas:

Permitidme ante lodo manifestaros la alegría que tengo al recibiros hoy, a vosotros que habéis venido de diferentes países de Europa y que compartís conmigo una preocupación que llevo tan en el corazón, que se refiere al futuro de la familia en nuestro continente.

1. El objeto de vuestras reflexiones en estas jornadas de estudio, dedicadas a la pastoral del matrimonio y de la familia en Europa y preparadas conjuntamente por el Pontificio Consejo para la Familia y el Instituto de Estudios sobre el Matrimonio y la Familia, es de gran importancia. Habéis querido examinar la Exhortación Apostólica Familiaris consortio a un año de su publicación, para subrayar en ella los puntos más sobresalientes y evaluar la acogida que ha tenido en vuestras comunidades, en vistas a contribuir a la renovación espiritual de Europa. Esta Exhortación indica,. en efecto, las orientaciones funda-mentales según las cuales la Iglesia deberá velar sobre el matrimonio y la familia en. este final del segundo milenio.

La Iglesia está preocupada por llegar a tener una inteligencia cada vez más profunda de la verdad que tiene la misión de presentar. De este modo, la primera orientación dada por la Exhortación Apostólica es una invitación lanzada a toda la Iglesia u anunciar, con fidelidad e humilde valentía, esta verdad al hombre de hoy. Se trata del plan de Dios sobre el matrimonio y la familia, porque solamente en la fidelidad al mismo se encuentra la salvación de la institución matrimonial y familiar para todos los que se casan. Este deber primordial de la Iglesia debe expresarse claramente en la cultura europea que está todavía marcada por los valores humanos y cristianos auténticos oscurecidos sin embargo, con demasiada frecuencia, por desviaciones debidas ya a concepciones erróneas, ya al permisivismo moral. Es más urgente y necesario que nunca reconstruir en cada hombre y en cada mujer la certeza de una verdad que concierne a su matrimonio y a los valores éticos que deben mantenerlo. A través del anuncio de la verdad, la Iglesia está llamada a una estima más profunda del amor conyugal, entendido en todas sus dimensiones, a una estima de todas sus riquezas. Por otra parte, los esposos, solicitados por tan diferentes teorías acerca de la felicidad de la pareja y de la familia, ¿no es verdad que se dirigen hoy hacia la Iglesia en busca urgente de esta verdad, de esta sabiduría?

La verdad que la Iglesia anuncia es una verdad de vida: debe llegar a ser vida. Esta es una segunda orientación fundamental trazada por la Exhortación Apostólica,. Esta exigencia de la verdad concierne tanto a la vida personal de los cónyuges, como a la cultura en la que viven los esposos en Europa. En efecto, esta verdad intenta ser inspiradora de una cultura familiar. Los padres del Sínodo insistieron con razón sobre esta necesidad. El proceso de inculturación del que habla la Familiaris consortio, comporta dos momentos estrechamente ligados entre sí. Implica un juicio crítico para discernir lo que es conforme al plan de Dios sobre el matrimonio y la familia, y lo que se separa de él. Cada creyente ha sido confiado al Espíritu de manera que esté en grado de elaborar un juicio semejante. Pero no es suficiente ejercer un juicio critico sobre las diversas propuestas culturales. Se debe crear una cultura matrimonial y familiar que realice en la Europa de hoy la identidad humana y cristiana del matrimonio y de la familia. Es un deber que forma parte de la misión evangelizadora de la Iglesia que, por otra parte, se debe esforzar en restaurar la unidad entre la fe cristiana y la cultura en Europa a propósito de la familia.

2. Pero, en vuestra reflexión no os limitáis a tener en cuenta las orientaciones pastorales fundamentales. Queréis también hacer una primera evaluación de la acogida que ha tenido la Exhortación Familiaris consortio en las comunidades cristianas de Europa.

En efecto, lo que el Sínodo de los Obispos enseñó y mi Exhortación Apostólica hizo suyo debe echar raíces en el espíritu y en el corazón de cada fiel, mediante su total asimilación. Porque es el mismo y único Espíritu el que ilumina a los Pastores de la Iglesia cuando enseñan la doctrina de Cristo, con la autoridad que les es propia, y el que habita en el corazón de los esposos para que realicen el proyecto de Dios sobre su matrimonio.

Así, pues, ayudando a los esposos a ser cada vez más fieles al Espíritu mediante la adhesión de la inteligencia y del corazón a lo que la Iglesia enseña, se intenta conseguir dos objetivos.

Se trata en primer lugar de esclarecer las razones profundas, el motivo de tal enseñanza. En efecto, no chocamos solamente con dificultades de orden práctico. Hay razones últimas que con frecuencia no son acogidas. Es, pues, necesario volver a sus fuentes que se encuentran en el corazón mismo de la Revelación, que nos desvela la verdad total sobre el hombre. Es preciso enseñar a los esposos a permanecer en este corazón, en este centro radiante en el que pueden comprender su vocación„ y por consiguiente los motivos de la enseñanza de la Iglesia. Así comprenderán que, en lo esencial, la enseñanza de la Iglesia procede de la visión evangélica del amor, de la sexualidad humana, en una palabra, de la persona humana. Deseo vivamente que muchas personas en la Iglesia se preocupen de propagar esta luz. Es por esta razón, para este trabajo de "inteligencia de la fe", de reflexión sobre las razones últimas de la doctrina cristiana, por lo que ha sido creado el Instituto de Estudios sobre el Matrimonio y la Familia, que quiere ser un centro cultural al servicio de toda la Iglesia.

El segundo objetivo al que tiende nuestro esfuerzo para que la enseñanza de la Iglesia sea acogida por los esposos, es ofrecerles los medios necesarios para ayudarles a ponerla en práctica. No hay duda que los esposos pueden encontrar dificultades no sólo en el plano de la pregunta, "¿por qué semejante enseñanza?", sino también cuando se preguntan, "¿cómo poner en práctica tal enseñanza?". En este contexto es preciso encuadrar todas las iniciativas encaminadas a ayudar a los cónyuges a profundizar en su vida espiritual mediante la oración, la puesta en común de sus alegrías y de sus dificultades, la recepción frecuente de los sacramentos, gracias a los Movimientos y Asociaciones familiares

3.  Pero, vosotros reflexionáis sobre la familia en vistas también de la renovación espiritual de Europa.

Hoy más que nunca Europa tiene necesidad de reencontrar su identidad espiritual, que es incomprensible sin el cristianismo. El cristianismo no es algo que viene como suplemento, algo extraño a la conciencia europea, a esta conciencia que constituye el tejido unitivo profundo y verdadero del viejo continente, subyacente en la legítima diversidad de pueblos, de culturas y de historias. El cristianismo, el anuncio del Evangelio está en la fuente de esta conciencia, de esta unidad espiritual, como lo demuestran ya los orígenes de su historia a través de Benito. Patriarca del Occidente, y de Cirilo y Metodio, los hermanos eslavos. La reconstrucción de Europa exige, ante todo, este esfuerzo para hacerla de nuevo consciente de su identidad total, de su alma.

Esta renovación., que pone en juego todas las fuerzas de la Iglesia, halla en la familia uno de los sujetos más importantes.

Es precisamente en la familia, como ya lo he dicho, donde la persona humana encuentra la primera e irreemplazable escuela para ser verdaderamente humana. Es en la familia donde se da la primera transmisión de la cultura. Y es por lo que le corresponde a ella, originalmente, asegurar la continuidad en el desarrollo histórico de la conciencia y de la cultura de un pueblo.

La historia de Europa muestra cómo, en diversos momentos, hubo instituciones creadoras de cultura y de civilización, en una síntesis fecunda de cristianismo y humanismo. Baste pensar en el papel de los monasterios benedictinos y en las universidades que surgieron por toda Europa, desde París a Oxford, desde Bolonia a Cracovia, desde Praga a Salamanca. La institución familiar, ya que está llamada en el proyecto salvífico de Dios a ser la institución educativa original y primera, debe reforzar siempre su presencia en estas instituciones creadoras de verdadera cultura.

He aquí cómo veo yo vuestro encuentro europeo de pastoral familiar: es un simio y una promesa. Es signo de que la iglesia toma cada vez más conciencia de lo que es la familia, y es la promesa de un nuevo combate en favor de la persona humana, por la persona humana a la que Dios ha dado para siempre a su propio Hijo, a su único Hijo. Estoy seguro de que vuestra reunión será fructuosa, gracias a vuestro trabajo y al espíritu de comunión que os anima y que ha presidido la organización de este coloquio

Permitidme, antes de separarnos, invitaros, en lo que a vosotros se refiere, a hacer oración de lo que ha sido objeto de vuestras reflexiones. para que el mismo Señor haga crecer y germinar la palabra de esperanza que vosotros os esforzáis en propagar. Por esto, al daros mi bendición apostólica, le pido que bendiga vuestras personas y actividades al servicio de la familia cristiana.

Copyright © Libreria Editrice Vaticana

    

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