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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LOS PARTICIPANTES EN EL PRIMER CONGRESO CONJUNTO
SOBRE LA COOPERACIÓN INTERNACIONAL
EN EL DESARROLLO TECNOLÓGICO DE ÁFRICA*

Sala del Consistorio
Jueves 22 de noviembre de 1984

 

Señoras y Señores:

1. Hace menos de un año, miembros de Organizaciones estatales y privadas de África, Asia, América Latina, Norte América y Europa se reunieron en Dakar para celebrar el primer congreso conjunto sobre la Cooperación internacional en el desarrollo tecnológico de África, organizado por el “United Nations System for Science and Technology” y por el Centro regional africano de Tecnología. Y ahora, con la colaboración de ENEA, celebran en Roma una segunda reunión patrocinada por el departamento de cooperación en el desarrollo del Ministerio de Asuntos Exteriores, el Ministerio de Investigación científica y tecnológica y el Instituto nacional de alimentación; y en esta ocasión han querido ustedes tener un encuentro con el Papa. Es un placer para mí recibirles hoy. Y deseo que conozcan mi satisfacción ante esta oportunidad de ayudarles y animarles al logro de sus importantes objetivos. Sus esfuerzos por colaborar en el progreso de los pueblos de África es auténtica expresión de solidaridad fraterna universal y de interés por la justicia y la paz.

2. Esta reunión centra la atención en los modos de aumentar e intensificar técnicas de alimentación y energía en África, y especialmente en los medios de incrementar la colaboración internacional práctica para el logro de dichos objetivos. En los mismos días en que ustedes se dedican a deliberar y planear, millones de hermanos y hermanas nuestros de África y, en especial, de Etiopía, están amenazados de muerte a causa de la sequía y el hambre. ¿Quién negaría el valor inmenso y de urgencia vital de unir esfuerzos para ayudarles? Precisamente por esta razón acabo de hacer un llamamiento apremiante en favor de los que padecen este terrible flagelo de proporciones catastróficas. En ustedes y en las Organizaciones que representan veo una respuesta concreta a estas enormes necesidades humanas. De ello doy gracias a Dios Todopoderoso y le pido al mismo tiempo que sus esfuerzos muevan a muchos otros a dar una respuesta semejante de solidaridad fraterna.

3. La ayuda para conseguir alimentos, cuidados sanitarios, cobijo y demás protecciones, es expresión verdadera de solidaridad humana universal y de respeto a la dignidad de toda persona humana. Para cuantos somos cristianos, es una respuesta a la llamada de Dios a imitar el amor de nuestro Salvador Jesucristo. Situaciones de emergencia tales como las que afectan actualmente a muchos países de África, exigen respuestas urgentes. Requieren ayuda internacional inmediata y sostenida. Pero junto con esto hay necesidad de programas de colaboración internacional de amplio alcance para el futuro, programas de investigación científica básica con sus aplicaciones tecnológicas y que incluyan los medios económicos para llevarlas a cabo. En este terreno especialmente su reunión puede dar la mayor aportación.

Hace cerca de 20 años, los obispos de la Iglesia católica, reunidos en el Concilio Vaticano II afirmaron que “los pueblos ya desarrollados tienen la obligación gravísima de ayudar a los países en vías de desarrollo” (Gaudium et spes, 86) y aplicando esta afirmación más específicamente, hablaron de la gran necesidad de dicha cooperación en el campo de la producción de alimentos: “Son varios los países que podrían mejorar mucho sus condiciones de vida si pasaran, dotados de la conveniente enseñanza, de métodos agrícolas arcaicos al empleo de nuevas técnicas, aplicándolas con la debida prudencia a sus condiciones particulares, una vez que se haya establecido un mejor orden social y se haya distribuido más equitativamente la propiedad de las tierras” (ib., 87). La cooperación en el sector de la ciencia y de la tecnología es uno de los medios más eficaces, no sólo de contribuir al bien físico de los pueblos, sino también de fomentar la dignidad y valor de la persona humana.

4. Por ser hombres y mujeres dedicados a la ciencia y la tecnología, tienen en gran aprecio el don sublime que para todos los pueblos es la inteligencia humana. Y precisamente por su importancia necesita cultivarse con cuidado; por ello es menester que las personas dotadas, de todas las naciones, dispongan de oportunidades educativas, especialmente la juventud. También es importante que se haga todo esfuerzo por conseguir que la inteligencia y el aprendizaje no sean objeto dc exportación continua desde los países pobres a los ricos, por carecer los países pobres de ambientes culturales, científicos, técnicos y adecuados, así como de instituciones para emplear las inteligencias y aprendizajes. Un país pobre seguirá siempre en situación de inferioridad y dependencia mientras no esté en disposición de llevar adelante investigaciones científicas básicas y realizar aplicaciones técnicas de modo apropiado a su sistema cultural, político y económico. Con vistas a esto es preciso que la comunidad científica internacional no limite el poder ser miembros sólo a quienes proceden de países de gran desarrollo técnico, sino que asuman gente de todos los países del mundo, unidos con espíritu de colaboración mutua.

5. La cooperación tecnológica puede plantear un serio desafío a la cultura de los pueblos en vías de desarrollo, pero es menester que así no sea. Y para evitar este peligro, dicha cooperación ha de llevarse a cabo con espíritu de diálogo provechoso que aprecie las tradiciones válidas de los pueblos en cuestión y los muchos y diferentes valores de cada cultura. Y no olvidemos que naciones menos desarrolladas en el sector científico tienen mucho que dar del rico arsenal de su cultura a la gente de naciones más avanzadas. Este intercambio fraterno enriquece a cuantos están empeñados en dichos esfuerzos de colaboración.

6. Por tanto, movido de gran admiración y aprecio, les digo hoy estas palabras. Les garantizo el estímulo y apoyo de la Iglesia católica en estos meritorios esfuerzos de colaboración internacional. Estoy seguro de que la cooperación y ayuda que ustedes son capaces de promover, producirá aumento del conocimiento y desarrollo integral, y nuevo espíritu de fraternidad y paz. Dios los bendiga y les dé fuerza en su trabajo,

Quiero saludar cordialmente a todos los que se dedican con competencia al desarrollo tecnológico de África o colaboran en ello en los demás continentes. Les deseo todo lo mejor a ustedes, sus familias, colaboradores y a todas las personas a quienes representan. Y pido a Dios bendiga sus esfuerzos para que sean fructíferos.


*L'Osservatore Romano. Edición semanal en lengua española, n. 51, p.15.

 

© Copyright 1984 -  Libreria Editrice Vaticana

 

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