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INVOCACIÓN A LOS PIES DEL MONUMENTO DE LA INMACULADA EN LA PLAZA DE ESPAÑA

ORACIÓN DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II

Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María
Domingo 8 de diciembre de 1985

 

1. Tota pulchra es María.

Con estas palabras saluda la Iglesia a la Madre de Cristo en la solemnidad de hoy.

Tota pulchra es María / et macula originalis non est in te.
Toda hermosa eres con la belleza de Dios.
Toda hermosa eres con la belleza de la gracia.
La heredad del pecado original no está en ti.
Eres inmaculada.

2. La Iglesia de Roma, la Iglesia de la Ciudad Eterna, se asocia a este himno de alabanza. Adora a la Santísima Trinidad por esta particular elección de la que ha sido hecha partícipe la Inmaculada. Con la adoración más profunda profesa el misterio de la redención, que en Ella se ha realizado de modo particular y excepcional.

La Sede de los Apóstoles Pedro y Pablo es particularmente sensible a la belleza espiritual de la Inmaculada, unida con la de su Maternidad divina. La saluda como «llena de gracia». La saluda como «Madre de la Divina Gracia»,

La ciudad de Roma, hoy como todos los años, rinde un testimonio especial, recogiéndose en oración a los pies de su estatua colocada en la columna de Plaza de España. Todos nosotros tomamos parte en este testimonio y profesamos con los labios y con el corazón: «Tota pulchra es María».

3. Hoy miramos con particular confianza a la Virgen, que está unida tan profundamente con la Iglesia, y se convierte en su «figura» y en su «modelo» (cfr. Lumen gentium, 63). Ella es la Guía «en el orden ... de la fe, de la caridad y de la unión perfecta con Cristo», como enseña el Concilio (ib.). Elevamos a Ella nuestros ojos, pidiéndole que nos revele cada vez más plenamente el misterio de Cristo y de la iglesia, en la cual está presente de modo eminente (Lumen gentium, 8).

Pidamos también para que la Iglesia que está en Roma se renueve Incesantemente según las orientaciones del Concilio Vaticano II. La reunión del Sínodo de los Obispos, que termina hoy, es un nuevo estimulo para ello.

Penetrando en las inquietudes, sufrimientos y expectativas de nuestros contemporáneos, oremos en alta voz intensamente a la Inmaculada.

Salve, Estrella del mar, / Madre gloriosa de Dios ... / rompe las ataduras a los oprimidos, / devuelve la luz a los ciegos, / aparta de nosotros todo mal, / pide todo bien para nosotros, / da al mundo la paz. / Muéstrate Madre con todos.

Amén.

 

© Copyright 1985 - Libreria Editrice Vaticana

                                                          

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