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MENSAJE TELEVISIVO DE JUAN PABLO II AL EPISCOPADO DEL PERÚ
Jueves 24 de enero de 1985
Señor Cardenal,
amados Hermanos en el episcopado,
queridos hermanos y hermanas:
Al acercarse ya el día en que, Dios
mediante, tendré la dicha de pisar por vez primera tierra peruana, deseo enviar
a todos vosotros, a través de la televisión, mi más cordial y afectuoso saludo
de paz y bien.
Ya desde ahora quiero agradecer
públicamente a las Autoridades y Episcopado del Perú la amable invitación que me
hicieran para visitar vuestro querido País, a donde espero llegar el próximo día
1 de febrero, para compartir con todos vosotros unas jornadas que, pido a Dios,
sean de provecho para consolidar vuestra fe y para renovar vuestro decidido
compromiso de vida cristiana.
Me es particularmente grato acercarme a los
lugares bendecidos por Dios con la presencia de Santos y Santas que son honor de
toda la Iglesia y motivo de orgullo para el pueblo peruano. Un pueblo de
raigambre e historia tan rica, a quien el Sucesor de Pedro quiere llegar en un
viaje de objetivos netamente apostólicos, como alentador de la fe, de la
dignidad de cada hijo de Dios y de la reconciliación de los espíritus.
Durante las cuatro jornadas que viviré
entre vosotros, y que deseo ardientemente sean una gozosa manifestación de
nuestra fe, amor y esperanza en Cristo, tendré oportunidad de recorrer una parte
importante de la extensa geografía del antiguo Imperio inca. En Lima-Callao,
Arequipa, Cuzco, Ayacucho, Piura, Trujillo e Iquitos anhelo encontrarme con los
queridos hijos del Perú que el Papa deseaba visitar desde hace tiempo. Aunque
por desgracia no podré ir a otros lugares a los que insistentemente me han
invitado las Autoridades eclesiásticas y civiles y los fieles, quiero deciros
que agradezco todas esas invitaciones y que emprendo este viaje pensando en
todos y con intención de dirigirme a todas las personas, sin distinción de
origen étnico, cultura, profesión, condiciones económicas o sociales.
He sabido del entusiasmo y seriedad con que
os estáis preparando espiritualmente a esta visita apostólica. Deseo desde ahora
mostraros mi profundo aprecio por el generoso esfuerzo que tantos sacerdotes,
religiosos, religiosas y seglares, bajo la guía de sus Obispos, están
realizando.
Me uno a vosotros en la plegaria al
Altísimo, para que esta visita constituya un impulso en el camino de la nueva
evangelización de vuestro País y de América Latina, que eran los objetivos que
marqué para el Continente, en mi reciente viaje a la República Dominicana, al
iniciar la preparación del V Centenario de la Evangelización de América.
Pido también con insistencia que la paz del
Señor y su gracia se afiancen en los corazones, en las familias, en la sociedad
peruana y que se instaure, como fruto de la conversión de los corazones y de la
obra de la justicia, la concordia, la armonía, la fraternidad entre todos los
hijos del Perú.
Que la Virgen Santísima, a quien vosotros
veneráis tan hondamente como Madre y Protectora, os haga encontrar reconciliados
junto a la cruz de su Hijo. En espera de saludaros en persona, os bendigo a
todos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
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