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PEREGRINACIÓN APOSTÓLICA A COLOMBIA

MENSAJE DEL PAPA JUAN PABLO II
A LOS PRESOS EN LAS CÁRCELES COLOMBIANAS

Bogotá, miércoles 2 de julio de 1986

Amadísimos hermanos y hermanas:

1. Mi visita pastoral a Colombia, en el marco del Año Mariano Nacional que conmemora el IV centenario de la Renovación de la venerada imagen de la Virgen del Rosario de Chiquinquirá, no podía excluir a quienes se encuentran en las instituciones penitenciarias. Por ello, hoy quiero llegar hasta vosotros de un modo particular, para manifestaros mi afecto de Pastor de toda la Iglesia y alentaros en vuestra actual situación.

¡Cómo desearía en esta hora hacerme presente en todos los lugares de Colombia donde se halle un grupo de personas privadas de libertad! ¡Cuánto quisiera poder escuchar vuestras penas y daros personalmente mi palabra de aliento y de consuelo! Pero, ante la imposibilidad de hacerlo físicamente, quiero aseguraros que os tengo muy presente en mi pensamiento y en mi corazón. A cada uno en particular dirijo este mensaje y espero así poder llegar a lo más íntimo de vosotros para compartir vuestros anhelos y esperanzas, vuestras tristezas y desilusiones, pero sobre todo para iluminar y fortalecer con la Palabra de Dios el ansia de verdadera libertad que brota de lo más profundo de todo ser humano.

2. En la Carta Apostólica que dirigí a toda la Iglesia “sobre el sentido cristiano del sufrimiento humano, recordaba que Jesucristo ha proyectado una nueva luz sobre la realidad del dolor: “El sufrimiento humano ha alcanzado su culmen en la pasión de Cristo. Y a la vez ésta ha entrado en una dimensión completamente nueva y en un orden nuevo... La cruz de Cristo se ha convertido en una fuente de la que brotan ríos de agua viva” (Salvifici doloris, 18) . ¡El amor vence el dolor! He aquí todo un programa de vida, una fuente constante de reflexión que ilumina y da sentido a todo aquello que nos hace sufrir. Vosotros, queridos hermanos y hermanas, podéis buscar esa luz en vuestra situación presente. Muchos de vosotros seguramente conserváis con cariño una imagen de Cristo crucificado: ¡Cristo clavado en la cruz! Sí, El es la suprema manifestación del amor divino, El es el que vence el sufrimiento con el amor; El es la expresión más radical del hombre a quien han quitado su libertad, pues allí clavado no tiene siquiera la mínima libertad de movimiento. Sin embargo, El, en ese momento, está realizando el acto más libre y liberador que jamás se haya realizado en la historia del hombre: está ofreciendo libremente su vida para salvar a toda la humanidad.

3. Contemplando a Cristo crucificado, que nos liberó del pecado y de la muerte, se comprende mejor el verdadero sentido de la libertad humana. Con el auxilio de la gracia divina el hombre puede vencer la esclavitud a que le somete el pecado, y ser reconciliado con Dios y con los hermanos. ¡Abrid de par en par las puertas de vuestro corazón y de vuestra alma a la gracia de Cristo! Y si vuestra conciencia os indica que habéis incurrido en alguna falta contra el Señor, contra vuestros hermanos los hombres o contra la sociedad, vuestra situación presente os ofrece la posibilidad de reparar eventualmente las ofensas cometidas, sin perder por ello vuestra dignidad de personas, que ha de ser salvaguardada siempre.

4. Deseo de corazón que mi visita pastoral a Colombia os haga sentir parte viva e integrante de vuestra querida y bella patria cristiana, junto con vuestras familias. Ojalá que este tiempo de privación de libertad no debilite los afectos familiares ni el amor a vuestro país, sino que acreciente en vosotros el deseo de unirse a los demás colombianos en la construcción de una patria laboriosa, pacífica, justa y fraterna.

Elevo mi oración al Padre que está en los cielos, pidiéndole que mitigue vuestras penas, vuestra soledad, vuestras desesperanzas y la ausencia de vuestros seres queridos, a la vez que invoco sobre todos vosotros y vuestras familias la protección de la Virgen María, vida, dulzura y esperanza nuestra.

A todos os bendigo de corazón en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

© Copyright 1986 - Libreria Editrice Vaticana

 

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