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PEREGRINACIÓN APOSTÓLICA A COLOMBIA

ENCUENTRO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
CON LOS DAMNIFICADOS DE CHINCHINÁ

 Sábado 5 de julio de 1986

Mis amados hijos en Cristo, el Señor:

1. Este encuentro con los damnificados por la tragedia que provocó el volcán Nevado del Ruiz, resulta para mi especialmente conmovedor.

Como el samaritano del Evangelio me acerco al mundo del sufrimiento, donde Jesús está presente de una manera especial; por eso, la Iglesia entera quiere hacerse también presente conmigo entre vosotros con su palabra de consuelo y esperanza, con su caridad materna y también, dentro de sus posibilidades, con su ayuda generosa.

Aquí, en vuestra misma tierra, marcada por la cruz de Cristo, quiero saludar y manifestar mi solidaridad, la solidaridad de todo el Pueblo de Dios, a las personas y a las familias que han padecido la muerte trágica de sus seres queridos, así como a los sobrevivientes que soportan la soledad, el desamparo, la pobreza. Al compartir como Padre y Pastor, vuestra pena, os invito a transformar tan grandes sufrimientos en acto redentor, asociándoos a la Pasión del Señor, con clara conciencia del sentido cristiano y del valor salvífico del dolor.

2. Saludo al Señor Presidente de la República, cuya presencia en este acto testimonia una vez más su interés por los damnificados. Saludo igualmente al Señor Gobernador y demás autoridades civiles y militares; todos ellos, al igual que otros muchos ciudadanos generosos, se han prodigado en atender a las víctimas, superando grandes dificultades.

Saludo fraternalmente al Pastor de esta Iglesia local, al señor arzobispo de Manizales, a su presbiterio, religiosos, religiosas y apóstoles seglares que con gran sentido evangélico están siempre dispuestos a socorrer, amar y ejercer la caridad, sembrando la bondad y haciendo el bien.

Que el Señor premie todos vuestros afanes, especialmente aquellos más ocultos, menos conocidos, que son a veces los más meritorios y eficaces.

En la hora de la tragedia quise enviar mi contribución para los damnificados y para la obra de recuperación. Aprovecho hoy esta ocasión para manifestar mi satisfacción por la admirable solidaridad universalmente mostrada por tantas personas e instituciones. De todo corazón bendigo las obras que se vienen realizando para solucionar las consecuencias de tan dolorosa calamidad.

3. Sé, por otra parte, que hay preocupación, zozobra e incluso angustia ante el peligro de que sobrevengan nuevas catástrofes. A la deseable y oportuna previsión, a la necesaria prudencia ante el riesgo y a las eficaces precauciones, hay que unir una gran confianza en Dios, nuestro Padre.
Como discípulos de Cristo, hemos de saber captar y leer el sentido que tienen para nosotros todos los acontecimientos, incluso los más tristes, en los que siempre está escrita una llamada del Señor en orden a la renovación y conversión.

4. Mirando hacia la ciudad de Manizales, colocada sobre la montaña, pienso en su raigambre cristiana y en su tradición cultural que le dan una vocación de altura moral y espiritual para irradiar a los demás la luz que brota de su vigorosa herencia de fe.

Hay que mirar al pasado pero no para vivir únicamente de su glorias, sino para encontrar en las propias raíces respuestas adecuadas a los retos de la historia en orden a afrontar y superar, con buena preparación religiosa y moral con madurez y con valentía, los halagos del materialismo y del hedonismo, los peligros del secularismo y de las ideologías que siembran la división y el odio, y que hacen perder al hombre de hoy el sentido de Dios y el sentido del pecado.

Defended la familia de la disolución y contaminaciones que la acechan; defended la juventud para que se conserve sana, generosa y abierta a Cristo, de forma que sea de verdad sangre nueva para forjar generaciones nuevas y para dar vida a un porvenir mejor, en el que domine la civilización de la paz, de la solidaridad y del amor.

Estas tierras, gracias a Dios, tienen en el cultivo del café uno de los grandes recursos de la economía nacional un eje fundamental de la agricultura. Poned pues el mayor empeño en defender, organizar y promover este sector, para que sea fuente de bienestar colectivo y de progreso humano; y para que, al margen de cualquier explotación de personas o hegemonía de grupos, redunde en beneficio de todos, según los postulados de la anhelada justicia social que la Iglesia propone y propugna a la luz del Evangelio.

5. Queridos hijos de Chinchiná y Villamaría: ¡Animo y confianza!; queridos caldenses y manizaleños: ¡Siempre adelante!; que sigáis engrandeciendo a la patria con los más genuinos valores humanos y cristianos, según el ejemplo de vuestros antepasados, para acreditar así el presente e iluminar el porvenir.

En este Año Mariano Nacional, como prenda de mi afecto entrañable y como signo de esperanza para el futuro, os dejo la imagen coronada de Nuestra Madre del Rosario, a fin de que Ella obtenga de su divino Hijo, para toda esta hermosa región y para este noble pueblo caldense que la honra y exalta con amor, paz plena, bienestar creciente, fe inquebrantable y coherente vida cristiana.

Y ahora, como hijos que ponen en su Padre toda la confianza, dirijamos a Dios nuestra ferviente plegaria.

 

© Copyright 1986 - Libreria Editrice Vaticana

 

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