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PEREGRINACIÓN APOSTÓLICA A COLOMBIA

ORACIÓN DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
POR LAS VÍCTIMAS DEL VOLCÁN NEVADO DEL RUIZ

Chinchiná, sábado 5 de julio de 1986

1. Padre misericordioso,
dueño de la vida y de la muerte.
Nuestro destino está en tus manos.
Míranos con bondad
y gobierna nuestra existencia con tu providencia,
llena de sabiduría y amor.
Ante las fuerzas de la naturaleza
que aquí se desbordaron,
nos hemos sentido desvalidos.
Ante el misterio de tanta muerte
y dolor de nuestros hermanos,
hemos quedado confundidos.

Por eso, Padre, nos dirigimos a Ti.

2. Aviva en nosotros, Señor,
la luz de la fe para aceptar el misterio de este dolor intenso,
y creer que tu amor es más fuerte que la muerte.
Mira, Señor, con bondad la aflicción
de los que lloran la muerte de sus seres queridos:
hijos, padres, hermanos, parientes, amigos.

Que sientan la presencia de Cristo,
que consoló a la viuda de Naín
y a las hermanas de Lázaro,
porque El es la resurrección y la vida.

Que encuentren el consuelo del Espíritu,
la riqueza de tu amor, la esperanza de tu providencia
que abre caminos de renovación espiritual
y asegura a los que le aman un futuro mejor.

3. Ayúdanos a aprender de este misterio de dolor,
que somos peregrinos en la tierra,
que hemos de estar preparados siempre,
porque la muerte puede llegar al improviso.

Recuérdanos que hemos de sembrar en la tierra
lo que recogeremos multiplicado en la gloria,
para que vivamos siempre mirándote a Ti,
Padre y Juez de vivos y muertos,
que al final nos juzgarás en el amor.

4. Te damos gracias, Padre,
porque en la fe el dolor nos acerca más a Ti,
y en él crece la hermandad y la solidaridad
de todos los que abren el corazón a1 prójimo necesitado.

Desde este lugar que guarda los restos mortales
de tantos hermanos nuestros escucha nuestra oración:
“Dales, Señor, el descanso eterno y brille para ellos la luz perpetua.
Descansen en paz”.

Y a quienes seguimos viviendo,
peregrinos en este valle de lágrimas,
danos la esperanza de reunirnos contigo,
en tu casa paterna,
donde tu Hijo Jesús nos ha preparado un lugar
y la Virgen María nos guía hacia la comunión de los Santos.

Amén.

 

© Copyright 1986 - Libreria Editrice Vaticana

 

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