adre celestial,
de quien procede todo bien,
recibe compasivo en tu seno
misericordioso
a tantos hermanos nuestros aquí sepultados
por las fuerzas
desatadas de la naturaleza.
Condúcelos a la morada eterna
que Jesús, tu Hijo, ha
preparado a los que lo reconocen
como tu enviado y lo sirven con amor,
descubriendo su presencia en los hermanos más pequeños.
Estos hijos tuyos, Padre de bondad,
cayeron como trigo en las entrañas de la
tierra
para germinar en la resurrección de los muertos.
Ellos creyeron y
esperaron en Ti;
recibieron el bautismo de regeneración,
se nutrieron con la
Eucaristía,
que es germen de inmortalidad,
vivieron en el amor con que tu
premias eternamente.
2. Padre, rico en misericordia,
consuela el dolor de tantas familias,
enjuga
las lágrimas de tantos hermanos,
protege la soledad de tanto huérfanos.
Infunde a todos ánimo y esperanza
para que el dolor se cambie en gozo
y la
muerte, por la fe, sea germen de vida nueva.
Haz que mediante la solidaridad,
el trabajo y el tesón de las gentes de esta
tierra,
surja, como de entre las cenizas,
una nueva ciudad de hijos tuyos y
hermanos,
donde reine la fraternidad,
se renueven la familias,
se llenen de pan
las mesas
y de cantos los hogares y los campos.
3. Bendice esta cruz alzada aquí
como signo de nuestra redención,
baluarte de
esperanza,
símbolo de muerte y de vida, de dolor y de gozo.
Esta cruz que es el
trono de Cristo, tu Hijo,
desde donde, levantado, reina atrayendo todas las
cosas hacia El.
Que todas la miradas se vuelvan hacia esta cruz,
árbol de vida, punto de
convergencia entre el cielo
y la tierra, donde se obtiene la reconciliación y
renace la esperanza.
Y que junto a la cruz y el dolor de cada uno
esté siempre María, la Madre de
Jesús,
para acompañarnos en todas las penas,
para animarnos con su mirada
maternal,
para ayudarnos a construir una sociedad nueva
con la civilización del
amor.
4. Te lo pedimos por Jesucristo tu Hijo,
en quien creer es vivir y a quien
servir es reinar.
El vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
por
los siglos de los siglos. Amén.
© Copyright 1986 - Libreria Editrice Vaticana