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VIAJE APOSTÓLICO A URUGUAY,
CHILE Y ARGENTINA
CEREMONIA DE BIENVENIDA
DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO
II
Aeropuerto «Carrasco»
de Montevideo (Uruguay) Martes 31 de marzo de
1984
Señor Presidente, venerables hermanos en el Episcopado,
Autoridades, “Orientales” todos, hijos de Uruguay,:
1. Al dirigir mi primer
saludo a toda la nación y a la Iglesia en Uruguay, quieto ante todo dar gracias
a Dios por haberme concedido la dicha de emprender este viaje apostólico En su
nombre os deseo: ¡Paz y prosperidad para toda la República Oriental del Uruguay!
Mi saludo va, en primer lugar, al Señor Presidente de la República. Las palabras
que acaba de pronunciar en nombre del Gobierno de la nación y de todos los
ciudadanos, son sin duda expresión del gozo que sienten los uruguayos por la
presencia del Papa entre ellos y en su propia tierra. Gracias, Señor Presidente,
por esta amable acogida que me abre de par en par las puertas de este pueblo,
bien conocido por su hospitalidad. He aceptado complacido su gentil invitación y
la del Episcopado uruguayo a hacer esta visita que estrecha aún más los
tradicionales lazos de esta noble nación con la Sede Apostólica y de manera
primordial quiere sellar la comunión entre el Sucesor de Pedro y los Pastores y
fieles de esta Iglesia que vive en Uruguay.
Saludo también a las demás
autoridades aquí presentes, a los miembros del Gobierno y a cuantos
personalmente se han prodigado para hacer realidad esta visita.
Mi abrazo
fraterno a cada uno de mis amadísimos hermanos, los obispos de este país. Saludo
también con afecto a todos los sacerdotes, religiosos y religiosas, diáconos,
seminaristas y laicos comprometidos en la tarea evangelizadora de la Iglesia.
Para todos vosotros, hombres y mujeres, niños y jóvenes, adultos y ancianos, mi
saludo, mi afecto y mi bendición. El corazón del Papa se abre para acoger
gozosamente, en el Señor, a todo el pueblo de Uruguay.
2. Uruguay es una nación
del continente latinoamericano que se ha distinguido por su contribución en
favor de la paz. Prueba de ello ha sido el apoyo que ha prestado para la
superación del diferendo entre Argentina y Chile sobre la zona austral. Por eso,
he considerado mi deber conmemorar en Montevideo el feliz resultado de la
Mediación papal.
Vuestra patria se destaca por su decidido propósito en fomentar
el progreso social, la participación de todos en el bien común y el esfuerzo
unitario orientado a la promoción de la educación y de la cultura.
En vuestro
país conviven en la concordia diversas opciones sociales y políticas, y grupos
que profesan diferentes creencias religiosas; todo ello en un clima favorable de
respeto y tolerancia.
Es bien conocido, y me es grato subrayarlo, que los
uruguayos sois un pueblo de corazón, que sabe querer y valorar la amistad. Por
eso, estoy seguro de que también vosotros sabréis entender mis palabras,
palabras de amigo y de Padre, que a todos respeta y a todos quiere.
La historia
de vuestro pueblo está profundamente hermanada con la historia de la
proclamación y difusión del Evangelio en América. La fe cristiana ha dejado una
huella imborrable en vuestra historia y en vuestra cultura, y no puede dejar de
iluminar el presente y futuro de esta República Oriental del Uruguay.
3. El Evangelio de Cristo es mensaje de amor, de justicia, de libertad; garantía de la
dignidad de la persona humana, fermento de una convivencia social pacífica y
fraterna entre personas, grupos y pueblos. La Iglesia católica quiere ser en el
mundo entero artífice de paz basada en la justicia, en el respeto y tutela de
los legítimos derechos, particularmente de los más débiles y necesitados.
También la Iglesia en Uruguay se esfuerza, con lealtad y con espíritu de
servicio, por ser factor de unidad y armonía entre los ciudadanos, buscando
siempre la elevación moral de los individuos y del orden social.
Con esta visita
el Papa quiere también confirmar a todos los católicos en esta tarea de servicio
del bien común, en su fidelidad al Evangelio de Cristo, para ser como el alma de
la sociedad uruguaya, constructores de una civilización del amor, que lleve a la
promoción integral del hombre y de la sociedad.
4. Como portador de un mensaje
de vida y de esperanza, os invito a abrir a Cristo las puertas de vuestro
corazón; especialmente a los jóvenes que son ya promesa del futuro y serán
protagonistas de la historia de este pueblo en el tercer milenio que ya se
aproxima, lleno de incógnitas y desafíos para la humanidad.
¡Cómo me gustaría
disponer de más tiempo para conocer mejor vuestro país, encontrarme con sus
gentes, conocer más de cerca vuestras inquietudes y aspiraciones! Será en otra
oportunidad no lejana. Ojalá esta breve visita deje la huella de paz y de
renovación espiritual que yo mismo he deseado al venir hasta vosotros.
Este
deseo lo encomiendo, junto con vuestras intenciones, a la Virgen de los Treinta
y Tres, Patrona del Uruguay, invocando su protección maternal sobre todas
vuestras familias y hogares.
¡Uruguay, el Papa te saluda y te bendice! ¡Acepta
el mensaje de paz y de amistad del Sucesor de Pedro!
¡Gracias por vuestra
acogida! Con afecto de amigo y con amor de Padre, a todos bendigo de corazón.
© Copyright 1987 - Libreria
Editrice Vaticana
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