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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LOS OBISPOS DE GUINEA ECUATORIAL
EN VISITA «AD LIMINA APOSTOLORUM»

Viernes 20 de noviembre de 1987

 

Amadísimos hermanos en el Episcopado:

1. Es para mí motivo de gran gozo tener este encuentro con vosotros, Pastores de la Iglesia en Guinea Ecuatorial, que con vuestra visita “ ad limina Apostolorum ” queréis poner aún más de manifiesto vuestra íntima comunión en la fe y en la caridad con la Cátedra de Pedro.

Os presento, pues, mi más cordial y fraterno saludo, a la vez que os expreso mi gratitud por vuestra venida a Roma, que con su significado eclesial, constituye un estímulo y fuente de enriquecimiento espiritual para vosotros y vuestras comunidades quienes, en esta Sede santificada por el testimonio de los Apóstoles Pedro y Pablo, ven el centro de la catolicidad y de la unidad de cuantos profesamos la misma fe en Cristo Jesús.

Agradezco igualmente las amables palabras que, en nombre de todos me ha dirigido Mons. Rafael Maria Nze Abuy, en su calidad de Presidente de la Conferencia Episcopal, y deseo reiteraros mi vivo afecto, que de corazón extiendo a los queridos sacerdotes, religiosos, religiosas, agentes de pastoral y Seles todos de vuestras respectivas diócesis.

2. Durante las audiencias particulares que hemos tenido, he podido comprobar vuestra unión eclesial y vuestra correspondencia a la gracia y misión que habéis recibido de Cristo, y que ha de animar vuestro servicio episcopal. Hago, por tanto, mías vuestras inquietudes; comparto vuestras aflicciones y sacrificios por amor a la Iglesia; me asocio a vuestras alegrías y esperanzas en un futuro prometedor. Por todo ello, doy gracias al Señor y celebro con gozo que El, “por la confianza que tuvo en vosotros, os haya designado para su servicio” (cf. 1Tm 1, 12).

Viene a mi mente el recuerdo de la memorable jornada vivida el 18 de febrero de 1982 con los amados hijos ecuatoguineanos en su propia tierra. Fue una visita pastoral que conservo entrañablemente en mi corazón, tanto por las manifestaciones de afecto y cercanía de que fui objeto, como sobre todo por el ferviente testimonio de fe y amor que todos vivimos en la solemne celebración eucarística en Bata.

3. A través de los informes que habéis enviado a esta Sede Apostólica sobre el estado de vuestras diócesis, he podido comprobar que la Iglesia en Guinea Ecuatorial se está empeñando seriamente en una labor evangelizadora que llegue a todos los estratos de la población. Después de mi visita pastoral, vuestras comunidades eclesiales se han visto enriquecidas con la creación de la Provincia Eclesiástica de Malabo y de la nueva diócesis de Ebebiyin. Esto ha de representar una mayor exigencia en el servicio pastoral, a la vez que, una llamada a profundizar en la labor evangelizadora entre vuestro pueblo.

La evangelización, que se inició en esos territorios hace casi cuatro siglos, recibió un impulso definitivo con la llegada de los Padres Claretianos y de las Religiosas Concepcionistas, los cuales, con la colaboración de los catequistas han trabajado intensamente en la formación cristiana y humana del ciudadano ecuatoguineano.

Durísima prueba fueron para pastores y fieles aquellos largos años, aun no lejanos, en los que la Iglesia católica se vio seriamente obstaculizada en su misión de predicar el Evangelio y de acompañar a sus hijos en el crecimiento de su fe, en el mantenimiento de la esperanza y en la práctica de la caridad.

Ya sé que el servicio pastoral a vuestras amadas gentes, con su pasado y su presente, ocupa toda vuestra atención y solicitud. En este sentido, la historia es testigo cualificado de la contribución preciosa prestada por la Iglesia en el crecimiento integral de vuestra Nación. En efecto, ella estimula a sus hijos constantemente para que sean hombres nuevos en la justicia, en la verdad, en la caridad; educa la conciencia social de los fieles, favoreciendo su participación activa al bien común, enseñando a todos a vencer el propio egoísmo, fortificando la unidad de la familia y los valores que ella encierra.

4. Dentro de un horizonte esperanzador no se puede olvidar la valiosa colaboración recibida gracias a la solidaridad misionera de diversas comunidades religiosas españolas, las cuales, acogiendo el ofrecimiento voluntario de sus miembros, están presentes en el campo de la enseñanza (FERE) con 164 religiosos y religiosas, y en el sanitario (FERS) con 39.

En esta nueva acción evangelizadora, conviene ahora revitalizar la fe predicada con un testimonio coherente de vida cristiana. De modo especial, la juventud y la infancia deben ser el centro de vuestra dedicación pastoral, los cuales, bien cimentados en los principios cristianos podrán ser a su vez estímulo y esperanza para sus mayores y una fuerza que les anime en su empeño por construir un futuro mejor.

Del examen de vuestras relaciones quinquenales, se desprenden algunos temas que por encarnar vuestros esfuerzos pastorales, son merecedores de aliento a la vez que de serena reflexión para poder enfrentar la problemática que encierran, con vistas a su mejor solución mediante oportunas iniciativas. Me complace que estéis prestando particular atención a las vocaciones sacerdotales y religiosas, a la formación cristiana de la familia y de la juventud, a la acción caritativa y asistencial, tratando con ello de dar una respuesta, desde el Evangelio, a las crecientes necesidades por las que atraviesa vuestro noble país.

5. El problema de las vocaciones sacerdotales y religiosas es objeto de vuestra preocupación prioritaria. En efecto, sois conscientes de la enorme repercusión que dicho tema tiene para el presente y el futuro de la Iglesia.

Sin las suficientes vocaciones, toda la acción evangelizadora se vería seriamente comprometida. En vuestra solicitud por este importante tema es necesario que atendáis a estos tres aspectos fundamentales: búsqueda diligente de los candidatos al sacerdocio y a la vida consagrada, su adecuada preparación doctrinal y humana, su seguimiento solícito para que perseveren.

A tal propósito, es necesario implantar una pastoral vocacional bien estudiada que preste particular atención a las familias, a la escuela, a la juventud, a los movimientos apostólicos y asociaciones eclesiales. A esta labor habéis de dedicar generosamente sacerdotes bien preparados y de gran espíritu que atiendan preferentemente este sector, dentro de un plan diocesano y nacional.

Gran cuidado y dedicación han de mereceros los seminarios y casas de formación, los cuales, como lo indican repetidamente las instrucciones emanadas de la Sede Apostólica, han de ser centros de preparación integral de la persona, con una sólida base espiritual, moral e intelectual, con una sana disciplina y espíritu de sacrificio. Sin todo lo anterior, no sería posible responder a las expectativas de la Iglesia de hoy, que espera que sus futuros animadores de comunidades sean maestros en la fe y en el amor.

Sigo con particular satisfacción el prometedor incremento de vocaciones en vuestras diócesis, superados ya los tiempos difíciles de la reciente época pasada. Los seminarios menores ya en funcionamiento son un gozoso presente y una esperanzadora promesa de futuro. A este propósito, deseo alentar vuestros esfuerzos y estimular la ayuda solidaria de otras Iglesias hermanas para poder así llevar a feliz término vuestro proyecto de un Seminario Mayor Nacional.

6. En esta empresa de pastoral vocacional, somos conscientes de que el problema va más allá del simple aumento numérico de los candidatos; hay que colocar como tarea prioritaria la sólida formación y ulterior seguimiento de los llamados a la vida sacerdotal y religiosa.

El sacerdote, “tomado de entre los hombres, en favor de los hombres” como nos dice la Carta a los Hebreos (Hb 5, 1), ha de ser modelo de oración, celebrante de la acción litúrgica que conduce a la comunidad a rendir a Dios el culto de toda la Iglesia, guía y educador en la fe, padre de todos, en especial de los más necesitados, valeroso servidor de la causa del Evangelio.

Viviendo vosotros, amados hermanos en el Episcopado, muy cercanos a vuestros sacerdotes, con sincera amistad, compartiendo sus alegrías y dificultades, ayudándoles en sus necesidades, construiréis una firme comunión que será ejemplo para los Seles y sólido fundamento de caridad.

7. Como Pastores de la porción del Pueblo de Dios que se os ha confiado, dedicad igualmente especial cuidado a la pastoral familiar. La familia, pequeña “ iglesia doméstica ”, ha de ser objeto de vuestro especial interés y dedicación. Ella es el ambiente propicio para sembrar la semilla del Evangelio, y donde padres e hijos, cual células vivas, van asimilando el ideal del servicio a Dios y a los hermanos.

El matrimonio, sobre el que la familia se basa, es una comunidad de vida y amor, instituida por el Creador para la continuación del género humano, y que tiene un destino no sólo terreno, sino también eterno (cf. Gaudium et spes, 48). Esforzaos, por consiguiente, en defender su unidad e indisolubilidad. No dejéis de proclamar igualmente el derecho fundamental del ser humano: el derecho de nacer.

En continuidad con la familia como ámbito de educación de la fe, deseo llamar vuestra atención sobre la importancia de la educación religiosa en la escuela. De acuerdo con las circunstancias y posibilidades de cada comunidad, habréis de aprovechar este gran campo de acción evangelizadora que es la educación integral de las personas. Soy consciente de las limitaciones de vuestros recursos para la creación de los muchos centros escolares y de formación que serían necesarios para satisfacer la demanda de la población en este terreno; por ello dirijo mi llamado a la solidaridad de otras Iglesias hermanas para que contribuyan, según sus posibilidades, a la obra de la educación y de la promoción humana de la juventud de vuestro noble País.

8. La juventud ha de ocupar un lugar especial en vuestros desvelos pastorales. La Iglesia ha de hacer cuanto esté en su mano para que los jóvenes se acerquen a Cristo. Es necesario estar con los jóvenes, darles ideales altos y nobles, hacerles sentir que Cristo puede satisfacer las ansias de sus corazones.

Todo ello habrá de ser convenientemente programado en una catequesis apropiada y orgánica. Sé que estáis empeñados en llevar a vuestros fieles una evangelización progresiva que configure su vida cristiana. Os aliento a continuar y a redoblar vuestros esfuerzos en un campo tan vital para la Iglesia, ya que solamente con una labor catequística y en profundidad, vuestras comunidades cristianas podrán llegar a una vivencia integral del mensaje de salvación, dando a la vez testimonio, personal y colectivamente, de las razones profundas de su esperanza en Cristo.

9. Queridos hermanos, me quedaría mucho más tiempo con vosotros, prolongando estos momentos de gozo y comunión. Esta visita “ ad limina ” es una muestra de vuestra cordial cercanía al Sucesor de Pedro. Que este encuentro confirme y consolide vuestra unión mutua como Obispos y guías de la Iglesia en Guinea Ecuatorial. Con ello, toda vuestra actuación ganará en intensidad y eficacia, lo cual redundará en bien de vuestras comunidades eclesiales.

Os doy, finalmente, un particular encargo: que llevéis a vuestros sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas, agentes de pastoral y a todos vuestros diocesanos el saludo y la Bendición del Papa, que en todos piensa y por todos ora con gran afecto y viva esperanza.

Os encomiendo, en este Año Mariano, a la protección de la Virgen Inmaculada, Patrona de la nación guineana, y como prenda de la constante asistencia divina os bendigo de corazón.

 

© Copyright 1987 - Libreria Editrice Vaticana

 

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