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ORACIÓN DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
EN LA PLAZA DE ESPAÑA

Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María
Jueves 8 de diciembre de 1988

 

1. "¡Alma Redemptoris Mater!".

Roma llega hoy a Ti, oh Inmaculada, viene para hablarte de tu gran misterio —"Tu, quae genuisti tuum Sanctum Genitorem"— para hablarte de tu admirable maternidad. Sí, Tú eres Madre: diste la vida humana al que da la vida y la existencia a todos. Siendo Tú misma creada, eres la Madre de Aquel que ha creado, entre todas las criaturas, también a Ti.

Por voluntad del Padre eterno eres la Madre del Hijo, que es de la misma naturaleza que el Padre, y en Ti se ha hecho hombre por la omnipotencia del Espíritu Santo, que es Amor.

Tú eres la Madre del Redentor, que ha hecho preceder en Ti el don de la gracia respecto a la herencia del pecado. Eres Madre suya y Madre nuestra. "Alma Redemptoris Mater!".

2, Roma llega hoy a Ti, oh Inmaculada, para hablarte de tu gran misterio. Y viene al mismo tiempo, para hablarte, oh Madre, de sí: de su historia insólita, en la que la Providencia ha querido inscribir el testimonio de los Apóstoles Pedro y Pablo, y la herencia vinculada a ellos, de la fe y del servicio a la Iglesia. Roma te habla hoy, María, de todos los pueblos y naciones que, mediante esta herencia, están ligados a ella de modo particular, "Gaudium et spes ... ".

Ciertamente: los gozos y las esperanzas, pero también las tristezas y las penas de los seres humanos —lo mismo en el pasado que actualmente— son los gozos y las esperanzas, las tristezas y las penas de la Urbe y de la Sede Apostólica, "y nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón".

Mientras tanto, debido a la herencia apostólica, la Iglesia, que también desea ser Madre, te habla, oh Madre de Cristo, oh Madre Inmaculada, de los sufrimientos y esperanzas de los hombres y los pueblos. Desde la profundidad del segundo Adviento, que está en marcha después de la primera venida de Cristo:"la Iglesia te grita: "Alma RedemptorísMater... succurre cadenti surgere qui curat populo!".

3. Roma llega hoy a Ti, oh Inmaculada, para hablarte de sí, de sí misma: de las personas que forman su comunidad de cuatro millones de habitantes, de su vida y vicisitudes, de los nacimientos y las muertes, de las esperanzas y las desilusiones, de la santidad y del pecado.

De todas las generaciones: desde los niños recién nacidos hasta los ancianos centenarios; de las mujeres y de los hombres, de las familias frecuentemente amenazadas, de las enfermedades de la civilización contemporánea.                                     .

De las luchas y de los esfuerzos de tantos laicos. sacerdotes, religiosos y religiosas, obispos, parroquias y de toda la comunidad cristiana, de la Iglesia que está en Roma. Desde lo alto de esta columna Tú nos miras.

Stella Maris! Estrella Matutina de nuestro Adviento. Seguimos tu mirada. Amamos tu mirada materna. No ceses de abrazar a cada uno de nosotros con tu amor. Sé para todos nosotros la puerta que abre la vida humana hacia Cristo.

Caeli Porta! Sé para nosotros la puerta del Adviento de Dios. La puerta de la salvación. Amén.

© Copyright 1988 - Libreria Editrice Vaticana

 

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