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VIAJE APOSTÓLICO A URUGUAY, BOLIVIA, LIMA
Y PARAGUAY
CONSAGRACIÓN DE PARAGUAY A LA
VIRGEN DE CAACUPÉ
ORACIÓN DEL SANTO PADRE
JUAN PABLO II
Santuario Mariano de Caacupé Miércoles 18
de mayo de 1988
1. ¡Salve María, Estrella de la mañana!
Con todo el pueblo del Paraguay, Santísima Virgen de Caacupé, Purísima en tu Concepción Inmaculada, Señora de los Milagros y Madre de la patria, vengo a ratificar en tu presencia la ofrenda de amor y de fidelidad que te presentan agradecidos los hijos de esta tierra a quienes acompañas en su peregrinación en la fe. Tu imagen nos habla de unión entre Evangelio y cultura nativa, del arraigo de la religiosidad popular, del atractivo que ejercen desde siglos tu nombre y tu santuario.
2. ¡Virgen Inmaculada, llena de gracia!
Ante tu imagen se inclinaron las generaciones pasadas, y todos los paraguayos te reconocen como Patrona y guía. En este día venturoso te ofrezco y te confío la Iglesia entera del Paraguay, los Pastores y los fieles, los sacerdotes, los religiosos y religiosas, los seglares, las familias, los jóvenes. Encomiendo a tus solícitos cuidados la fidelidad del Paraguay a su vocación y a sus raíces cristianas, para que bajo tu continua protección pueda alcanzar la plena realización que Tú, María, nos indicas en tu Hijo verdadero Dios y verdadero hombre.
3. ¡María de Nazaret, signo de consuelo y de esperanza!
A Ti que precedes y guías nuestro camino de fe, nuestra peregrinación hacia el futuro, encomendamos la nueva evangelización que comienza en este santuario de Caacupé, al igual que comenzó en Nazaret con el misterio de la Encarnación, y en el Cenáculo de Pentecostés con la venida del Espíritu Santo. Tú que eres primicia de la humanidad nueva, salvaguarda los valores de la cultura autóctona,
la fe que arraiga en los corazones sencillos, la profunda religiosidad del pueblo.
4. ¡Reina y Señora del Paraguay!
Reaviva en las mentes y en los corazones el fervor de tus misterios, grabados en lo más profundo de nuestra fe y de nuestra cultura, esos misterios que canta la geografía de la nación. Tu
Concepción: el amor del Padre que te llenó de gracia, signo de la victoria sobre el pecado y sobre el mal. La
Encarnación: el misterio del Hijo de Dios hecho hombre, la cercanía y el amor de nuestro Dios que nos ha llegado por Ti. Tu
Asunción: el destino definitivo de la Iglesia que resplandece en tu glorificación a la derecha de Cristo, el Redentor Resucitado. Hoy anhelamos y rogamos por tu intercesión que toda la Iglesia del Paraguay, reunida en torno a tu imagen, como los Apóstoles en Pentecostés, reciba una renovada efusión del Espíritu para proclamar el Evangelio con la entereza de una fe profunda y la fecundidad del testimonio cristiano. Sé Tú, oh María, el signo de la verdadera libertad de todos los hijos de Dios en el Paraguay, congregados en la unidad de la Iglesia de la que Tú eres modelo perfecto y Madre amorosa. Amén.
© Copyright 1988 - Libreria
Editrice Vaticana
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