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DISCURSO DEL SANTO PADRE
A LOS PARTICIPANTES EN EL III CONGRESO INTERNACIONAL
DE LA PASTORAL PARA LOS GITANOS

9 de noviembre de 1989

 

1. Queridos hermanos y hermanas:

En esto días os habéis interrogado acerca del problema de la vocación y de la misión de los gitanos en el mundo y en el Iglesia.

El asunto es muy importante y actual, e interpela con cierta inquietud a nuestra sociedad humana y cristiana, pues la presencia de estas poblaciones, por lo general nómadas y en todo caso escasamente integradas en la sociedad del trabajo y de cultura, así como los fermentos que las agitan, especialmente los religiosos, exigen una respuesta y un esfuerzo adecuado.

En el marco de la enseñanza de la Iglesia, siempre atenta los problemas del hombre, toda discriminación de los gitano es injusta y chocante, porque se opone claramente a las enseñanzas del Evangelio, para el que todo hombre es hijo de Dios y hermano de Cristo. Por eso, con mucha razón Pablo VI dijo en 1965, en Pomezia, cuando se encontró con ellos con ocasión de su primera peregrinación internacional a la tumba de los Apóstoles: "Vosotros estáis en el corazón de la Iglesia porque sois pobres, porque estáis solos" (Enseñanzas, III, 1965).

Por esto, amadísimos, vuestra responsabilidad y vuestro esfuerzo es grande y meritorio, porque os habéis hecho cargo de las condiciones de vida y de las preocupaciones de la gente que viaja. Más aún, quisiera decir que todos tenemos mucho que aprender en contacto con ellos, pues han sufrido mucho y con frecuencia sufren aún a causa de privaciones, inseguridad y persecuciones, y precisamente por esto tienen mucho que decir; su sabiduría no está escrita en ningún libro pero no por eso es menos elocuente. Sin embargo, os toca a vosotros hacerlos partícipes de vuestro cuidados y de vuestra cultura humana y cristiana.

2. A pesar de la clara enseñanza del Evangelio a la que ha aludido, sucede con frecuencia que los gitanos se ven rechazados, o mirado con desprecio. El mundo, que en gran parte está marcado por el afán de provecho y por el desprecio de los más débiles, debe cambiar de actitud y acoger a nuestros hermanos nómadas ya no con la simple tolerancia sino más bien con un espíritu fraterno.

Vuestra acción, ya sea de orden educativo -come la alfabetización-, ya sea de tipo asistencial, sanitario o judicial, permitirá a quienes sufren alguna desventaja social, en especial los gitanos procedentes de otro país tomar cuanto antes en la sociedad el lugar que les corresponde por derecho. Pero esta perspectiva está aún lejana. Los gitanos, demasiado dispersos, demasiado débiles, o poco organizados, tienen necesidad de que se les ayude a tomar conciencia de su dignidad y de su responsabilidad.

Vosotros que os ocupáis de manera especial de estos itinerantes, realizáis el laudable esfuerzo de conocerlos y de darles a conocer así como son en realidad y no como a veces son injustamente considerados. Vosotros estudiáis su historia, su psicología, su lenguaje; compartís sus alegrías y sus sufrimientos, y a ese precio es como podéis ayudarlos a realizar su vocación en el mundo y en la Iglesia.

En particular, debéis llevarles el testimonio de vuestra fe, compartir con ellos el pan del Evangelio. El descubrimiento de la Palabra de Dios, sobre todo por parte de los jóvenes, los hará capaces de desempeñar plenamente su papel y de responder al llamamiento lanzado por la palabra de Jesucristo.

Estoy seguro de que aprovecharéis este congreso para realizar un trabajo común y bien articulado. Ese esfuerzo podrá tener como continuación, si lo creéis oportuno, una colaboración aún más fraterna entre vosotros y una relación más estrecha con la jerarquía de la Iglesia.

3. Os deseo que logréis ayudar cada vez más eficazmente a nuestros hermanos gitanos a que no se sientan abandonados en su camino. También la Iglesia está en camino hasta el fin de tiempos, y en él ha puesto pistas, puntos de referencia: las Iglesias locales co sus comunidades vivas y sus santuarios son puntos de referencia seguros para aquellos que buscan protección y defensa en medio de tantas dificultades.

Que la buena Madre celeste, a quien el mundo gitano es tan devoto, bendiga siempre vuestra acción y os acompañe por los caminos del mundo.

 

© Copyright 1989 - Libreria Editrice Vaticana

   

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