1. Queridos hermanos y hermanas:
En esto días os habéis interrogado acerca del problema de la
vocación y de la misión de los gitanos en el mundo y en el Iglesia.
El asunto es muy importante y actual, e interpela con cierta
inquietud a nuestra sociedad humana y cristiana, pues la presencia de estas
poblaciones, por lo general nómadas y en todo caso escasamente integradas en la
sociedad del trabajo y de cultura, así como los fermentos que las agitan,
especialmente los religiosos, exigen una respuesta y un esfuerzo adecuado.
En el marco de la enseñanza de la Iglesia, siempre atenta los
problemas del hombre, toda discriminación de los gitano es injusta y chocante,
porque se opone claramente a las enseñanzas del Evangelio, para el que todo
hombre es hijo de Dios y hermano de Cristo. Por eso, con mucha razón Pablo VI
dijo en 1965, en Pomezia, cuando se encontró con ellos con ocasión de su
primera peregrinación internacional a la tumba de los Apóstoles:
"Vosotros estáis en el corazón de la Iglesia porque sois pobres, porque
estáis solos" (Enseñanzas, III, 1965).
Por esto, amadísimos, vuestra responsabilidad y vuestro
esfuerzo es grande y meritorio, porque os habéis hecho cargo de las condiciones
de vida y de las preocupaciones de la gente que viaja. Más aún, quisiera decir
que todos tenemos mucho que aprender en contacto con ellos, pues han sufrido
mucho y con frecuencia sufren aún a causa de privaciones, inseguridad y
persecuciones, y precisamente por esto tienen mucho que decir; su sabiduría no
está escrita en ningún libro pero no por eso es menos elocuente. Sin embargo,
os toca a vosotros hacerlos partícipes de vuestro cuidados y de vuestra cultura
humana y cristiana.
2. A pesar de la clara enseñanza del Evangelio a la que ha
aludido, sucede con frecuencia que los gitanos se ven rechazados, o mirado con
desprecio. El mundo, que en gran parte está marcado por el afán de provecho y
por el desprecio de los más débiles, debe cambiar de actitud y acoger a
nuestros hermanos nómadas ya no con la simple tolerancia sino más bien con un
espíritu fraterno.
Vuestra acción, ya sea de orden educativo -come la alfabetización-,
ya sea de tipo asistencial, sanitario o judicial, permitirá a quienes sufren
alguna desventaja social, en especial los gitanos procedentes de otro país
tomar cuanto antes en la sociedad el lugar que les corresponde por derecho. Pero
esta perspectiva está aún lejana. Los gitanos, demasiado dispersos, demasiado
débiles, o poco organizados, tienen necesidad de que se les ayude a tomar
conciencia de su dignidad y de su responsabilidad.
Vosotros que os ocupáis de manera especial de estos
itinerantes, realizáis el laudable esfuerzo de conocerlos y de darles a conocer
así como son en realidad y no como a veces son injustamente considerados.
Vosotros estudiáis su historia, su psicologia, su lenguaje; compartís sus
alegrias y sus sufrimientos, y a ese precio es como podéis ayudarlos a realizar
su vocación en el mundo y en la Iglesia.
En particular, debéis llevarles el testimonio de vuestra fe,
compartir con ellos el pan del Evangelio. El descubrimiento de la Palabra de
Dios, sobre todo por parte de los jóvenes, los hará capaces de desempeñar
plenamente su papel y de responder al llamamiento lanzado por la palabre de
Jesucristo.
Estoy seguro de que aprovecharéis este congreso para realizar
un trabajo común y bien articulado. Ese esfuerzo podrá tener como continuación,
si lo creéis oportuno, una colaboración aún más fraterna entre vosostros y
una relación más estrecha con la jerarquía de la Iglesia.
3. Os deseo que logréis ayudar cad vez más eficazmente
anuestros hermanos gitanos a que no se sientan abandonados en su camino. También
la Iglesia está en camino hasta el fin de tiempos, y en él ha puesto pistas,
puntos de referencia: las Iglesias locales co sus comunidades vivas y sus
santuarios son puntos de referencia seguros para aquellos que buscan protección
y defensa en medio de tantas dificultades.
Que la buena Madre celeste, a quien el mundo gitano es tan
devoto, bendiga siempre vuestra acción y os acompañe por los caminos del
mundo.
© Copyright 1989 - Libreria Editrice Vaticana