PALABRAS DEL SANTO PADRE JUAN PABLO
II AL FINAL DEL REZO DEL SANTO ROSARIO EN COMUNIÓN CON LOS FIELES
PRESENTES EN LA BASÍLICA DE NUESTRA SEÑORA DE
GUADALUPE EN MÉXICO
Aula de las Bendiciones, El Vaticano Sábado 5
de mayo de 1990
Amadísimos hermanos y hermanas:
Vamos ahora a recitar el Santo Rosario en este primer sábado del mes de Mayo,
dedicado especialmente a la Santísima Virgen. Con la Radio Vaticana está
conectada hoy la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en México, donde
numerosos fieles podrán unirse a nuestra oración mariana, precisamente en
vísperas de mi segunda visita pastoral a esa amada Nación.
Pocas horas faltan para que de nuevo pueda pisar esa noble tierra, meta de mi
primer viaje apostólico, y que me permitirá arrodillarme una vez más a los pies
de la Virgen Guadalupana.
Esta tarde me acompaña un numeroso grupo de mexicanos, entre los cuales están
los alumnos del Pontificio Colegio Mexicano y los Legionarios de Cristo. A todos
invito a rezar por el pueblo de México, especialmente por los que sufren y los
más necesitados, al mismo tiempo que envío desde aquí mi afectuoso saludo y
abrazo en el Señor.
Pidamos a Nuestra Señora de Guadalupe que guíe siempre los pasos de este Papa
Peregrino por los caminos del mundo, y que todas las comunidades eclesiales de
México vivan ese nuevo encuentro con el Sucesor de Pedro, abiertas a la llamada
de la nueva evangelización.
© Copyright 1990 - Libreria
Editrice Vaticana
|