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VI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD

SALUDO DEL PAPA JUAN PABLO II
A LOS JÓVENES REUNIDOS EN EL SANTUARIO DE JASNA GÓRA

Miércoles 14 de agosto de 1991



1. «¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!» (Lc 11, 27).

Queridos jóvenes, junto con todos vosotros, que desde diversos países y continentes os habéis reunido aquí, elevo mi saludo a Jesucristo. Reconozco en él al Hijo de Dios, el Verbo eterno del Padre. Saludo al Hijo de María con las mismas palabras con las que lo saludó aquella mujer de entre la gente, mientras él predicaba. Saludo a Jesucristo bendiciendo a su Madre-Virgen, bendiciendo su maternidad divina. Mediante esta maternidad virginal, el Hijo de Dios se hizo uno de nosotros. Se convirtió en nuestro Maestro y Hermano para poder ser nuestro Redentor, por medio de la cruz, en el Gólgota; para manifestar en la resurrección el poder del Espíritu Santo, que «da vida» (cf. Jn 6, 63). Gracias a este poder de Dios que da la vida, hemos sido llamados «hijos de Dios, pues ¡lo somos!»(Jn 3, 1).

2. «¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!».

Junto con vosotros pronuncio este saludo a los pies de Jasna Góra, en el umbral del santuario que ha quedado inscrito profundamente en la historia de una nación y que, al mismo tiempo, se abre de par en par a todas las naciones y a todos los pueblos de Europa y del mundo. Vosotros, jóvenes, ya sabéis todo esto: muchos de vosotros no se encuentran aquí por primera vez. Especialmente durante los últimos años habéis elegido este camino como itinerario de vuestras peregrinaciones a pie, y muchas veces, junto con vuestros coetáneos polacos, habéis venido en peregrinación a Jasna Góra.

Hoy os saludo a todos vosotros con mi más viva cordialidad; y, como aquella mujer del Evangelio, quisiera saludar a vuestras madres, padres, familias, comunidades juveniles y patrias.

Junto con vosotros saludo a vuestros pastores, así como a vuestros guías y animadores.

3. En 1983 comenzó en la Iglesia la tradición de la Jornada mundial de la juventud. Partiendo ese año desde la plaza de San Pedro en Roma, estamos realizando juntos una peregrinación a través del mundo. Nuestro itinerario de peregrinos nos llevó primero hacia América del Sur, a Buenos Aires, capital de Argentina. Dos años más tarde volvimos a la orilla este del Atlántico, aceptando la invitación del acogedor santuario de Santiago de Compostela, en España. El desarrollo de los acontecimientos que han tenido lugar en el viejo continente europeo, hace que hoy, una vez más después de dos años, nos encontremos en Czestochowa, en tierra polaca.

Todo lo que, durante varios decenios, quedó dividido por la fuerza en este continente, ahora ha de acercarse de una y otra parte a fin de que Europa busque la unidad para su futuro y para el bien de toda la familia humana y retorne a sus propias raíces cristianas. Esas raíces se encuentran tanto en Occidente como en Oriente. Desde Occidente (en Compostela) nos trasladamos más hacia el este, si bien nos encontramos en el centro de Europa. En efecto, se trata de mirar ahora hacia el futuro, y esto pertenece a vosotros, a los jóvenes. Es necesario que toméis los grandes caminos de la historia, no sólo aquí, en Europa, sino también en todos los continentes, y que en todas partes os convirtáis en testigos de las bienaventuranzas de Cristo: «Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios» (Mt 5, 9).

4. Cristo, respondiendo al saludo de aquella mujer en medio de la gente, dijo: «Dichosos más bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan» (Lc 11, 28). Precisamente ésta es la finalidad de nuestra peregrinación. Hemos venido aquí para escuchar la palabra de Dios, junto con toda esta gran multitud de jóvenes, y cumplirla.

«Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios» (Rm 8, 14).

Señora de Jasna Góra, acepta nuestra multitud en peregrinación a este cenáculo particular, que quiere ser como el Cenáculo de Jerusalén, en el que perseverabas en la oración junto con los Apóstoles, antes de que el Espíritu Santo comenzara a conducirlos hacia los confines de la tierra.

Acoge nuestra multitud de múltiples lenguas. Así como en aquel entonces, el día de Pentecostés, aceptaste a los peregrinos de diferentes naciones y lenguas, acógenos del mismo modo también a nosotros; dígnate estar con nosotros. Dígnate guiamos por el sendero de la fe siguiendo a Cristo: el mismo camino en el que el Espíritu Santo te introdujo a ti en primer lugar.

Alcánzanos de Dios que «ardan nuestros corazones», como sucedió con los discípulos de Emaús, mientras Cristo nos habla y nos «explica las Escrituras» (cf. Lc 24, 32) a fin de que «las maravillas de Dios» (cf. Hch 2, 11) se conviertan una vez más en nosotros y por medio de nosotros en parte y herencia de la generación que entra en el tercer milenio de la historia.

* * *

Saludo a los jóvenes de varias nacionalidades

Un saludo cordial y afectuoso a los jóvenes amigos de España y de los diversos Países de América Latina.

Estáis presentes aquí, en Czestochowa, como portadores de la llama de esperanza y vida que surgió en el Monte del Gozo (Santiago de Compostela) hace ahora dos años. Que nunca se apague en vuestros corazones jóvenes el entusiasmo y la alegría de seguir a Jesucristo, nuestro único camino, nuestra sublime verdad, la razón de nuestra vida. Compartid con todos los demás jóvenes en todos los Países, en la Europa sin fronteras, los ideales de fraternidad y amor que harán de nuestro mundo un lugar más humano, justo y acogedor.

Gracias, muchas gracias por vuestra presencia y oraciones

 

© Copyright 1991 - Libreria Editrice Vaticana 

 

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