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VI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD

PALABRAS DE DESPEDIDA DEL PAPA JUAN PABLO II
A LOS JÓVENES EN EL SANTUARIO DE JASNA GÓRA


Jueves 15 de agosto de 1991

 

Queridos jóvenes:

1. Ha llegado el momento de la despedida. Nos despedimos bajo la mirada de la «Virgen Negra», la Virgen de Jasna Góra, que hoy contemplamos en la gloria de la Asunción al cielo.

En ella la naturaleza humana alcanzó su expresión más alta, inferior sólo a la perfección del Hijo, el Verbo encarnado. Maria está delante de nosotros como el modelo de una vida que supo crecer hasta la madurez plena.

«Crecer», «madurar»: es el empeño característico de la juventud. En el ámbito biológico, cuando te detienes, cuando ya no creces, es señal de que comienzas a envejecer.

Esta ley vale también para el espíritu, con la diferencia de que el espíritu no tiene límites biológicos de crecimiento. Precisamente por esta razón no puede envejecer.

Queridos jóvenes, éste es el compromiso que la Virgen os deja: creced como personas, desarrollando los talentos del cuerpo y del espíritu; creced como cristianos, tratando de ser santos; creced cono testigos de Cristo, luz del mundo.

2. María Santísima os indica también el camino de este itinerario de crecimiento: el camino es Cristo Jesús. Es un camino empinado, estrecho y fatigoso. Pero para quien sabe recorrerlo, haciendo del Evangelio la norma de la propia vida, es un camino que introduce en la alegría verdadera.

Jóvenes, «recibisteis un espíritu de hijos» (Rm 8, 15). ¡No desperdiciéis esta estupenda herencia!

Sed exigentes con el mundo que os rodea; sedo en primer lugar con vosotros mismos. Sed hijos de Dios: ¡sentíos orgullosos de ello!

No os resignéis a la mediocridad; no os rindáis a los condicionamientos de las modas corrientes, que imponen un estilo de vida no conforme con los ideales cristianos; no cedáis a los halagos del consumismo. Cristo os llama a grandes empresas. No lo defraudéis, pues os defraudaríais a vosotros mismos.

Con la fuerza que Cristo os da, llevad a todos el anuncio de que Dios quiere hacer de cada ser humano un hijo suyo. Que vuestro testimonio sea la levadura de ese mundo nuevo al que cada uno aspira: un mundo verdaderamente justo, solidario y fraterno.

María, la Madre de Dios y de los hombres, carnina con vosotros.

***

Saludos en varios idiomas

¡Amadísimos jóvenes!

Que la experiencia de fe vivida a los pies de la “Virgen Negra” de Czêstochowa permanezca impresa para siempre en vuestros corazones.

“Habéis recibido un espíritu de hijos”. Proclamad, pues, esta certeza a cuantos encontréis por los caminos de la vida. Que vuestro testimonio cristiano sea levadura de un mundo nuevo para que pueda ser verdaderamente justo, solidario y fraterno.

¡Que la Santísima Virgen os acompañe!

 

© Copyright 1991 - Libreria Editrice Vaticana 

 

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