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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LA II REUNIN PLENARIA
DE LA PONTIFICIA COMISIN PARA AMRICA LATINA

Viernes 14 de junio 1991

 

Seores Cardenales,
amados Hermanos en el Episcopado,
queridos sacerdotes, religiosas y laicos presentes:

1. Me es grato dirigir un afectuoso saludo a todos vosotros que, como miembros de la Curia Romana, representantes de las Iglesias latinoamericanas, o colaboradores en las tareas evangelizadoras de las mismas, estis participando en esta Asamblea de la Pontificia Comisin para Amrica Latina.

Este renovado Organismo de la Curia Romana ha querido celebrar su segunda Reunin Plenaria cuando est ya cercana la celebracin del V Centenario del comienzo de la Evangelizacin del Nuevo Mundo. En efecto, el prximo 12 de octubre entraremos en la etapa final del novenario de aos que inaugur en Santo Domingo, para prepararnos al importante y gozoso acontecimiento con el que queremos conmemorar la implantacin de la Cruz de Cristo en aquellas tierras: fue en la isla bautizada como La Espaola (hoy Repblica Dominicana y Hait), donde se celebr la primera Misa y se rez la primera Ave Mara a Nuestra Seora.

Al cabo de estos quinientos aos podemos decir, con palabras del Apstol, que unos plantaron y otros regaron mas fue Dios quien dio el crecimiento (1Cor 3,7) La semilla de la primera evangelizacin ha ido fructificando en un rbol frondoso: hoy la Iglesia latinoamericana se presenta dinmica y floreciente y aunque no olvidamos las tristezas y angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren (Gaudium et spes, 1), el futuro nos proyecta hacia la esperanza. No es acaso motivo de esperanza gozosa pensar que para finales de este milenio los catlicos de Amrica Latina, con sus ms de mil Obispos, constituirn casi la mitad de toda la Iglesia? Todo un reto, amados Hermanos, para nuestra ineludible misin de evangelizadores.

2. Antes de continuar, deseo agradecer al Presidente de la Pontificia Comisin, el Seor Cardenal Bernardin Gantin, sus amables palabras con las que ha expuesto tambin los puntos que han sido objeto de vuestra reflexin durante estas jornadas.

De modo especial os habis fijado en las perspectivas y problemas que presentan las celebraciones del V Centenario del comienzo de la Evangelizacin en el Nuevo Mundo, tratando ele indicar el sentido que hay que dar a dicho evento eclesial, al que me he referido en repetidas ocasiones, sobre todo durante mis visitas pastorales a los diversos Pases de Amrica Latina y a Espaa.

A este evento evangelizador quise dedicar algunas reflexiones en la Carta Apostlica, de hace ahora un ao, Los Caminos del Evangelio. En ella haca notar que la primera siembra de la palabra de vida en el continente latinoamericano se realiz entre luces y sombras, ms luces que sombras, si pensamos en los frutos duraderos de fe y vida cristiana que all se estn dando (Cf.. n. 8.).

Como sealaba tambin en el citado documento, la conmemoracin del V Centenario es ocasin propicia para un estudio histrico riguroso, enjuiciamiento ecunime y balance objetivo de aquella empresa singular, que ha de ser vista en la perspectiva de su tiempo y con una clara conciencia eclesial (Ibd.). Pero no se trata de limitarnos a la perspectiva histrica, ni a celebraciones de carcter solamente cultural o social, si bien somos conscientes de hallarnos ante hechos histricos a los cuales estuvo ligada la labor evangelizadora. Lo que la Iglesia se dispone a celebrar es la Evangelizacin: la llegada y proclamacin de la fe y del mensaje de Jess, la implantacin y desarrollo de la Iglesia; realidades esplndidas y permanentes que no se pueden negar o infravalorar. Y se dispone a celebrarlas en el sentido ms profundo y teolgico del trmino: como se celebra a Jesucristo, Seor de la historia, el primero y el ms grande Evangelizador , ya que El mismo es el Evangelio de Dios (Cf. Evangelii nuntiandi, 7)

Como ya tuve ocasin de sealar en el discurso al CELAM reunido en Puerto Prncipe: Como latinoamericanos, habris de celebrar esa fecha con una seria reflexin sobre los caminos histricos del subcontinente, pero tambin con alegra y orgullo. Como cristianos y catlicos es justo recordarla con una mirada hacia estos 500 aos de trabajo para anunciar el Evangelio y edificar la Iglesia en esas tierras. Mirada de gratitud a Dios, por la vocacin cristiana y catlica de Amrica Latina, y a cuantos fueron instrumentos vivos y activos de la evangelizacin, Mirada de fidelidad a vuestro pasado de fe. Mirada hacia los desafos del presente y a los esfuerzos que se realizan. Mirada hacia el futuro, para ver cmo consolidar la obra iniciada (9 de marzo 1983, III).

Por esto, la Iglesia se dispone a celebrar el V Centenario sin triunfalismos, pero consciente de saber que es una sublime gracia del Seor el que haya llamado a la luz de la fe a tantos millones de hombres y mujeres que invocan su nombre y en l son salvados. Este evento eclesial debe ser tambin ocasin para una reflexin pastoral sobre el pasado, presente y futuro de Amrica Latina; una reflexin que sirva para dar un nuevo impulso a la obra evangelizadora del continente a todos los niveles, en todos los Pases y en todos los sectores de la sociedad.

3. La respuesta tan positiva que viene dando la Iglesia en Amrica Latina se articular y expresar, de forma concreta, en la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, que espero inaugurar solemnemente en Santo Domingo el 12 de octubre de 1992 y cuyo tema ser: Nueva Evangelizacin, Promocin humana, Cultura cristiana, Jesucristo ayer, hoy y siempre (cf. Heb 13, 8) . A la preparacin de esta importante Conferencia habis dedicado tambin vuestra atencin durante esta II Asamblea Plenaria.

La figura y misin del Salvador ser ciertamente el centro de la Conferencia de Santo Domingo. Los Obispos latinoamericanos se reunirn all para celebrar a Jesucristo: la fe y el mensaje del Seor difundido por todo el continente. La cristologa ser, pues, el teln de fondo de la asamblea de tal manera que, como primer fruto de la misma, el nombre de Jesucristo, Salvador y Redentor, quede en los labios y en el corazn de todos los latinoamericanos; pues, como leemos en la Exhortacin Apostlica de Pablo VI Evangelii nuntiandi, no hay Evangelizacin verdadera mientras no se anuncia el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el reino, el misterio de Jess de Nazaret, Hijo de Dios (Evangelii nuntiandi, 14).

4. En vuestras sesiones tambin habis reflexionado ampliamente sobre la Nueva Evangelizacin, que es el elemento englobante o idea central e iluminadora del tema fijado para la Conferencia de Santo Domingo. En mi primer encuentro con los integrantes de esta Pontificia Comisin invit a todos a estudiar a fondo en qu consiste esta nueva Evangelizacin (7 de diciembre de 1989, 4),  precisando bien los contenidos doctrinales, en perfecta sintona con el Magisterio y con la Tradicin de la Iglesia, y determinando sus objetivos y lneas pastorales, segn las exigencias de nuestro tiempo, en la perspectiva del tercer milenio del cristianismo.

Se trata de trazar ahora, para los prximos aos, una nueva estrategia evangelizadora, un plan global de evangelizacin, que tenga en cuenta las nuevas situaciones de los pueblos latinoamericanos y que constituya una respuesta a los retos de la hora presente, entre los que estn en primer plano la creciente secularizacin, el grave problema del avance de las sectas y la defensa de la vida en un continente donde deja sentir su presencia destructiva una cultura de la muerte.

De la Nueva Evangelizacin forma parte integrante la doctrina social de la Iglesia, ya que —como hago notar en la reciente Encclica Centesimus annus la doctrina social tiene de por s el valor de un instrumento de evangelizacin: en cuanto tal, anuncia a Dios y su misterio de salvacin en Cristo a todo hombre y, por la misma razn, revela al hombre a s mismo (Centesimus annus, 54). Tambin por esto me ha parecido oportuno que en el tema de la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano figure, como segundo elemento, la Promocin humana , teniendo presente el inundo de los pobres, sobre todo los ms necesitados: los indgenas, los afroamericanos, los marginados de las grandes urbes o de las poblaciones diseminadas por lugares recnditos del inmenso continente.

Por ltimo, hay que enfocar debidamente el problema de la evangelizacin de la cultura y las culturas del hombre en el sentido rico y amplio que tienen sus trminos en la Gaudium et spes, tomando siempre como punto de partida la persona y teniendo siempre presentes las relaciones de las personas entre s y con Dios (Evangelii nuntiandi, 20. ). Esta evangelizacin se ha de hacer no de una manera decorativa, como un barniz superficial, sino de manera vital, en profundidad y hasta sus mismas races (Ibd). Se trata de tutelar, favorecer y consolidar una Cultura cristiana , es decir, que haga referencia y se inspire en Cristo y su mensaje.

Tal es el tercer elemento del tema de la prxima Conferencia de Santo Domingo: la inculturacin del Evangelio, a lo cual me he referido en la Encclica Redemptoris missio (Cf. Redemptoris missio, 52-54), haciendo notar que al desarrollar su actividad misionera entre las gentes, la Iglesia encuentra diversas culturas y se ve comprometida en el proceso de inculturacin. Es sta una exigencia que ha marcado todo su camino histrico, pero hoy es particularmente aguda y urgente (Ibd. 52).

5. Antes de concluir, deseo expresar mi agradecimiento a todos los presentes, a la vez que aliento a los representantes de los Organismos Episcopales para la ayuda a la Iglesia de Amrica Latina y de otras instituciones que prestan sus servicios o colaboran en dichas Iglesias, a continuar en su loable tarea. Con motivo del V Centenario, dicha colaboracin ha de hacerse ms consciente, ms intensa, centrada siempre en objetivos eclesiales o sociales y realizada en consonancia con las directrices de los Pastores.

Pido al Seor que bendiga tantos esfuerzos en favor de la Nueva Evangelizacin del continente latinoamericano y que la Virgen, Primera Evangelizadora de Amrica, siga siendo para todos la Estrella que nos gue en el camino hacia los nuevos tiempos que se avecinan y que la Iglesia tiene que evangelizar, llena de fe y esperanza en su Seor, Cristo Jess: para alabanza de su gloria: in laudem gloriae eius (Ef 1,12).

A todos imparto con afecto mi Rendicin Apostlica.

 

Copyright 1991 - Libreria Editrice Vaticana

 

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