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UDIENZA DI GIOVANNI PAOLO II
AI PELLEGRINI GIUNTI A ROMA PER
LA BEATIFICAZIONE DI JOSEMARÍA ESCRIVÁ DE BALAGUER

Lunedì, 18 maggio 1992

 

1. Ringrazio sentitamente per la filiale adesione che, in nome di tutti coloro che affollano Piazza San Pietro e dei numerosi fedeli, cooperatori e amici dell’Opus Dei, ha espresso nei miei confronti Monsignor Alvaro del Portillo. A lui rivolgo uno speciale e affettuoso saluto, che estendo agli altri membri dell’Episcopato e a tutti i presenti. Voi siete ricolmi di gioia per la Beatificazione di Josemaría Escrivá de Balaguer, perché confidate che la sua elevazione agli altari, come appena detto dal Prelato dell’Opus Dei, recherà un gran bene alla Chiesa. Condivido anch’io questa fiducia. Sono infatti convinto, come ho scritto nell’Esortazione apostolica Christifideles laici, che “l’intero Popolo di Dio, e i fedeli laici in particolare, possono trovare ora nuovi modelli di santità e nuove testimonianze di virtù eroiche vissute nelle condizioni comuni e ordinarie dell’esistenza umana” (Es. ap. Christifideles laici, 17). Come non vedere nell’esempio, negli insegnamenti e nell’opera del Beato Josemaría Escrivá un’eminente testimonianza di eroismo cristiano nell’esercizio delle comuni attività umane? La chiamata universale alla santità e all’apostolato è, lo sapete bene, uno dei punti su cui maggiormente ha insistito il magistero del Concilio Vaticano II (cf. Cost. dogm. Lumen gentium, 40-42; Decr. Apostolicam actuositatem, 1-4). Come già altri prima di lui, il Beato Josemaría, grazie alla luce di Dio, comprese questa vocazione universale non solo come una dottrina da insegnare e diffondere specialmente tra i fedeli laici, ma anche e soprattutto come il nucleo stesso di un attivo impegno nella sua attività pastorale. Il giovane sacerdote Josemaría Escrivá si trovò a lavorare con generosa corrispondenza alla grazia divina in un campo disseminato di difficoltà. La sua fedeltà permise allo Spirito Santo di condurlo alle vette dell’unione personale con Dio con la conseguenza di una fecondità apostolica straordinaria. Il Signore, in effetti, gli concesse di contemplare già durante la vita terrena frutti confortanti del suo apostolato, che Josemaría attribuiva esclusivamente alla bontà divina, considerandosi sempre uno “strumento inetto e sordo” e dando prova di una straordinaria umiltà, tanto da vedersi, alla fine della sua esistenza, “come un bambino che balbetta”.

2. Beatificación de Josemaría Escrivá de Balaguer me ofrece la ocasión para este gozoso encuentro con todos vosotros, queridos sacerdotes y laicos, que, en gran número, habéis peregrinado a Roma para participar en esa sentida manifestación de fe y de comunión eclesial.

Ante todo, me complace presentar mi deferente saludo a las dignísimas Autoridades y Personalidades de numerosos Países de América Latina y de España, que han querido participar en tan solemne acto.

La figura de un Beato representa una nueva llamada a la santidad, la cual no es privilegio ni va dirigida solamente a unos pocos sino que debe ser la meta común de todos los cristianos. En efecto, en el bautismo, por el cual venimos a ser hijos de Dios, se recibe la gracia, esa semilla de santidad que va creciendo y madurando con la ayuda de los otros sacramentos y las prácticas de piedad, y que ha de manifestarse en los frutos y testimonio de vida que el Espíritu promueve en los que le aman. Así se puede alcanzar aquella plenitud de la que habla el apóstol Pablo: “Ésta es la voluntad de Dios, vuestra santificación”. 

Esta llamada a la santidad ha sido propuesta y repetida tantas veces por el Beato Josemaría. Aquí estáis presentes muchas personas que, en más de una ocasión, habéis oído de sus propios labios esta misma exhortación paulina; otros, la habéis recibido por medio de sus escritos o por testigos directos. Ahora bien, cada uno, inmerso en las actividades concretas de su vida y profesión, puede, contar con la ayuda del Espíritu Santo para recorrer ese camino hacia la perfección cristiana. Así nos lo recuerda el mismo Beato en una de sus Conversaciones: “Los cristianos, trabajando en medio del mundo, han de reconciliar todas las cosas con Dios, colocando a Cristo en la cumbre de todas las actividades humanas”. 

3. A este respecto, el Concilio Vaticano II exhorta a los cristianos a cumplir, según la propia vocación personal, “sus deberes temporales, guiados siempre por el espíritu evangélico”.  Cuando se falta a esa obligación, deja de cumplirse la voluntad de Dios, que espera de cada uno la propia cooperación en la obra de la creación; pero además, se ofende al prójimo, con el cual nos une el imperativo insoslayable de la solidaridad. Por ello, el Concilio señala que “el divorcio entre la fe y la vida diaria de muchos, debe ser considerado uno de los más graves errores de nuestra época”. 

Los cristianos están llamados, particularmente en nuestros. días, a colaborar en una nueva Evangelización que impregne los hogares, los ambientes profesionales, los centros de cultura y trabajo, los medios de comunicación, la vida pública y privada, de aquellos valores evangélicos que son fuente de paz, de hermandad, de entendimiento y concordia entre todos los hombres. Dicho compromiso apostólico se lleva a cabo no sólo con la predicación del mensaje cristiano, sino también con el testimonio de vida a nivel personal, familiar y social. Al mismo tiempo, es necesario que toda acción evangelizadora esté coordinada e integrada en los planes pastorales de las propias comunidades diocesanas que, a su vez, se ven enriquecidas por la variedad de carismas con que los Santos y Beatos han hecho fecunda la misión evangelizadora de la Iglesia universal a través de su historia milenaria.

4. J’adresse maintenant aux pèlerins de langue française un très cordial salut.

Votre participation à la béatification du fondateur de l’Opus Dei, sera pour vous, je le souhaite, l’occasion d’un nouveau départ, afin de répondre pleinement à votre vocation de baptisés: vivez la volonté de Dieu chaque jour, dans toutes vos tâches d’hommes et de femmes de ce temps; avancez sur la voie de la sainteté, c’est-à-dire laissez-vous saisir par la présence du Christ Sauveur, lui qui appelle ses disciples à demeurer en son amour;  prenez part activement à la vie et à la mission de l’Eglise, en communion avec les Pasteurs des diocèses et avec tous vos frères et soeurs, afin de porter témoignage de la Bonne Nouvelle du salut dans un monde qui a besoin de lumière et de raisons d’espérer, pour bâtir une société plus solidaire et plus digne de l’homme.

Que l’exemple et les enseignements du bienheureux Josemaría Escrivá vous éclairent! Que son intercession vous soutienne!

De tout cœur, au nom du Seigneur, je vous bénis.

5. To those of you who are from English-speaking countries I extend a warm greeting. This visit to Rome, where the Founder of Opus Dei chose to spend a large part of his life, must strengthen even further your faith and your commitment to the life and mission of the Church. Rome is the place of the witness of the Princes of the Apostles, Peter and Paul. It is the place from which the Successor of Saint Peter calls the entire Church to respond to the urgent need for a "new evangelization" at the approach of the Third Christian Millennium. In many documents and on many occasions I have exhorted the laity to take a decisive part in bringing the word of God to the millions and millions of men and women who as yet do not know Christ the Redeemer of humanity.  Sustained by the holy zeal which you have learned from the newly Blessed Founder, may you be fully committed to the cause of evangelization through your faithful witness to the Church’s faith and doctrine in the vast world of human affairs and through your generous participation in the Church’s mission. As a leaven in society, bring your talents to bear on public and private life at every level, proclaiming in word and deed the truth about man’s transcendent destiny. Following the teaching of your Founder, respond generously to the universal call to the fullness of the Christian life and the perfection of charity, thus laying the foundation for a more human way of life and a more just and equitable earthly society.  May God abundantly fortify you for this task.

 

© Copyright 1992 - Libreria Editrice Vaticana

 

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