 |
VIAJE APOSTÓLICO A ESPAÑA
DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO
II A LOS REPRESENTES DEL CUERPO DIPLOMÁTICO EN LA NUNCIATURA APOSTÓLICA*
Madrid,
miércoles
16 de junio de 1993
Excelencias,
Señoras y Señores:
1. Es para mí motivo de particular satisfacción encontrarme, en la sede de la
Nunciatura Apostólica, con el Cuerpo Diplomático y poder tener así la
oportunidad de compartir con todos Ustedes algunas reflexiones durante esta
cuarta visita pastoral a la noble Nación española.
Agradezco vivamente vuestra presencia y amable acogida, a la vez que os presento
mi más cordial y deferente saludo, que hago extensivo a los Gobiernos y pueblos
que representáis. Deseo asimismo, expresar mi gratitud a Su Excelencia Monseñor
Mario Tagliaferri, Nuncio Apostólico y Decano del Cuerpo Diplomático, por las
atentas palabras, que en nombre de todos ha tenido a bien dirigirme.
Las altas funciones que desempeñáis, cargadas de responsabilidad y no exentas de
sacrificios, os hacen acreedores del aprecio y consideración de la Santa Sede,
sobre todo por tratarse de un servicio a la gran causa de la paz, del
acercamiento y colaboración entre los pueblos, y de un intercambio
fructífero para lograr unas relaciones más humanas y justas en el seno de la
comunidad internacional.
2. Como puede atestiguar vuestra propia experiencia, nos encontramos en un País
hospitalario y acogedor, que cuenta con una gran riqueza cultural y antiguas
tradiciones, y que en el devenir de la historia ha entrado en contacto con otros
numerosos pueblos del orbe.
Todavía son recientes los ecos de la conmemoración del V Centenario de
aquel 12 de octubre de 1492 que cambió la configuración del mundo hasta entonces
conocido y abrió insospechados caminos para el encuentro de pueblos y culturas.
En la presente circunstancia, cómo no hacer mención del papel desempeñado por la
Escuela de Salamanca, y en particular por Fray Francisco de Vitoria, O. P., en
la creación del moderno derecho internacional? Basándose en los
principios cristianos, se perfiló un verdadero código de derechos humanos que
representó la conciencia crítica surgida en España en favor de las personas y de
los pueblos de ultramar, reivindicando para ellos una idéntica dignidad, que
había de ser respetada y tutelada. Idea original de Francisco de Vitoria fue
también la del “Totus Orbis”, es decir, la construcción de un mundo unido,
fruto de una auténtica coexistencia basada en el respeto a la propia identidad e
integrador de los elementos comunes.
A este propósito, como bien sabéis, durante estos días tiene lugar en Viena la
Conferencia Mundial sobre los Derechos Humanos, convocada por las Naciones
Unidas. Se trata de una cita importante para la comunidad internacional, pues en
dicho encuentro, junto a la valoración del camino recorrido hasta ahora en
materia de tutela internacional de los derechos y libertades de la persona
humana, se quiere dar nuevo impulso a la colaboración a nivel mundial en el
reconocimiento y en la promoción del respeto de tales derechos y libertades,
tanto en su dimensión individual como colectiva. Se ve cada vez con mayor
claridad en la conciencia común de la humanidad la necesidad de que el derecho
internacional, bien asentado en sólidos principios éticos, sea capaz de dar una
protección efectiva a los derechos y a las libertades fundamentales de la
persona humana, sin limitaciones ni imposiciones arbitrarias, fruto de intereses
particulares que nada tienen que ver con el bien común de la humanidad.
3. Con respecto a la libertad religiosa, si miramos al pasado de este
noble país, vemos que durante un cierto período de su historia convivieron en
la península ibérica el Cristianismo, el Judaísmo y el Islamismo. Aquella
página tan enriquecedora de la cultura española, que tuvo en Toledo su centro
más destacado, podría representar también en nuestros días un elocuente y
aleccionador punto de referencia, en orden a promover los auténticos valores
religiosos como elemento de cohesión, entendimiento y diálogo entre los
integrantes de la familia humana.
Es de todos conocido el papel desempeñado por España en favor de la solución
pacífica del conflicto del Medio Oriente, y que tuvo en el encuentro de Madrid,
en el mes de octubre de 1991, su momento más representativo. España, miembro de
la Comunidad Europea y, al mismo tiempo, unida por estrechos lazos con los
Países de América Latina, se ve siempre interpelada por su vocación de factor
integrador de las culturas que enriquecieron su pasado.
4. Además de otros importantes momentos y actividades en favor de la comprensión
mutua y de la unidad, cabe citar el Encuentro de Diálogo Islamo–Cristiano,
convocado el pasado mes de marzo por la Comisión Episcopal de Relaciones
Interconfesionales de la Conferencia Episcopal Española y el Centro Cultural
Islámico de Madrid, en nombre de la Liga del Mundo Islámico.
La voluntad de un mayor entendimiento entre cristianos y musulmanes quedó
reflejada en las resoluciones del encuentro, como consta en las siguientes
palabras: “Necesitamos, mediante un diálogo constructivo, llegar a un
conocimiento mutuo más cabal, que ahuyente nuestros recíprocos recelos y que nos
conduzca a una mutua estima, la cual, a su vez, desemboque en una colaboración
más ambiciosa en todos los campos en que ésta sea posible” (Comunicado
conjunto, n. 3, 28 de marzo de 1993).
Ante un número tan cualificado de Representantes diplomáticos de Países donde la
religión musulmana es profesada por la mayoría de la población, formulo
fervientes votos para que esta loable iniciativa de la Iglesia española, que se
inspira fielmente en los principios de la Declaración Nostra Aetate del
Concilio Vaticano II, abra nuevos caminos de colaboración y encuentro. Es mi
viva esperanza que, en todos los lugares donde conviven creyentes de las tres
religiones que enriquecieron el acervo espiritual y humano de la península
ibérica y, de modo especial, donde dicha convivencia se caracteriza por una
relación de mayoría a minoría, reine el diálogo y la colaboración, y sean
cuidadosamente evitadas las injusticias y discriminaciones. Por otra parte, es
deber de los Estados preocuparse de estos problemas y evitar hacer de la
religión “un pretexto para la injusticia y para la violencia, lo cual es un
terrible abuso que debe ser condenado por cuantos creen en el verdadero Dios...
Mientras los creyentes no se unan para rechazar las políticas del odio y la
discriminación, y para afirmar el derecho a la libertad de culto y de religión
en todas las sociedades humanas, la auténtica paz no será posible” (Alocución
a los representantes de las comunidades musulmanas de Europa, n. 4, 10 de
enero de 1993). También la comunidad internacional está llamada a preocuparse y
a defender las minorías, los inmigrantes y los derechos de los individuos a
profesar libremente la propia fe, mediante un correcto uso de los principios de
la cooperación y la reciprocidad.
5. Excelencias, Señoras y Señores: la experiencia cotidiana pone de manifiesto
ante nuestros ojos que el ideal de Francisco de Vitoria, del “Totus Orbis”, es
decir, el mundo unido en la armonía dentro de la pluralidad, es todavía
una meta lejana, como lo muestran, por ejemplo, las grandes diferencias entre
Norte y Sur o los conflictos bélicos, particularmente ese tan cercano y cruel en
Bosnia–Herzegovina. Por ello se hace cada vez más apremiante e improrrogable la
necesidad de un esfuerzo conjunto por parte de las Naciones e Instancias
internacionales, para consolidar unas relaciones más justas y solidarias,
tuteladas por el derecho internacional.
A esta noble y urgente tarea me permito alentaros, asegurándoos que encontraréis
siempre en la Santa Sede un atento interlocutor en todo lo relativo a promover
la fraternidad y la solidaridad entre los pueblos, así como en todo lo que
favorezca la paz, la justicia y el respeto de los derechos humanos.
Al finalizar este encuentro deseo reiterar mi agradecimiento por vuestra
presencia, a la vez que expreso mis más sinceros votos por la prosperidad de
vuestros países, por el éxito de vuestra misión y la felicidad de vuestros seres
queridos.
Muchas gracias.
*Insegnamenti di Giovanni Paolo II, vol. XVI, 1 pp. 1557-1561.
L'Osservatore Romano 18.6.1993 pp. XIV, XV.
L'Osservatore Romano. Edición semanal en lengua española n.26 p.11.
© Copyright 1993 - Libreria Editrice
Vaticana
|