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ORACIÓN DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LOS PIES DE LA VIRGEN DE LA PLAZA DE ESPAÑA

Jueves 8 de diciembre de 1994

 

1. «Alégrate, llena de gracia.
El Señor está contigo» (Lc 1, 28).

¡Oh Reina Inmaculada!,
siguiendo una tradición
más que centenaria,
todos los años el pueblo romano
acude a esta plaza,
para encontrarse contigo
en el día de tu fiesta.

También nosotros
hemos venido aquí hoy,
para proclamar
con toda la Iglesia
el gran misterio
de tu Inmaculada Concepción.

Por haber sido elegida
para convertirte
en Madre del Hijo de Dios,
fuiste redimida en el instante
de tu concepción:
tu alma nunca fue rozada
por la herencia
del pecado original.

«Salve, Señora del mundo,
Reina de los cielos.
Salve, Virgen de las vírgenes,
Estrella de la mañana.

Salve, llena de gracia,
resplandeciente de luz divina.

Apresúrate, oh Señora, en ayuda del mundo.

Desde toda la eternidad el Señor
te predestinó para ser
Madre del Verbo unigénito,
mediante el cual creó la tierra, el mar y los cielos;
y te adornó como a su espléndida Esposa,
nunca tocada por el pecado de Adán».
Ya desde niño, en Polonia, aprendí a cantar así
en el «Oficio parvo en honor
de la Inmaculada Concepción de María santísima».

En él se halla expresado con lenguaje sencillo y profundo
el misterio de la Inmaculada Concepción.

2. «Salve, llena de gracia, resplandeciente de luz divina.
Apresúrate, oh Señora, en ayuda del mundo ... ».

La Inmaculada que se venera en esta plaza es la joven,
la virgen que en el evangelio de san Lucas,
después del anuncio del ángel,
se apresura a socorrer a su pariente Isabel,
que estaba a la espera de dar a luz a su primogénito
(cf. Lc 1, 39-56).

Que la Virgen santísima extienda su solicitud
a todas las familias, sobre todo en este año
que en la Iglesia y en el mundo
celebramos como Año de la familia.

Eso es lo que he pedido, Madre de Dios,
en la carta que envié, al inicio del año,
a las familias del mundo entero.

Te invité a apresurarte para llevar a todas las familias
el mismo mensaje de salvación. que comunicaste a Isabel
el día de la Visitación.

A lo largo de este año, en varios lugares y momentos,
te hemos invocado, Madre de Dios,
pidiéndote que acudieras en ayuda de las familias
especialmente de aquellas sobre las que,
por cualquier razón, se cierne algún peligro.

Como Madre de la Sagrada Familia,
sabes que puedes ser invocada siempre, es decir,
no sólo en este año, con especial derecho, por toda familia
que aspire a ser ambiente de amor y de vida
para cada uno de sus miembros,
comenzando por los más débiles e indefensos.

Que ninguna fuerza humana
pueda destruir el bien y la belleza
que únicamente la familia puede sembrar en los corazones
de las nuevas generaciones.

3. Hoy, mientras el Año de la familia se acerca a su fin,
deseamos dar gracias por todo el bien
que ha proporcionado a las familias del mundo entero.

Al mismo tiempo, queremos pedirte, Madre de Dios,
Virgen Inmaculada, que el bien triunfe
sobre la debilidad humana y sobre los peligros
de la civilización contemporánea,
cada vez que se niega a defender y sostener
la dignidad del matrimonio y de la familia.

Madre de la familia de Nazaret,
haz que Dios continúe siendo la fuerza de la familia.

Madre del amor hermoso, Inmaculada Madre de Dios,
permanece con nosotros siempre.

Amén.

© Copyright 1994 -  Libreria Editrice Vaticana

 

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