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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LOS PARTICIPANTES EN UNA REUNIÓN ORGANIZADA
POR EL CONSEJO PONTIFICIO «COR UNUM» PARA COORDINAR
Y FAVORECER LA AYUDA HUMANITARIA A CUBA

Lunes 26 de junio de 1995

 

Señores Cardenales,
amados hermanos en el Episcopado,
queridos sacerdotes y laicos:

1. Con gozo os recibo en esta mañana, participantes en el encuentro que, promovido por el Pontificio Consejo “Cor Unum”, tiene lugar aquí en Roma para coordinar y favorecer de modo cada vez más adecuado la ayuda humanitaria que se presta al querido pueblo de Cuba. Al daros la bienvenida, agradezco en primer lugar las amables palabras que el Señor Cardenal Roger Etchegaray ha querido dirigirme.

2. El Pontificio Consejo “Cor Unum” es un organismo de la Curia Romana que tiene entre sus principales funciones la de promover y encauzar las iniciativas de las instituciones católicas en favor de las poblaciones más necesitadas. A este respecto, me complace constatar que la población cubana ha estado siempre presente dentro de tales objetivos y no se han escatimado esfuerzos para apoyar, en la medida en que las circunstancias lo han permitido, muchos proyectos en aquella querida Nación.

3. En colaboración con “Cor Unum”, muchas organizaciones, algunas de las cuales están hoy representadas aquí, han respondido con generosidad comprometiéndose en diversas iniciativas y planes, lo cual ha contribuido mucho a aliviar dolorosas situaciones en campos tan variados como son la lucha contra la desnutrición, la atención a los ancianos, las estructuras sanitarias, entre otras. El Papa, en cuyo corazón hallan eco las angustiosas peticiones que se elevan desde tantos lugares de la tierra, os lo agradece. A este propósito quisiera recordar a estas organizaciones las palabras que dirigí a los Obispos de Cuba con ocasión de su última visita ad limina, hace un año: “Deseo unirme a vuestra acción solidaria en favor de los más desprotegidos, a la vez que aliento a los organismos eclesiales e internacionales de ayuda humanitaria y asistencial para que, en el ámbito de la imprescindible libertad para realizar su labor, continúen contribuyendo generosamente a aliviar las necesidades de tantos hermanos nuestros que carecen de lo necesario para una vida auténticamente humana”.

4. En el año 1991 se creó la “Cáritas Cuba”, lo cual ha supuesto un significativo paso cuyos frutos se perciben ya, tanto por la especialización y formación de su personal, como por ser un instrumento válido de diálogo con diversas instancias interesadas. Desde 1993 “Cáritas” ha empezado a organizar, con competencia y seriedad, programas propios de asistencia a los ancianos y familias con problemas; cuidado de niños y jóvenes minusválidos; sistemas de abastecimiento de agua a pequeños centros e intervenciones de urgencia en zonas que han sufrido catástrofes naturales, entre otras. La voz de los pobres no puede esperar, por ello quiero dar una palabra de aliento a todos los que colaboran con esta institución eclesial, tan comprometida en el campo asistencial y a la que auguro un futuro prometedor.

5. Todo el panorama de vuestra reflexión en estos días manifiesta la gran preocupación de la Iglesia por la situación de aquellas personas que sufren angustias y con frecuencia carecen de lo necesario. A este respecto son consoladoras las diversas iniciativas existentes en cada diócesis cubana, aun teniendo presente el reducido espacio de libertad de que gozan, para responder adecuadamente a las necesidades de los pobres. Los Obispos de Cuba son bien conscientes de que la preocupación por lo social “forma parte de la misión evangelizadora de la Iglesia”, ya que la evangelización tiende a la liberación integral de la persona. Quiero alentar a los católicos cubanos, animados por sus Pastores, así como a las personas de buena voluntad, a que teniendo presente el rico y siempre actual patrimonio de la doctrina social de la Iglesia, impulsen y favorezcan, en los modos posibles y sin desánimos, convenientes iniciativas encaminadas a superar situaciones de pobreza y marginación que afectan a tantos hermanos necesitados.

6. Al agradecer vuestra presencia aquí, y muy especialmente la abnegación y esfuerzos realizados hasta ahora, formulo mis mejores votos para el futuro y os encomiendo a todos a la protección de la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba y celestial abogada de cuantos la invocan, y con afecto os imparto mi Bendición Apostólica.

 

© Copyright 1995 - Libreria Editrice Vaticana

 

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