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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A UN GRUPO DE EMPLEADOS DEL BANCO BILBAO VIZCAYA

Sábado 11 de marzo de 1995

 

Señoras y Señores:

1. Es para mí motivo de satisfacción poder recibir hoy al grupo de empleados del Banco Bilbao Vizcaya, de España, que se han distinguido en el trabajo en el curso del año anterior. A todos y cada uno de vosotros, así como a vuestras esposas que os acompañan y a todas las personas que componen la empresa, quiero reservar un cordial saludo.

2. Si bien la actividad de un Banco, lo sabéis por vuestra cotidiana labor, es la obtención de beneficios, sin embargo esta justa finalidad que, a la vez, es índice de su buena marcha (cf. Centesimus annus, 35), no puede ser la única, sino que desde un punto de vista moral se debe poner de relieve la promoción de valores que hagan de la empresa una comunidad de hombres que, de diversas maneras, buscan la satisfacción de sus necesidades fundamentales y constituyen un grupo particular de servicio a la sociedad entera. Por eso, no he dudado en afirmar que los beneficios son un elemento regulador de la vida financiera, pero no el único, pues junto con ellos hay que considerar otros factores humanos y morales que son por lo menos, igualmente esenciales para la vida de la empresa (cf. Centesimus annus, 35).

En las actuales circunstancias quiero hacer una llamada a prestar atención a la situación de aquellas familias que recurren a los bancos y cajas de ahorro para encontrar facilidades con las que hacer frente a determinadas dificultades. Deseo alentar a que, de todos las maneras posibles, instituciones como la vuestra contribuyan a proporcionar asistencia y apoyo convenientes, con soluciones valientes, a los hogares a los que apuros de naturaleza económica les hacen difícil llevar a cabo la misión que Dios les ha confiado y que la sociedad espera de ellos.

La conveniente educación de los hijos, la vivienda digna, la seguridad en el empleo así como el acceso a las estructuras sanitarias, dependen en gran parte de una seguridad y estabilidad económicas a la que los bancos han de contribuir. En ese sentido pues, también en la gestión del capital, hay que tener presente que, “el "dominio" del hombre sobre el mundo visible, asignado a él como cometido por el mismo Creador, consiste en la prioridad de la ética sobre la técnica, en el primado de la persona sobre las cosas, en la superioridad del espíritu sobre la materia” (Redemptor hominis, 16).

3. Quiero decir unas palabras de reconocimiento por la labor que desempeña la Fundación Banco Bilbao Vizcaya, tan unida a la entidad financiera y cuyo presidente está aquí presente. Sé que su actividad se orienta a promover espacios de reflexión y debate sobre los principales retos y problemas sociales y morales de nuestro tiempo. Deseo que su trabajo, realizado con competencia y calidad, contribuya eficazmente a la promoción de los verdaderos valores humanos y sociales.

4. Señoras y Señores, al concluir este encuentro, formulo los mejores votos para que vuestra labor ofrezca siempre a vuestros conciudadanos una aportación útil para la construcción de una sociedad armoniosa en un mundo cada vez más fraterno y solidario, mientras invoco sobre vosotros y vuestras familias la constante asistencia del Altísimo. 

 

 © Copyright 1995 - Libreria Editrice Vaticana

 

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