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SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN
DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA

ORACIÓN DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LOS PIES DE LA ESTATUA DE LA INMACULADA

Plaza de España, Roma
Domingo 8 de diciembre de 1996
 

 

1. «Tota pulchra es, Maria, et macula originalis non est in te».

Hoy, Roma está nuevamente en la plaza de España, al pie de esta columna, para honrar a la Virgen santísima, concebida sin pecado: «Macula originalis non est in te». Este sugestivo lugar es un marco para la imagen colocada allí arriba, de la que emana y se irradia una belleza singular: Tota pulchra es.

No sólo esta plaza, sino también toda la ciudad, posee una extraordinaria belleza natural y artística. El visitante encuentra en Roma los monumentos del antiguo Imperio romano, las basílicas paleocristianas, las construcciones renacentistas y barrocas, el templo de San Pedro con su espléndida cúpula, los numerosos museos con gran cantidad de esculturas y pinturas, en las que a lo largo de los siglos se ha expresado el genio de Italia.

Este precioso patrimonio ¿no constituye un reflejo lejano de la belleza de Dios, sumo Bien y suma Belleza, hacia la cual el hombre, aun sin saberlo, tiende con todas las fibras de su ser?

En María ese reflejo se acerca más nosotros, es más directo. Su belleza es exquisitamente espiritual: la belleza de la Inmaculada Concepción, prerrogativa única y exclusiva de la Virgen de Nazaret.

Tota pulchra es, quiere decir: en ti no hay nada que desluzca la belleza que el Creador quiso para el ser humano. No hay en ti ni mancha del pecado original, ni ninguna otra mancha de culpas personales. El Creador ha conservado incontaminada en ti la belleza original de la creación, a fin de preparar una digna morada a su Hijo unigénito, que se hizo hombre para la salvación del hombre.

2. El poeta polaco Cyprian Norwid escribió: «La forma del amor es la belleza ... » (Promethidion, Bogumił), y añadía: «Porque la belleza está para entusiasmar al trabajo, el trabajo para resurgir» (ib.).

Sí, la belleza, encarnación del amor, es fuente de un fortísimo impulso al trabajo, al esfuerzo y a las luchas creativas para una forma mejor de vida humana; es un estimulo para superar las fuerzas de muerte y para la continua resurrección. Porque el amor, la belleza y la vida están intimamente unidos entre sí,

Nosotros, que vivimos en Roma, nos reunimos en torno a esta columna, cuya estatua de la Inmaculada domina sobre la ciudad, a fin de encontrar aquí la fuente del asombro, pero también para estar entusiasmados con la belleza espiritual de María.

Este descubrimiento renovado es capaz de suscitar en nosotros nuevas fuerzas y nuevos motivos para vivir, para trabajar, para combatir el mal y el pecado, y para resurgir cada día.

3. Te damos gracias,
oh Inmaculada,
por estar en medio de nosotros
en tu imagen, situada en la altura,
que recuerda el prodigio de gracia
que el Señor realizó en ti,
y estimula
nuestro compromiso constante
de vencer toda forma de mal.
Te damos gracias, oh Virgen santa,
por habernos convocado aquí
para contemplar
tu Inmaculada Concepción,
y renovar el compromiso personal
de participación
en la misión ciudadana,
que quiere hacer resplandecer
el rostro de tu Hijo
en todos los rincones de la ciudad.
Te damos gracias, oh Madre nuestra,
por el don de esta cita anual
con el misterio de tu belleza,
que nos admira siempre
porque eres única e inmaculada.
Tota pulchra es Maria!

 

© Copyright 1996 -  Libreria Editrice Vaticana

 

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